Cuadro «Esperando consulta», que valió a Rafael García Guijo un premio
Cuadro «Esperando consulta», que valió a Rafael García Guijo un premio - ABC
CULTURA

Rafael García Guijo, el olvidado pintor cordobés que dictó magisterio en el retrato y los paisajes

Los cincuenta años de su muerte han pasado sin recordar a uno de los grandes pintores de su tiempo

CórdobaActualizado:

En la calle Almonas, hoy conocida como Gutiérrez de los Ríos, nació el 2 de marzo de 1881 el niño Rafael García Guijo, que llegaría a ser con los años uno de los pintores más brillantes de la Córdoba de su tiempo y un destacado profesor de dibujo tanto en Córdoba como en otros lugares del país. Alumno de Rafael Romero Barros, fue contemporáneo de grandes artistas cordobeses del momento como Julio Romero de Torres, Tomás Muñoz Lucena o Mateo Inurria.

Su nombre ha quedado sin embargo más desdibujado que el de ellos, y eso a pesar de que fue un fino retratista y de que es uno de los cordobeses que tienen obra en el Museo del Prado. Muestra de esa neblina que cae sobre García Guijo es que poco se le recuerde en la ciudad, más allá de la callejita que lo rememora por el barrio de Levante. O el hecho de que hace unos días se haya cumplido el medio siglo de su muerte sin que se programe algún pequeño tributo. Sólo el Museo de Bellas Artes se ha acordado de él en esta efemérides y desde enero aparece un lienzo en los calendarios que la pinacoteca ofrece como pequeño detalle a los usuarios.

Carmen García de Viguera, su nieta, le dedicó su tesis doctoral u explica por ejemplo que se matriculó siendo muy niño en la Escuela de Bellas Artes que Rafael Romero Barros, padre de Julio Romero de Torres, regentaba en la plaza del Potro, muy próxima a la calle Almonas en la que se crió Rafael. Allí lo inscribieron con nueve añillos y se convirtió en el más joven de la cuadrilla de creadores que día a día aprendían los secretos de la pintura.

El hecho de empezase a tomar clases tan niño, unido a su talento natural, permitió que García Guijo brillase pronto, con apenas 20 años, en el panorama nacional. Tal fue así que el siglo lo inició logrando nada menos que una medalla de honor de la Exposición Nacional de 1901 gracias a un lienzo titulado «Esperando consulta». El artista, a pesar de éxito, optó por buscarse un medio de vida seguro y por eso mismo se sacó plaza como profesor de Dibujo en oposición pública, oficio que lo llevaría por diversas ciudades. También por Córdoba, de cuya Escuela de Artes y Oficios fue director en dos etapas distintas ocupando el despacho que antes había disfrutado Mateo Inurria.

Modernidad

En cuanto a lo personal, García Guijo conoció en Madrid, mientras realizaba las oposiciones, a la joven cántabra Teodora Hernández Sanjuán, conocida en la familia como Lola y con la que tuvo a su único hijo. Junto a ella emprendió el pintor numerosos viajes veraniegos por Europa que le permitieron recibir otras influencias que acabarían dándole a su pintura un interesante aroma de modernidad.

Esa fértil conexión entre la docencia, la familia y la pintura acabó sin embargo en 1934 con la muerte prematura de la esposa, una circunstancia que según relata su nieta le afectó muy profundamente y le supuso un giro en su vida. Dos años más tarde habría de estallar además la guerra civil del 36, que al pintor y profesor le cogió en Madrid en un tribunal de oposiciones y que pasó en la capital ganándose la vida como profesor de dibujo en la Escuela de Arquitectura. Regresó el pintor definitivamente a su Córdoba natal, en la que fue nombrado académico, y aquí ejerció en la Escuela de Artes y Oficios hasta 1951, año en el que se jubiló. La muerte le alcanzó finalmente en 1969 y a los 88 años de edad.

Retrato de Rafael García Hernández, hijo del pintor
Retrato de Rafael García Hernández, hijo del pintor - ABC

Desde entonces hasta ahora nunca ha tenido García Guijo la consideración que su pintura merece, quizá porque en su madurez fue considerado más un profesor que un artista con obra personal, valoración que ha ocurrido en no pocas ocasiones y que aún sigue ocurriendo con los profesores de la Escuela de Artes y Oficios. Parte de lo que era común en su tiempo, el costumbrismo, y en especial desde su cercanía a la escuela andaluza. De esa época son muchos cuadros suyos, en los que no faltan los temas flamencos, las escenas de fiestas locales como el carnaval y estampas cotidianas como la de una churrera friendo jeringos en un puesto callejero.

Con los años, García Guijo pasa sin embargo a centrarse en los paisajes, en los que comienza a introducir técnicas impresionistas, mientras que va alcanzando la maestría en el retrato con obras muy interesantes, como las que se pueden ver actualmente en el Museo de Bellas Artes de Córdoba: el retrato de su hermano Cándido García Guijo y el de José Manuel Camacho Padilla. También una serie de retratos femeninos en los que demuestra su talento y su capacidad de percepción psicológica.