Colas para recoger a los niños del CEIP Colón
Colas para recoger a los niños del CEIP Colón - ABC
Crónicas de Pegoland

El martes al sol

Permitir una hora de espera para recoger niños de tres años. Hay que ser imbécil

Córdoba Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Doy fe de la profesionalidad del equipo docente y no docente del colegio público Colón. Mi propia criatura estudió sus primeras letras entre sus vetustas aulas hasta que, ay, la voz se le puso grave y cambió los pantalones cortos por la música electrónica. El Colón fue de los primeros centros escolares públicos de Córdoba salidos de la inspiración de uno de los mejores concejales que ha tenido en toda su historia, el arquitecto socialista Francisco Azorín Izquierdo. Un tipo que consideraba que los niños tenían que estar recibiendo una instrucción razonable si es que este país quería tener arreglo. Obviamente, acabó muriendo en el exilio, en México. El Colón fue, aparte de morgue durante la Guerra Civil, un centro pensado para que los críos disfrutasen, además, de un gran jardín como elemento didáctico. Cosa que ahora puede parecer una cosa normalita pero que en los años veinte del pasado siglo era verdaderamente transgresor.

Doy fe de nuevo de la capacidad, el cariño y la experiencia del equipo del colegio Colón ahora que ya no me quedan más vínculos que los recuerdos de haber llevado a mi muchacho a que le limpiasen los primeros mocos y le enseñasen la tabla del tres. Para entrar en Córdoba, como todo maestro sabe, hay que tener puntos. Para entrar en el centro de Córdoba, hay que contar con una trayectoria. Sus maestros y maestras son gente con recorrido hecho, vista larga, más tiros pegados que el puente de Alcolea. Profesionales que conocen la educación pública para bien y para mal, que calan a los padres (que somos una gente bastante imbécil en no pocas ocasiones) y que no se dejan impresionar.

Buena parte de las familias que eligen el Colón podría optar por cualquiera de los concertados de la zona, que los hay y muy buenos. Esta es una ciudad curiosa. El discurso guay te dice que hay que elegir colegios públicos por el ascensor social, la igualdad de oportunidades y tal. Pero al final los que optamos por la educación pública nos encontrábamos con el niño de la mano y el guerrero de la cosa activista camino del privado ya sea religioso o laico. Dios dijo hermanos pero, al parecer, no necesariamente primos. A pesar de todo ello, el centro mantiene todos los años un razonable nivel de matrículas, una presión por los servicios añadidos como el comedor y una calma social aconsejable.

En el primer día de este curso, a alguien de la administración educativa, la Junta supongo, se le ha ocurrido recortar el número de monitores que atienden los servicios del colegio. Dado que no se le puede dar un niño a cualquiera, se optó por formar una cola para que el personal disponible, con las manos que tenían, pudiesen entregar cada crío a cada padre conforme mandan las buenas costumbres y que Pepito no terminase en casa de Manolito y viceversa. Una hora de espera de los padres y los pobres críos en su primer día de clase, a esos tres años en los que se vuelven un mar de lágrimas cuando olisquean la llegada de mami. Hay que ser un perfecto imbécil para permitir eso. Uno de los más grandes.