Patio de la calle Parras, 8, uno de los más antiguos del concurso; en el vídeo, el de la calle Ocaña, 19 - Rafael Carmona
PATIOS

Patios de Córdoba 2019 | Santa Marina y San Agustín, donde se escucha el consejo de los ausentes

De Marroquíes a la calle Parras, la tradición se ha conservado intacta y se ha transmitido a los nuevos recintos

CórdobaActualizado:

Chesterton fue quien habló de la «democracia de los muertos» como un contrapeso que tenía que servir de freno a la voluntad positivista de los nuevos legisladores. La democracia de los muertos significaba tener en cuenta la tradición y lo que habían hecho los mayores, aunque ya no estuvieran, tenía que condicionar en el presente, porque destruirlo sería como traicionarlos. Así el mundo no se iba a entregar « a esa reducida y arrogante oligarquía que, por casualidad, pisa hoy la tierra».

Al entrar en los Patios de Córdoba, en muchos de ellos, parece presente también que los que ahora los ponen bellos y los abren tienen un acuerdo tácito con los que se fueron, lo hacen conforme a los códigos que de ellos aprendieron. Y si tienen que volver, o si los ven desde la otra vida, se reconocerán en lo que ahora se abre a las visitas, aunque se asombren de que sean tantas. En los barrios de Santa Marina y San Agustín, los patios se rigen en buena parte conforme al criterio de los ausentes, como si los que ahora están sintieran que no tienen autorización para cambiar.

Desde luego no lo hicieron los que todos los años se encargan de lo que sucede en la calle Marroquíes, porque aquello es ya más un mito, una institución, que un patio como los demás. Quienes lo cuidan saben que no son nadie para tocar la cocina antigua en la que ya nadie querría preparar un salmorejo, ni para tocar el suelo de bolo, ni para modificar un solo de sus ladrillos ni para que un pintor haga algo más que dar un poco de cal y algo de azul. La democracia de los muertos la llevan también en el patio de la calle Parras, 8, que conserva a aquellas galerías por las que se asoman todavía las que fueron puertas de antiguas viviendas.

Vegetación en Zarco, 13
Vegetación en Zarco, 13 - Rafael Carmona

Otros patios nuevos aprendieron de los antiguos. Eso es lo que se hizo en la calle Chaparro, a pocos metros de la muralla de la calle Adarve, una casa nueva que ahora celebra los diez años de su incorporación al concurso. El suyo es un patio con sabor a arquitectura reciente, pero que los vecinos supieron hacer cordobés y a la vez moderno. Recibe al visitante un gran parterre con un gran olivo y otras especies. En las paredes blanqueadas hay petunias y gitanillas, algunos alhelíes, pero también un pequeño espacio con bonsáis, que no en vano la palabra significa «naturaleza en bandeja» y eso no es del todo ajeno. En la calle Tafures, tan clásico que hasta se olvida que no es arquitectura antigua, ha vuelto este año uno de los más queridos. Sus dueños sabían que estaban entre San Agustín y Santa Marina y por eso en un espacio pequeño hicieron maravillas. No sólo la gran buganvilla y el naranjo, sino también el espectacular rosal de pitiminí, que nace de la tierra y con dos fuertes brazos se eleva por la pared.

El patio de la calle Ocaña, a dos pasos de la plaza de San Agustín, puede tener elementos modernos, escuchó a los que faltan para conservar sus arcos y su galería superior, también con sabor a muchas viviendas de familias que la habitarían, y llenó de colores los lugares en que siempre hubo colores, y apenas se permitió colgar árboles del naranjo central. Había colas allí y en la calle Parras, donde un patio nuevo escuchó a los antiguos para hacerse. En el número 5 sorprende la esquina llena de costillas de Adán, como si formasen parte de un árbol frondoso, y los claveles. El camino termina en esa misma calle, en el número 6, donde nació Pablo García Baena. El mismo que escribió «Fuentes cegadas, oigo vuestras voces por la memoria». ¿Cómo si no se habría conservado aquel patio? Allí está el bolo cordobés, tan fresco, el patio, el limonero, la galería con vigas de madera, la decoración por la que parece que no ha pasado el tiempo, los pequeños cuartos de una sola planta y la decoración exuberante de plantas que parecen necesitar los mismos cuidados que un bosque. Eso es entender a los muertos.