La antigua Escuela Normal de Magisterio, entre los bloques antiguos del barrio del Sector Sur
La antigua Escuela Normal de Magisterio, entre los bloques antiguos del barrio del Sector Sur - VALERIO MERINO
Economía

Palmeras y Sector Sur, la vida difícil en Córdoba

La crisis de la construcción agravó los índices de pobreza de los barrios más desfavorecidos

CórdobaActualizado:

Las estadísticas son números, cifras que se escriben en un papel y que no tienen latido, porcentajes que parecen no saber de los apuros para llenar el plato con algo caliente. Y sin embargo se corresponden demasiadas veces con lo que late en las calles. Las respuestas de quienes no conocen la finura de las estadísticas no las desdicen, su vivencia las confirma. Lo sabe el que pregunta en el Sector Sur y en Las Palmeras para adivinar cómo es posible que aparezcan entre los barrios más pobres y con más paro de España.

Al entrar en el mercado de abastos del Sector Sur, y antes de preguntar, se notan los problemas en que la mitad de los puestos están vacíos. No hacía tanto que estaban ocupados y con colas para comprar todos los días, pero la crisis se los llevó por delante. Desde el mostrador de un puesto dedicado a la carne, Amparo recuerda los buenos años del Sector Sur, hace no tanto tiempo. «Aquí engañaba el aspecto de la gente. A la mejor no llevaban ropa tan buena como en otros barrios, pero se dejaban mucho en comida», relata, mientras explica que sería un barrio humilde, «pero el dinero se gastaban en comer».

El problema de paro en el barrio es consecuencia de la crisis económica. Lo dicen todos y Amparo lo corrobora al explicar cómo muchos hombres estaban en la construcción y se quedaron sin trabajo. «Lo que antes se compraba para unas días pasó a ser para unas semanas, y lo que duraba unas semanas duró meses», resume, mientras explica que si antes la gente se podía dejar unos 60 euros en comida, ahora la compra media apenas alcanza a los seis o siete.

Ni mayores ni jóvenes

En el barrio, explica María José Sierra, que atiende un puesto de encurtidos, apenas han quedado personas mayores, que muchas veces sostienen a las familias con sus pensiones, y los jóvenes están parados, como corrobora una de las clientes, que se une a la conversación. «Los bancos dieron créditos muy fáciles y ahora rara es la semana en que no hay un desahucio en el barrio», dice.

Fuera, en la cafetería, Teresa Alcalá Carmona está sentada junto a su marido y su primo. Su marido y su hijo de 20 años están desemplados y ella echa de menos algo de formación ocupacional para los jóvenes y para las personas en edad de trabajar, que al menos les proporcione un cierto horizonte. Su primo, Manuel Carmona, relata cómo quien más trabaja en el barrio son las mujeres, en el servicio doméstico, ya que los hombres no suelen encontrar ya en la construcción.

De los problemas de Las Palmeras habla Salud Sánchez, una religiosa ursulina que trabaja para aliviar su situación desde la parroquia de San Antonio María Claret. El relato de lo que vive es duro: «Más del 70% de la población está en paro, y antes había familias que no dependían de ayudas y que no venían a la parroquia a pedir y ahora si lo hacen», dice.

«Harían falta por ejemplo más talleres de empleo para jóvenes, lugares donde se pueden formar, porque la formación es muy baja», relata, y también habla de los problemas del fracaso escolar y del elevado absentismo.