Residencial en el que vivió como inquilino Antonio Manuel Guerrero en Pozoblanco
Residencial en el que vivió como inquilino Antonio Manuel Guerrero en Pozoblanco - ÁLVARO CARMONA
TRIBUNALES

El rastro del guardia civil de «La Manada» en la localidad cordobesa de Pozoblanco

Vecinos admiten que no vieron ningún atisbo de comportamiento anormal en este guardia civil

CÓRDOBAActualizado:

El guardia civil Antonio Manuel Guerrero, uno de los cinco miembros de «La Manada»-condenado a nueve años de prisión por abusar sexualmente de una joven en Sanfermines- pasó casi dos años en prácticas en el Cuartel de Pozoblanco sin que sus vecinos pudieran vislumbrarel más mínimo comportamiento anómalo de este agente.

Ni sus vecinas del residencial San Gregorio -un bloque a las afueras de Pozoblanco con piscina comunitaria y palmeras-; ni sus compañeros del gimnasio al que acudía regularmente; ni siquiera las esposas de los guardias civiles compañeros del Cuartel podían imaginar que meses después este agente al que todos conocían por ser «guapete» estaría implicado en dos procesos judiciales y con unas penas de prisión tan importantes a sus espaldas.

En la frutería que hay bajo el piso arrendado de este integrante sevillano de la Manada saben que este guardia civil ha sido puesto en libertad provisional hasta que la sentencia de la Audiencia de Pamplona sea firme. Aseguran que no era muy habitual verlo por ahí. Una señora termina de pagar su compra, y espontáneamente espeta que es esposa de guardia civil que vive en la casa cuartel y pide «respeto para la víctima pero también para los agentes». Y prosigue, «yo podría hablar mucho de esto, pero mejor me voy a callar».

Antonio Manuel Guerrero, a la izquierda
Antonio Manuel Guerrero, a la izquierda - ABC

El silencio es precisamente lo que reina en esta ciudad del norte de la provincia de Córdoba, pero sin señales de alerta antes de las que saltaron en Pamplona. Los que se cruzaban con este chico al que todos califican de «muy guapete y de buenas formas», aseguran que nunca se podrían imaginar que hiciera algo así. «Ya hace mucho que no le vemos por el barrio, pero estaba muy integrado; iba a jugar al pádel con mis amigas, con las que yo también iba; era educado y muy muy guapo. No solo les gustaba a las chicas jóvenes sino a las no tan jóvenes, no cabía en nuestra mente que pudiera actuar así», admite la vecina.

La rutina diaria de Guerrero, al que sus amigos le llamaban «Anto», era ir al cuartel y luego quedar con algunos compañeros con los que tomaba café o una coca-cola, nunca alcohol, después de ir al gimnasio situado a escasos metros del puesto de la Guardia Civil. En el gimnasio tampoco hablan con la prensa, mueven la cabeza cerrados en banda sobre este antiguo cliente tristemente famoso.

La farmacéutica que regenta una botica en la calle principal conoció a Antonio Manuel Guerrero y como al barrio, le llamaba la atención por lo correcto y amable que resultaba. Para esta mujer la actitud de este joven guardia civil nunca podría hacer pensar que iba a cometer semejantes atrocidades.

En lo que no hay duda es en esta ciudad de los Pedroches a Antonio Manuel Guerrero no lo quieren ver si no es para declarar ante el juez por el caso de otra joven del pueblo cuando volvían de la feria de Torrecampo, días después de los Sanfermines. El proceidmiento judicial ha sido ampliado para recabar nuevas pruebas por la especial complejidad de la causa.