Carlos Romero, en noviembre de 2017
Carlos Romero, en noviembre de 2017 - VALERIO MERINO
OBITUARIO

Muere a los 88 años el dominico Carlos Romero, fundador de las Hermandades del Trabajo en Córdoba

De origen cordobés y nacido en Puertollano, fue prior de San Agustín y del santuario de Scala Coeli; era Hijo Adoptivo de Córdoba

CÓRDOBAActualizado:

«Yo solo no he hecho nada. Con la gente que me ha rodeado he hecho algunas cosas. Y me da rabia que me digan 'padre Carlos'. Prefiero que me llamen 'fray Carlos'. Es lo que soy». El dominico Carlos Romero, fundador de las Hermandades del Trabajo en Córdoba, le hacía esta confesión hace justo un año al periodista Aristóteles Moreno en una entrevista que ABC publicó a doble página dentro de la sección dominical «Contramiradas». [Lee completa la entrevista de ABC Córdoba con Carlos Romero en noviembre de 2017 pinchando aquí].

Romero, al recoger su distinción de Hijo Adoptivo en octubre de 2017
Romero, al recoger su distinción de Hijo Adoptivo en octubre de 2017 - VALERIO MERINO

Romero ha fallecido a los 88 años este miércoles en Cádiz, donde estaba pasando unos meses. Nacido en Puertollano en 1930 porque su padre, de origen cordobés, estaba trasladado a esa población manchega, el fraile llegó a Córdoba a los 22 años, primero con destino como sacerdote dominico en el Campo de la Verdad y dentro del cuerpo de las Misiones Generales que puso en marcha Fray Albino.

Prior de San Agustín y Santo Domingo

El miembro de la Orden de Predicadores fue prior del convento de San Agustín, y del santuario de Scala Coeli (conocido popularmente como Santo Domingo), pero la obra por la que será recordado es por la fundación, en 1957, de las Hermandades del Trabajo en Córdoba, que puso en marcha por encargo de Abundio García Román con el cometido de defender a los trabajadores a través del mensaje evangélico. El Ayuntamiento de Córdoba le concedió en 2017 el título de Hijo Adoptivo de la ciudad.

Lúcido, inquieto e inconformista, Romero ha hecho gala hasta sus últimos días de una valentía que no estaba reñida con la humildad: «Si no hay trigo, la predicación es charlatanería. Intento saciar el hambre de los estómagos pero metiendo a cambio el espíritu. Para llenar la barriga pongo un bar», confesó en la citada entrevista hace justo doce meses. Descanse en paz.