«Recepción de los embajadores de Bizancio», de Dionisio Baixeiras
«Recepción de los embajadores de Bizancio», de Dionisio Baixeiras - ABC
LEGADO HISTÓRICO

Medina Azahara, inspiración para la cultura

Escritores, pintores y artistas se han basado en la ciudad palatina de Córdoba para algunas de sus obras

CÓRDOBAActualizado:

Medina Azahara se dibuja en la cultura universal como sinónimo de leyenda y de melancolía romántica. Y así lo ha sido desde el siglo XIX, cuando el historiador asturiano Cean Bermúdez logró identificar las ruinas denominadas Córdoba la Vieja con la fastuosa ciudad califal que alzase Abderramán III. Luis María de las Casas Deza o el periodista Ricardo de Montis fueron de los primeros en ir componiendo la leyenda, que luego algunos de los mejores poetas españoles del XX acabaron por definir. Medina Azahara ha servido también de inspiración para novelistas como el extremeño Jesús Sánchez Adalid o la gaditana Matilde Cabello, así como para la longeva banda de rock Medina Azahara, que se ha encargado de llevar con orgullo el nombre de la ciudad califal por salas de conciertos, plazas de toros y festivales hasta perpetuarla en la cultura popular.

Los poetas, como se ha apuntado, son quizá los que con más frecuencia han encontrado en Medina una metáfora, casi siempre relacionada con la fugacidad de la belleza. El primero de todos Ibn Zaydum, príncipe de los poetas andalusíes, que a su amada Wallada, tras la conflictiva ruptura amorosa, le escribió un poema excelente que comienza así: «Desde Al-Zahra con ansia te recuerdo…». Mucho más tarde, ya en la época moderna, al Duque de Rivas le tocaría el turno de retomar Medina como escenario para algunos de los versos de su largo poema «El moro expósito», asunto que han estudiado el poeta Carlos Clementson y Daniel García Florindo.

Desde Ángel de Saavedra son muchos los que colaboran en la creación de la leyenda. Historiadores por una parte, como el arabista malagueño F. J. Simonet, y escritores cordobeses y ajenos. Entre los propios, destaca sin duda Ricardo Molina, miembro fundador del Grupo Cántico que a la ciudad palatina le dedicó uno de sus libros más logrados, las «Elegías de Medina Azahara», de 1957.

Ricardo Molina
Ricardo Molina - ABC

Otros ilustres de la literatura contemporánea que aquí han hallado inspiración han sido Fernando Quiñones, que se sirvió de este escenario para sus personalísimas crónicas, o el propio Carlos Clementson, que a la historia de Córdoba le ha dedicado algunos de sus versos más hermosos. Existen de hecho dos antologías de poemas vinculadas al yacimiento, una primera de 1980 a cargo del propio Clementson y titulada «Nostalgia y presencia de Medina Azahara» y otra más reciente, que Almuzara publicó bajo el nombre de «Medina Azahara. El monte de la novia» y que estuvo al cuidado de Antonio Rodríguez Jiménez.

La prosa, por último, tampoco ha sido ajena al embeleso que produce la corta historia de esta ciudad legendaria. En las últimas décadas, con el auge de la novela histórica, muchos han sido los autores que se han servido de Medina como escenario. «El mozárabe», de Sánchez Adalid; «El embajador de Medina Azahara», de Javier Martín y María Amor; «Wallada», de Matilde Cabello o «La gloria del califa», de Sergio Remedios, son algunas obras que constatan este interés. Incluso en la literatura infantil tiene presencia con las «Aventuras de Pepe en Medina Azahara». A todo lo cual se le podrían añadir desde otras disciplinas aportaciones valiosas como el cuadro «Recepción de los embajadores de Bizancio» del catalán Dionosio Baixeiras, que se puede ver en la Universidad de Barcelona; las espectaculares imágenes de Medina que tomaron Gutiérrez Aragón y Juan Lebrón; o las magníficas cerámicas que se hacen en La Rambla.

Medina Azahara tiene por tanto leyenda y estela, por lo que, aunque la declaración de la Unesco vaya a ser un aldabonazo importante, no existe duda alguna de que la ciudad de Abderramán III está desde hace muchos años fuertemente arraigada en la cultura universal. Medina Azahara pertenece hoy al imaginario colectivo.