Isabel Ambrosio durante un pleno
Isabel Ambrosio durante un pleno - ABC
LA MIRILLA

Mácula sectaria

Ambrosio empezó quitando a San Rafael y termina llamando «inquisidores» al personal

CÓRDOBAActualizado:

Imaginen que la Diputación de Córdoba organiza una exposición que pretende dar otro enfoque a la política de género invasiva. Coloca en su galería varias performances, entre ellas, la fotocomposición de una chica joven, atractiva y sensual, que en una cocina hace contorsionismo con las tareas domésticas mientras que sentados dos varones no tienen ojos para sus curvas. La portavoz de Ganemos, muy indignada, presenta un escrito al gobierno provincial pidiendo que se retire esa obra concreta porque ofende a las feministas y sitúa a la mujer en una posición denigrante ante el heteropatriarcado, el postmachismo y el varón abominable. A las pocas horas, y mientras que el Patio Barroco del Palacio de la Merced acoge una muestra de Coros y Danzas de la provincia, tres féminas, con alevosía, premeditación y cierta nocturnidad, penetran (uy, perdón, verbo machista) en la sala de la muestra y deciden rajar con una navaja la composición creadora de José Establo... ¿Qué creen que estaría pasando en estos momentos...?

Ambrosio, que practica el radicalismo burgués, empezó el mandato quitando un crucifijo de su despacho y a renglón seguido el cuadro de San Rafael de don Antonio del Castillo que habitaba el hall de la planta noble de Capitulares. Luego ocultó a la Virgen de la Fuensanta, copatrona de Córdoba, de la verbena del Caimán...Ella, tolerante donde las haya, capaz de crear sin recato un eslogan para gobernar sólo para una parte de la ciudad, termina sus fructíferos cuatro años tirando de manual y llamando «inquisidores» a los que han criticado la polémica exhibición en la Diputación. La obra «Con flores a María», dentro de la muestra «Maculadas sin remedio», donde la gaditana Charo Corrales dice haberse autorretratado vestida de Inmaculada de Murillo, semidesnuda pero con angelotes, y metiendo su mano izquierda en el pubis con una clara intencionalidad sexual.

En una ciudad donde más del 75 por ciento se confiesa en las encuestas católico (más o menos practicamente), poco más cabe comentar sobre la mácula sectaria de la señora candidata.