Visitantes en uno de los patios de San Basilio, el día previo al inicio del concurso
Visitantes en uno de los patios de San Basilio, el día previo al inicio del concurso - ÁLVARO CARMONA
MAYO FESTIVO

Patios de Córdoba 2019 | Los propietarios, el valor intangible de las manos que cuidan

Miman durante todo el año las plantas y abren las puertas de sus casas para recibir a los visitantes

CÓRDOBAActualizado:

En la mañana del domingo, Juana Romero aún no había terminado de bajar al patio todas las flores que ha cuidado en su azotea durante el último año y de las que, a partir de hoy, podrán disfrutar miles de vecinos y turistas en el número 15 de la calle Zarco, en el barrio de Santa Marina. Lleva 25 años abriendo las puertas de su casa cada mes de mayo y algunas de las plantas a las que busca hueco en el pequeño patio de su vivienda la han acompañado desde entonces. Lamenta, sin embargo, que en los últimos 20 no ha visto ni un solo premio, aunque el año pasado resultó ganadora del Concurso Popular de ABC Córdoba. Lo intentará de nuevo este año, y por eso sabe que pasará las próximas dos semanas «esclava» del patio que cuida sola.

Sus impresiones sobre el Festival de los Patios de Córdoba recogen todas las advertencias que se han hecho al respecto en los últimos años, desde que la celebrada declaración de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco trajera consigo la amenaza de que la fiesta muriera de éxito. Critica que la hostelería y el sector turístico se lucren con un fenómeno del que tiran fundamentalmente los vecinos, que apenas tienen las ayudas económicas suficientes para cubrir gasto. Un dinero que, además, suele llegar tarde. Pide más implicación de los comercios que hacen su agosto del Mayo Festivo y al Ayuntamiento, que haga un esfuerzo por repartir. «Siempre ganan los mismos», lamenta.

La preocupación por la falta de relevo generacional, el poco apoyo del sector privado o el incivismo de algunos turistas centran sus quejas

La propietaria de este patio también le ve las orejas al lobo de la falta de relevo generacional. Ella misma es consciente que cuando decida dejar de abrir su patio al público, no habrá nadie que la sustituya al frente. Sus hijos, dice, viven fuera y están a otras cosas, aunque una de ellos le echa una mano cuando puede. Sin embargo, es optimista porque cree que hay jóvenes recogiendo el testigo. Sin ir más lejos, su vecino del número 13 que presentó su patio al concurso por primera vez en la edición anterior y repite este año. Entre ellos, dice, se echan una mano, pero lamentan que el Ayuntamiento, que se rasga las vestiduras por la ausencia de brazos jóvenes dispuestos a mantener la fiesta, no dé algo de apoyo a estos recién llegados que, por su juventud, compiten en cierta desigualdad de condiciones.

Alrededor del patio dispone ordenadamente gitanillas, geranios, hortensias, pendientes de la reina, kalanchoes, rosales y orquídeas que se alternan con las verdes hojas de las esparragueras, potos, costillas de adán e incluso algún cactus. Este año, dice, el calor llegó antes de tiempo y adelantó la floración. Las flores lucen espléndidas pero explica que su mejor momento lo tuvieron en la intimidad de su azotea. Sin embargo, a Juana no se le resiste la primavera por mucho que llegue con complicaciones. Como es habitual en los valedores de esta fiesta, tiene un talento natural para las plantas, que crecen sanas en un puñado de tierra dentro de una bombilla hueca, en una pequeña caracola marina o en el tapón de una botella de plástico.

Esa tarea que Juana realiza en solitario en Zarco, 15 se reparte entre varios vecinos en el número 3 de la calle Chaparro. Es este un patio mucho más grande, epicentro de una vivienda plurifamiliar al estilo cordobés, que, como el de Marroquíes, 6, conservan la esencia del patio de vecinos tradicional que está en los orígenes de esta fiesta. Esas redes comunitarias, que fueron precisamente lo que la Unesco reconoció con su título, han quedado diluidas bajo la imagen fotografiable de las macetas de flores. A ese factor humano dedica el recinto de la calle Chaparro el poema escrito en el azulejo de su fachada, donde puede leerse un cántico al valor intangible de la comunidad que lo comparte y lo vive. Dedicaron todo el día del domingo a tener listo el patio tal y como lo conocerán a partir de hoy los visitantes. Como novedad, este año estrenan una rampa que hace totalmente accesible el recinto para personas con movilidad reducida.

Una situación totalmente diferente se vive en San Basilio, donde las largas hileras de turistas ya no se restringen a los días del concurso porque han diseñado su propia ruta. En uno de los recintos de Martín de Roa, sus propietarios no han tenido calma antes de la tormenta que se les avecina. Critican el desconocimiento y el incivismo de algunos turistas, que tocan donde no deben y hasta se cuelan en estancias de una casa que, recuerdan, es un domicilio privado. Por suerte, son una minoría, pero les ocasionan dolores de cabeza cada año. «Y si les dices algo, te contestan que pueden hacer lo que quieran. Que para eso nos subvenciona el Ayuntamiento. Hay que ver lo que sabe esta gente», dice irónicamente uno de los habitantes de esta casa patio, cuyas paredes floridas son unas de las más fotografiadas del concurso.

La multitud que abarrotó el Alcázar Viejo en la víspera del concurso y que se replegaba después por las calles de la Judería es solo el preámbulo de lo que está por venir. Los Patios de Córdoba, la temporada alta de la ciudad en materia turística, volverá a multiplicar exponencialmente al población que recorre sus calles durante las próximas dos semanas. Con el ruido de fondo de sus amenazas de futuro, los propietarios de los recintos cruzan los dedos para que la fiesta no acabe engulliéndose a sí misma.