Patio de los Naranjos del Palacio de viana de Córdoba - Valerio Merino
PATIOS DE CÓRDOBA

Patios de Córdoba 2019 | Viana, el magisterio de la flor y la arquitectura

El palacio abre doce recintos y un jardín con gran variedad de ambientes, estructura y especies

CórdobaActualizado:

Se puede pensar que el Palacio de Viana, que no fue el único de la ciudad pero sí el que ha llegado hasta estos días, era como una universidad de los patios, quizá como un museo, el sitio en el que están con mayor excelencia, pero para eso habría que saber que se aprendió de allí. Y habrá quien diga que no son pocas veces las que los patios populares compiten casi en igualdad con el palacio. Sí, para conocer bien los Patios de Córdoba hay que cruzar la puerta, encontrar los parecidos y las diferencias y mirar que también aquellos Torres Cabrera, Villaseca y Viana tuvieron el mismo orgullo que los sencillos propietarios de San Agustín y San Basilio, aunque no fueran ellos quienes tenían que sudar al sol para cuidar las plantas ni mancharse las manos blancas con la tierra ni podar las hojas que se hubieran marchitado. Con doce patios y un jardín, es una ruta más.

Como en los demás, no hay dos patios iguales en el Palacio de Viana, aunque los cuiden las mismas manos, porque incluso con las mismas especies cada uno de ellos es distinto de los demás. El de Recibo tiene esa regia austeridad que muchas veces se anunciaba en la fachada de las casas nobles, y donde no había una voluta de más. Comienza allí la visita y conecta con la austeridad popular de la cal y con plantas que están en los patios, como las costillas de Adán que ocupan las parede casi siempre lisas, y los acantos con sus hojas como salidas de retablos barrocos, que ahora tienen a punto unas flores suntuosas y altas, elevadas como árboles desde la tierra.

El parentesco con los patios populares es mayor al pasar al de los Gatos, del que algunos dirían que no parece de Viana por su aspecto humilde. Aquellas casas se habían alquilado durante siglos y por eso allí se conservan cocinas modestas y habitaciones que hacen imposible no pensar en la calle Marroquíes. Por eso hay una pared llena de gitanillas, pero también yedra enfrente y un ciprés, del que se dice poco que es uno de los árboles por excelencia del Palacio de Viana.

Lo es, desde luego, con permiso de los cítricos. El visitante se anota que tiene que llegar en alguna primavera y embriagarse de olor a azahar en el patio que se llama de los Naranjos. El agua en Viana es discreta y casi invisible, pero allí está su primer estanque, con peces entre los nenúfares y hasta calas brotando en un paisaje de setos y de tranquilidad. Aquí sí se distancia de los recintos populares, que no siempre tuvieron al agua como un bien que tener tan cerca.

Dos visitantes en el Patio de Recibo del Palacio de Viana
Dos visitantes en el Patio de Recibo del Palacio de Viana - Valerio Merino

El siguiente es el patio de la Reja, que marca al palacio y también al barrio, porque se abre a la calle que no por nada se llama Rejas de Don Gome. Brillan allí las centáureas, con sus hojas que semejan mármol y sus flores amarillas que atraen a los insectos. Allí abundan también los colores, pero en el siguiente, el patio de la Madama, vuelve el gusto por lo refinado, que es austero. Por cada maceta con selecios o gitanillas, por cada pared con buganvillas moradas o naranjas, hay espacio libre, y ahí queda la escultura con cipreses que lo preside, porque es un patio para ver desde arriba.

De allí a lo que no es patio, sino jardín, mucho más grande que muchos parques públicos de la ciudad y desde luego con mayor creatividad y nobleza. Por sus caminos abundan setos y palmeras, pero también naranjos y encinas que recuerdan al campo al que tanto mira Córdoba. Es el final del camino. Las sorpresas no terminan: quedan el patio de los Jardineros, con su pared tapizada de celestinas y de la Capilla, que era jardín arqueológico mucho antes de que se inventara el sintagma. Al terminar, en el patio del Archivo, con sus encantadores mandarinos, queda la pregunta si saber si aprendieron los humildes de los señores, al revés, o todos se enriquecieron en la misma ciudad.