Rafael Orozco, en una actuación - ARCHIVO
ANIVERSARIO

Rafael Orozco, el fuego en el piano

El músico cordobés murió hace veinte años tras una gran carrera internacional y con grabaciones que siguen siendo de referencia

CÓRDOBAActualizado:

Quienes le vieron nunca le olvidarán. Hablan de un músico de apariencia serena que se sentaba al piano y se transformaba, sin aspavientos, en un intérprete capaz de enfrentarse a las obras más exigentes y en poner a los pies del público todo el lirismo y la poesía que tenían. El 25 de abril de 1996, hace ahora justo veinte años, murió en Roma Rafael Orozco, un cordobés que fue, junto con Alicia de Larrocha, el gran pianista español del siglo XX.

Había nacido en Córdoba en 1946 y había hecho el primer aprendizaje con Carmen Flores, su tía, que fue también maestra de toda una generación de pianistas cordobeses. Su insólito talento natural le llevó pronto fuera de Córdoba, en concreto a los quince años, y floreció también desde primera hora. Ganó el prestigioso concurso internacional de Leeds con apenas veinte años, en 1966, e inició una carrera que le llevó a codearse con los mejores directores y músicos de su momento, y en los escenarios más prestigiosos de todo el mundo, como Herbert von Karajan, Carlo Maria Giulini y Daniel Baremboim, entre otros muchos.

Su biografía

Juan Miguel Moreno Calderón, anterior teniente de alcalde de Cultura y ex director del conservatorio de música que hoy lleva el nombre de Rafael Orozco, acaba de publicar en Almuzara la primera biografía del músico. «Rafael Orozco, el piano vibrante» es el título de este músico que le cautivó durante un concierto en Córdoba en 1974, cuando era una figura internacional y arrebató a todos con una portentosa técnica y un poderoso magnetismo personal. «Tocaba con el arrebato y la bravura de los pianistas rusos y representaba la imagen del triunfador, de un músico con voluntad de hierro entregado al piano», recuerda de él Moreno Calderón.

En los años 80 su vinculación con su ciudad de Córdoba volvió a ser más estrecha y de entonces datan los homanajes y el reconocimiento como Hijo Predilecto. En el otoño de 1995, con el concierto de Schumann junto a la Orquesta y algunos síntomas de la enfermedad que iba a llevárselo con apenas 50 años, se despidió de una ciudad que nunca le ha olvidado.

Hoy se lucha contra la descatalogación de gran parte de sus grabaciones y el olvido de su obra, que incluye algunas cimas, como la integral de los conciertos para piano de Sergei Rachmaninov, considerada insuperable por la dificultad técnica, y también la aclamada «Iberia» que grabó en los noventa, y que es una de las grandes referencias de la obra cumbre de Isaac Albéniz. Sí es posible encontrar en la red vídeos en los que da cuenta de su maestría, como esta versión, en 1993, del concierto para piano y orquesta número 5 «Emperador» de Beethoven, con la Orquesta de RTVE, y bajo la dirección de Neville Marriner.