Estado en el que se enuentra el antiguo polígono minero de Peñarroya
Estado en el que se enuentra el antiguo polígono minero de Peñarroya - VALERIO MERINO
CUENCA DEL GUADIATO

El poso patrimonial del Cerco Industrial de Peñarroya

Bien de Interés Cultural desde hace pocas fechas su estado de abandono precisa de un mayor interés

CÓRDOBAActualizado:

Pocos lugares de aroma decimonónico hay más evocadores en la provincia de Córdoba que el Cerco Industrial de Peñarroya-Pueblonuevo. Se trata de un mastodóntico recinto de forma trapezoidal, que fue uno de los polos económicos españoles de finales del XIX y comienzos del XX. En total, unos 500.000 metros cuadrados ocupados por casi un centenar de edificios en los que, en sus años cimeros, llegaron a trabajar 7.000 personas, lo que contrasta con su situación actual. Tras quedar abandonado en los años 70 de la pasada centuria, lo que allí llegó fue lo habitual: el olvido, personaje ceniciento que siempre entra en escena acompañado por el expolio y el derrumbe.

Una ruina agravada en este caso por la deficiente calidad constructiva de los almacenes, fundiciones y fábricas, nacidos con espíritu funcional en los que se utilizaron técnicas pioneras de hormigón armado que aún no contaban con las garantías posteriores. Dar hoy un paseo por el Cerco entre cascotes y herrumbre es regresar, como en cualquier ruina o yacimiento, a un tiempo ido: a una plenitud desdibujada de la que huyeron tanto los ruidos de los seres humanos, los trenes, las fundiciones y las maquinas como el humo incesante de sus imponentes 13 chimeneas. Lo que hoy queda allí es tan sólo el zureo de las palomas como banda sonora de lo inmutable.

El Cerco ha salido sin embargo del olvido y ha vuelto a la actualidad en los últimos días. Ha ocurrido gracias a la decisión de la Junta de de declararlo Bien de Interés Cultural (BIC). Tal designación supone la culminación a un esfuerzo de años y años, pues el Ayuntamiento de la localidad guadiateña venía trabajando en este expediente desde hace tres lustros. «Para nosotros es una alegría y una oportunidad», explica optimista el alcalde de Peñarroya, José Ignacio Expósito.

Interior de una de las naves del Cerco Industrial en estado de abandono
Interior de una de las naves del Cerco Industrial en estado de abandono - VALERIO MERNIO

La declaración de BIC es además amplia, pues no sólo afecta al Cerco sino también a algunos edificios exteriores que son emblemas del municipio y de la fuerte influencia francesa que se registró en la localidad. La idea es que esta declaración sirva al fin para que los ciudadanos avancen en el conocimiento de este paraje irrepetible, al que en muchos casos se ha vivido de espaldas por considerarlo un símbolo oscuro de la dolorosa evolución de una ciudad que hoy cuenta con algo más de 11.000 habitantes cuando en sus años de plenitud alcanzó los 40.000. Fue en esos tiempos de agitación y pujanza la segunda ciudad cordobesa más importante en lo económico tras la capital.

La evolución

El origen del Cerco de Peñarroya, según explica la técnico de Cultura Silvia Carrasco, se encuentra en la famosa Mina Terrible, que se excavó dentro de los terrenos que luego ocuparía el recinto industrial. Allí se instaló en torno a 1840 la pionera Compañía de los Santos, que fue la primera en actuar en esta zona enclavada en la cuenca minera guadiateña. Veinte años más tarde haría su entrada el capital francés. Primero con la empresa de gestión de ferrocarriles Perent Shaken, que llegó en 1862 y que tres años más tarde, para diferenciar jurídicamente sus intereses en los trenes y en la minería, acabaría constituyendo la Sociedad Huyera y Metalúrgica de Belmez.

Dos décadas pasaron de nuevo hasta que, en 1881, se acabó creando la legendaria Société Minière et Métallurgique de Peñarroya (SMMP), que absorbería en apenas todo lo demás y sería finalmente la verdadera impulsora del Cerco.Entra ahí en escena, en esa época, un personaje singular, novelesco en cierto modo. Un ingeniero galo llamado Charles Ledoux, que fue el impulsor de la unión inicial de la SMMP con la Sociedad Huyera de Belmez bajo apoyo financiero de los Rothschild, familia de banqueros judíos. A Ledoux se le atribuye la decisión de apostar no ya sólo por el carbón sino de forma decidida por el plomo.

También la capacidad visionaria de desarrollar alrededor de ambas explotaciones una multitud de industrias secundarias capaces de reaprovechar de forma autárquica todos los subproductos que quedaban de los procesos de extracción y fundición y de suministrar los diferentes materiales y recursos energéticos que se necesitan para hacer funcionar tan formidable estructura industrial.

Uno de los edificios restaurados obra de la escuela de Eiffel en Peñarroya
Uno de los edificios restaurados obra de la escuela de Eiffel en Peñarroya - VALERIO MERINO

A esa decisión empresarial se le debe la actual geografía del recinto. Allí, pese a la ruina, es fácil imaginarse lo que pudo ser en sus años de esplendor. Gracias principalmente a una sucesión de edificaciones y construcciones muy diversas de indudable valor cultural y arquitectónico, pues reflejan bien un periodo histórico de expansión industrial asociada a la minería. Sólo una de ellas está hoy restaurada, el Almacén Central, un enorme edificio de 14.000 metros cuadrados y cubierta de sierra. Se construyó en 1917 bajo el diseño del gabinete del ingeniero francés Gustave Eiffel, que aquí volvió a utilizar la técnica de ensamblaje por remaches y no por soldadura que caracteriza a la mítica torre que ha eternizó su nombre en París. A escasos metros de este enorme almacén, se alza a su vez, aunque maltrecha, la fundición de plomo, uno de los edificios más estéticos del recinto y cuya fecha de construcción, 1891, se conserva impasible en una fachada lateral.

El último edificio

El último edificio del Cerco se construyó en 1940, setenta años antes de que comenzase esta gran empresa industrial, y a partir de ahí arranca un declive empresarial constante, irremediable, que acabó con el cierre de las últimas fábricas en uso por los años 70 del pasado siglo. Comenzó así un derrumbe progresivo. Ya en el siglo XXI se dieron algunos intentos públicos de intervenir en la zona con fondos europeos de la reestructuración minera aunque con muy discutible fortuna. Nunca desde su cierre había llegado al Cerco sin embargo una noticia tan esperanzadora como su declaración de Bien de Interés Cultural. Una designación que el alcalde del municipio considera que puede servir como atractivo turístico y también para fomentar la concienciación.

Destaca José Ignacio Expósito que este distinción también permitirá optar a ayudas públicas de fuste como el llamado 1% Cultural, hasta ahora inaccesibles. Aunque la vigilancia de un recinto tan extenso es complicado, el regidor confía en que la situación mejorará al poderse imponer sanciones más severas a quienes atenten contra la integridad del bien. De lo que no parecen caber dudas es de que una nueva etapa se abre para el Cerco de Peñarroya, recinto repleto de memoria. Un lugar que no habrá de entenderse ya como una decadencia industrial pasada -y eso por más que aún duela- sino como el símbolo de un pasado brillante. Un ayer industrial convertido hoy en cultura y que puede servir como apoyo para construir el mañana.