Cúpula de la maqsura, en la zona por extensión conocida como el mihrab, en la Mezquita-Catedral de Córdoba
Cúpula de la maqsura, en la zona por extensión conocida como el mihrab, en la Mezquita-Catedral de Córdoba - Valerio Merino
ESTUDIO

El mihrab de la Mezquita-Catedral de Córdoba se creó con elementos visigodos, bizantinos y mesopotámicos

Los arquitectos han encontrado que varios equipos trabajaron de forma conjunta en el proyecto de Alhakén II

CórdobaActualizado:

La arquitectura romana, la decoración bizantina, la herencia visigótica y lo que los musulmanes desarrollaron confluyeron en la construcción de la Mezquita de Córdoba. Es algo en lo que ha habido acuerdo a la hora de hablar del gran monumento, pero una última hipótesis arroja una nueva influencia en uno de los elementos más admirados de un templo que no carece de elementos de interés.

Se trata de la maqsura y en concreto de la bóvedas de crucería que la cubren. Los arquitectos conservadores del templo, Gabriel Rebollo, Gabriel Ruiz Cabrero y Sebastián Herrero, han escrito una memoria sobre el estudio en profundidad que se hizo en los últimos meses, al que ha tenido acceso ABC, y lanzan una nueva hipótesis sobre este elemento que se conoce por extensión como el mihrab, aunque sólo sea una parte: su origen está en Mesopotamia, desde donde llegó a Siria y de ahí a Córdoba. En general, la construcción de la que sería, y sigue siendo, la zona más bella del monumento, fue un ejemplo de cómo distintas traducciones arquitectónicas y de construcción se fundieron. No a lo largo del tiempo, como sucedería después en el conjunto, sino en el mismo momento.

Alzado del conjunto de la maqsura de la Mezquita-Catedral de Córdoba
Alzado del conjunto de la maqsura de la Mezquita-Catedral de Córdoba - Ángela Rodríguez y Mara Sánchez

Los resultados del informe se mostrarán a los arquitectos en una jornada internacional que se celebrará la próxima semana y que tiene que reunir a expertos de nivel mundial por iniciativa del Cabildo Catedral. Hubo muchos artesanos de forma simultánea trabajando con el mismo fin. «Esta profusión de autores trabajando partes importantes del conjunto es coherente con la presencia de un patrono tan implicado en la obra como fue el califa Alhakén II», aseguran los arquitectos. Es más, aseguran que el mismo monarca tomó parte importante en las decisiones.

Para empezar, siempre se ha dicho que la decoración es romana-bizantina, por los mosaicos. Para traer a los artesanos, Alhakén II pidió ayuda al emperador romano de Bizancio, Nicéforo Focas. ¿Quería así reivindicar su relación con Roma y la tradición del imperio? Los arquitectos no lo descartan. Eso así, había otros elementos: el conjunto de la maqsura tiene estructura en «T», y eso es una tradición musulmana. Pero por otro lado, el mihrab está construido como una habitación, «algo infrecuente en el Islam y constante en las iglesias construidas en la época de la dominación visigoda». La hipótesis de los arquitectos es que el califa quisiera disponer un elemento religioso que compitiera con sus rivales de Bagdad y por eso se apropió de un recurso cristiano.

Dibujo en que se aprecia el mihrab, adosado a la estructura completa
Dibujo en que se aprecia el mihrab, adosado a la estructura completa - Ángela Rodríguez y Mara Sánchez

¿Y las cúpulas? Es donde más hacen hincapié los arquitectos. Una hipótesis es que fueran los artistas que llegaron de Bizancio, pero la tradición de su país no utilizaba este elemento. La Córdoba islámica sí tuvo soluciones parecidas en aquel momento, y por eso los arquitectos hablan de algunos ejemplos de Medina Azahara. Sería un arquitecto de la Córdoba califal el que tuviera la idea del «genial progreso de cruzar los arcos». Pero además se lanza una tercera hipótesis muy innovadora: interpretar los cruces de arcos como derivados de una tradición oriental nacida en Mesopotamia con los llamados arcos de diafragma, que reducen la luz. Los habrían traído los artistas bizantinos, pero también los conocían los omeyas y los aplicaron en distintos edificios. Desde ahí pudieron haber pasado a la Europa cristiana, donde aparecen ya en la Catedral de Durham, a finales del siglo XI. Es decir, un siglo más tarde de su aparición en el monumento de Córdoba.