PERDONEN LAS MOLESTIAS
Retromovilidad
El concejal del ramo ha ordenado que los autobuses escolares de gran porte vuelvan a entrar al casco. Viva lo retro, amigos

En la vida, puedes caminar hacia adelante o regresar al pleistoceno. Es lo que acaba de hacer, pongamos por caso, el concejal de Inmovilidad del Ayuntamiento de Córdoba . Por razones que seguramente tendrán su fundamento, ha ordenado que vuelvan a entrar autobuses ... escolares de gran porte al casco urbano . Hasta ayer, los vehículos se estacionaban en la Plaza de Colón y el Paseo de la Victoria y desde allí los niños se desplazaban a pie hacia sus colegios en itinerarios seguros controlados por monitores.
La movilidad del futuro se propone desalojar el uso masivo del vehículo a motor de los centros urbanos. No hace falta ser ingeniero técnico para saber por qué. Las principales ciudades europeas están implementando planes restrictivos de tráfico para combatir la polución, crear espacios amables para el peatón y estimular la vida saludable en los centros históricos. Pero nuestro concejal de Contramovilidad , por motivos que se nos caen de las manos, ha decidido avanzar en dirección contraria a la que marca el sentido de la historia.
Los caminos escolares seguros tienen efectos muy recomendables. El primero de todos ellos es que desempolvan un verbo arrumbado en el baúl de nuestra infancia. El verbo caminar . Para los niños de nuestra generación, ir a la escuela andando era un curso acelerado de conocimiento del universo. Los carámbanos de hielo, las ranas de la charca, el estiércol de la vaquería, los cardos borriqueros que surcaban el sendero de tierra. Los niños (y niñas) de pasado mañana, de prosperar la cosmovisión del concejal de Desmovilidad, estudiarán el verbo caminar en la asignatura de paleografía . En el mejor de los casos.
Desmontar el caótico modelo circulatorio de las últimas décadas es una compleja operación que exige tenacidad y precisión. Una idea de hacia dónde queremos ir y una voluntad política firme . No es fácil desactivar hábitos incrustados en el ADN de los ciudadanos. Sobre todo, de los ciudadanos conductores. Desde ese prisma, los caminos escolares seguros constituyen una pieza medular de la nueva movilidad urbana. Primero, por los beneficios inmediatos que proporcionan en los centros históricos de las ciudades. Y, segundo, por la semilla que siembras en las generaciones futuras .
Cada paso adelante que se da en el ordenamiento racional del tráfico cuesta sangre, sudor y pedagogía por un tubo. Cada paso atrás nos devuelve a la casilla de salida al modo en que Sísifo se veía obligado a subir la piedra, una y otra vez, a la cima de la montaña. Los coches, como el agua, anegan cada centímetro del espacio urbano si no pones medios para evitarlo. No hay conductor que no quiera aparcar su vehículo en la puerta de casa ni padre (o madre) de familia que se resista a meter el coche en las mismas tripas del colegio de sus hijos.
El de los conductores es un lobby más poderoso que las eléctricas . Y ya es decir. Por eso, ni el «pedibús» ha impedido que el año pasado el Ayuntamiento autorizara más de 500 tarjetas Acire para que 500 coches entraran al casco urbano a posar sus ruedas sobre el acerado. Quinientos. Que se dice pronto. Y, por si fuera poco, este año el concejal de Antimovilidad ha dado vía libre para que los autobuses de gran tamaño se unan a la fiesta del desarrollismo retro de los sesenta.
En la vida, puedes caminar hacia el futuro o montar una Concejalía de Retromovilidad como viene siendo el caso. No sé si nos hemos explicado con claridad.
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