Juan José Primo Jurado, con un ejemplar de su último libro
Juan José Primo Jurado, con un ejemplar de su último libro - Valerio Merino
CULTURA

Primo Jurado relata el auge y derrota del comunismo en «Eso no estaba en mi libro de la Guerra Fría»

El historiador y colaborador de ABC Córdoba hace una panorámica en el mundo entre 1945 y 1989

CórdobaActualizado:

No fue un conflicto bélico como tal, con frente de batalla y territorios que se conquistan, y su propio nombre, guerra fría, ya da a entender su condición. Pero sí hubo una fuerte tensión y, para Juan José Primo Jurado, que ha escrito sobre ello, también hubo un derrotado: «El comunismo». El historiador, escritor y colaborador de ABC acaba de sacar a la luz «Eso no estaba en mi libro de la Guerra Fría», publicado por la editorial cordobesa Almuzara.

«Cuando terminó la Guerra Fría, primero con la caída del Muro de Berlín en 1989 y luego con la desintegración de la URSS en 1991, parecía que llegaba un mundo idílico. No ha sido así, se ha visto que han llegado nuevos problemas, y Rusia, aunque ya no el plano ideológico, sigue siendo el rival», afirma.

El historiador cuenta cómo fue el mundo configurado tras la II Guerra Mundial y habla de lo que sucedió en los países del Este de Europa que quedaron bajo la órbita de la URSS. También de cómo, sobre todo antes, se hablaba con benevolencia de esos países y de sus sistemas. «Se decía en la Universidad que la RDA quería la paz y no la OTAN, o que el sistema sanitario cubano era bueno», cuenta el autor, que explica cómo algunos de marcos mentales todavía siguen presentes, «porque la propoganda soviética fue mucho más eficaz».

Revolución sexual

El mundo de la Guerra Fría vivió una escalada de tensión entre el bloque oriental y el occidental, pero también el mundo cambió. Por eso el historiador se refiere en su libro a la revolución sexual, a los métodos anticonceptivos, al fenómeno hippie y la nueva música, que impulsaron un fuerte cambio de costumbres a partir de la década de 1960. Los países occidentales cambiaban y mejoraban sus condiciones de vida, y eso hacía casi imposible una revolución como la de 1917 en Rusia.

La dialéctica de bloques cayó casi de un día para otro, y en eso fueron importantes dos cosas. Primero, «la perestroika que impulsó Gorbachov, que impulsó reformas y dejó de ayudar a los países del Este y esos regímenes se desmoronaron enseguida, cuando la URSS no los apoyó». Por otro, la actitud firme de tres personajes: el Papa Juan Pablo II, el presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan y la primera ministra británica Margaret Thatcher.

«La libertad no se puede subyugar. En Polonia quisieron hacer un Estado ateo, pero la gente mantuvo el catolicismo», cuenta el autor

«La libertad no se puede subyugar. En Polonia se quiso implantar un estado ateo, cuando era un país fuertemente católico, y eso salió a la luz por ejemplo con el sindicato Solidaridad», explica el historiador. El libro es rico en historias curiosas, como la relación de algunas empresas con el bloque comunista: «Pepsi vendió sus refrescos en la URSS desde 1972, pero no le interesaba que le pagasen en rublos, así que lo hacían en vodka, de la marca Stolíchnaya, que luego vendían en exclusiva en Estados Unidos. Y al final, en 1989, como no podían, lo hicieron con 17 submarinos, que convirtieron a la empresa en primera potencia mundial».

De aquella época quedan muchos iconos, de los cuales el más importante es el fusil de asalto AK-47, conocido como kaláshnikov por el nombre de su inventor. Se ha hecho muy popular en guerrillas y revoluciones y de él se han fabricado 80 millones, ya que es muy sencillo, se puede montar y desmontar fácilmente con sus nueve partes y resiste al agua. «Se sabe que su inventor, Mijail Kalashnikov, se confesó al final de su vida con un sacerdote ortodoxo y pidió perdón por todas las muertes que había causado el fusil», según el historiador.