Romero de Torres pinta un retrato con una model en presencia de Valle-Inclán
Romero de Torres pinta un retrato con una model en presencia de Valle-Inclán - ARCHIVO ABC
CULTURA

Las más de 400 modelos de Julio Romero de Torres, el cronista gráfico de toda una época

Este creador realizó cerca de 1.000 obras, un trabajo que va mucho más allá del tópico de pintor de la mujer cordobesa

CÓRDOBAActualizado:

Cerca de un millar de obras; unos 500 retratos identificados, de los que más de 400pertenecen a actrices, aristócratas, bailarinas, cantantes, literatas y un larguísimo etcétera que aleja a Julio Romero de Torres de los tópicos que se han repetido e impuesto a lo largo de los años y que (des)dibujan su imagen como la del «pintor de la mujer cordobesa».

«Romero de Torres fue mucho más que eso; fue el cronista de toda una época, desde 1915 hasta 1930. Plasmó en sus lienzos todo los estamentos sociales como retratista, porque no olvidemos que eso es lo que fue: la mayoría de sus obras eran encargos oficiales y fue tan prolífico que llegó a simultanear cuatro y hasta cinco trabajos. Era un obrero de los pinceles».

Así lo señala la especialista mundial más reconocida sobre su pintura, y directora de los Museos Municipales de Códoba, Mercedes Valverde (Granada, 1952), que ha dedicado más de 35 años a investigar la figura de Julio Romero de Torres.

El resultado de este laborioso estudio verá la luz, si se cumplen los pronósticos, el próximo año en un catálogo monumental sobre la obra del artista basado exclusivamente en los archivos, hemeroteca y fonoteca del Museo de Julio Romero de Torres.

En el mismo aparecerán los cuadros identificados por la experta y una reseña de cada uno. En la lista de retratados por Romero de Torres figuran, entre muchísimos otros, al periodista, abogado y político José Sánchez Guerra; a Margarita Nelken, una de las representantes del incipiente movimiento feminista en España durante la década de 1930; o a la vicetiple del Teatro Romea de Madrid Elena Pardo, a la que Julio Romero llegó a pintar hasta diecisiete veces.

A la bailaora sevillana Pastora Imperio la retrató con vestido de lunares y guitarra o de negro y con mantilla; a Raquel Meller -cantante, cupletista y actriz de cine- la pintó al estilo de las venus de Tiziano en «Venus de la poesía». También inmortalizó a la bailarina y cortesana La Bella Otero, a la cantaora La Niña de los Peines o a la actriz y realizadora francesa Musidora. La lista llega hasta unos 500 nombres de personalidades de la época, sobre todo, de la aristocracia madrileña.

Sin embargo, Romero de Torres es «vox populi» como el pintor de la Chiquita Piconera y gran parte de su obra es desconocida para la mayoría, pese a que apena vivió en Córdoba y eran contadísimas las ocasiones en las que la visitaba. «Desde antes de 1908 residía y trabajaba en Madrid. Aquí era un gran incomprendido», señala Valverde, que destaca que en la capital le acogió Valle-Inclán y todos los grandes de su círculo. «Él es el gran pintor de la generación del 98», apunta.

El cuadro más conocido

Entonces, ¿por qué ha trascendido tanto el cuadro de María Teresa López por encima de otras? «Porque fue el último que terminó antes de morir», apunta Valverde. Fue expuesto para su venta el 14 de febrero de 1930, en Sevilla, en la Exposición Iberoamericana, tres meses antes de que Julio Romero falleciera.

A pesar de que en vida fue un incomprendido, el deceso del pintor unió a las clases sociales. Las crónicas cuentan que los filiados a la Unión General de Trabajadores acudieron en traje de faena, porque para ellos era la muerte de un gran trabajador. La nobleza y el clero unieron sus enseñas con las banderas de los partidos y los sindicatos en una manifestación pacífica de dolor. El féretro fue a hombros a la Catedral para el funeral y de allí a la plaza de Capuchinos, para despedirse de la Virgen de los Dolores. Allí un violinista interpretó como oración fúnebre la «Reverie» de Robert Schumann.