Asistentes al mitin de Vox del pasado martes en Córdoba
Asistentes al mitin de Vox del pasado martes en Córdoba - Rafael Carmona
La cera que arde

La ratonera

En eso se convirtió la salida del Palacio de Congresoso de Torrijos tras el mitin de Vox

CórdobaActualizado:

El martes pasado me fui a lo de Vox. Por aquello de «ver y contar». Y porque para cualquiera que le quede curiosidad en este oficio, ello es un caramelo. Lo primero que debo decir es que el Bar Santos no entra en las variables del CIS: una hora antes de que empezara el asunto, la cola ordenada (y eso es ya noticia) llegaba hasta lo de las tortillas dando la vuelta a la Mezquita-Catedral. No sé si eran curiosos, simpatizantes o gente que se empeña en llevar la contraria a las encuestas, pero el caso es que aquello impresionaba. Las imágenes posteriores mostraron mucha más peña fuera del Palacio de Congresos cuando Abascal cogió el megáfono, que es una de las imágenes de esta distópica España que hacen que podamos morir diciendo que ya lo hemos visto todo, esto es, a la derecha con el megáfono en mano y en algunos casos por imposibilidad de celebrar actos en una recinto universitario.

Los mítines suelen contar con gente entregada y festera y en este caso, el DJ setlist previo a las intervenciones ayuda a preparar aún más la euforia humana. Lo que técnicamente se conoce como «warming up» es un calentamiento patriótico con Manolo Escobar, José Manuel Soto o Siempre Así. A mí lo de Siempre Así me evoca a la época de Merino y los felices años 90 en su recta final. Muchos de los que votaron a Merino en su momento estaban allí, cosa que sé porque aquí nos conocemos casi todos. Y no sólo porque Merino ha desaparecido como tapicería de algún escaño , sino porque el descontento con el PP se palpaba en los asistentes. «No somos un esqueje de nadie», aclaró Abascal en modo botánico. Como digo, la fiesta se preparaba con clásicos de españolidad que no es que hayan sido desempolvados, sino que siempre han estado ahí, como «El novio de la muerte», que cuando uno lo escucha le entran unas desaforadas ganas de ir de nuevo al Sidi Ifni. El respetable es un claro ejemplo de lo que se llama transversalidad y sorprende ver a tanta gente joven de casi todo pelaje. Algunos, por indumentaria, podrían haber asistido hace algunos años en el pabellón de Fátima, cuando Podemos también congregó la intemerata. Pero estaban allí, coreando banderita tú eres roja, banderita tú eres gualda. Apuntado queda.

Me sorprendió gratamente el candidato al Congreso por varias cosas que, de manera estándar, no casan entre sí: profesor universitario, de lengua árabe y de Vox, lo cual demuestra el daño que han hecho los estereotipos y sobre todo, una Universidad políticamente escorada hacia el maná institucional. Además José Ramírez posee un discurso elegante y moderado. Recordó a «los 13 del Gran Bar» que no es una película de Tarantino, sino los fundadores hace unos años de la formación en Córdoba. Había que hacerlo porque el contraste lo requería.

El problema fue la salida del evento, que es lo que deseo destacar aquí: el Palacio de Congresitos no dispone de vomitorios acordes con la afluencia de público. Aquello se transformó en una ratonera, en una cola de gente que parecíamos penitentes detrás del Rescatado. De hecho, casi hubiera dado tiempo a verlo pasar. Lo cual explica que cuando con dinero público se hacen las cosas que se hacen, y lo que tardan, se produzcan respuestas como la que allí congregó a contribuyentes cansados de que les metan la mano en el bolsillo y además, les llamen fachas.