Efectos del bombardeo de 1938 en una calle de Cabra
Efectos del bombardeo de 1938 en una calle de Cabra - Cris Velasco / Archivo de la Biblioteca Nacional
HISTORIA

Sabotajes y ataques por sorpresa: Los guerrilleros que quitaron el sueño al Ejército de Franco en Córdoba

Patricio Hidalgo rescata en un libro a los soldados y espías que incomodaron a los nacionales

CórdobaActualizado:

En diciembre de 1938, el general Queipo de Llano, jefe del ejército del sur, prohibió a las tropas que combatían en los frentes de la provincia de Córdoba en la Guerra Civil la circulación nocturna ante el riesgo de las acciones de grupos de guerrilleros, tan hábiles como impredecibles, que saboteaban y causaban daño al ejército de Franco. Y no lo hacía sin motivo: casi desde el principio del conflicto hubo actuaciones de pequeñas unidades que lucharon contra las tropas nacionales y les causaron daños que no hacían peligrar su victoria, pero sí que les provocaban problemas y retrasos y les obligaba a distraer tropas.

A estudiar este fenómeno ha dedicado el historiador Patricio Hidalgo su último libro: «El ejército de las sombras. Espías y guerrilleros republicanos en Córdoba durante la Guerra Civil (1936-1939)», que ha publicado la editorial Almuzara. Patricio Hidalgo recuerda que en Córdoba, a diferencia de en otras provincias, hubo un frente durante casi toda la Guerra Civil, que cruzaba toda la provincia desde el noroeste hasta el sureste. «Era una zona de Sierra y allí los grupos guerrilleros que quisieran hacer daño podían actuar y esconderse con mucha más facilidad que en la campiña, por ejemplo», explica.

Al principio eran sobre todo anarquistas, que tenían una formación muy básica, poco más allá del servicio militar de la época, y que era «mucho más básico que lo que sería después». No podían luchar contra las tropas de élite que habían llegado desde África, pero lo hacían en pequeñas acciones y por sorpresa. Los jefes militares republicanos terminaron por comprender el valor de lo que hacían y organizaron estos grupos por inspiración de los soviéticos que les ayudaban, «y que sabían de su importancia». Por eso se encuadraron dentro del XIV Cuerpo del Ejército, «donde los anarquistas entraron de mala gana y los comunistas sí mostraron mucha disciplina», y gracias a ellos sus acciones fueron todavía más eficaces. Además, tenían algunas de las mejores armas.

Patricio Hidalgo, con otro de sus libros sobre la Guerra Civil en Córdoba
Patricio Hidalgo, con otro de sus libros sobre la Guerra Civil en Córdoba - Rafael Carmona

La línea ferroviaria que subía desde Córdoba a Cerro Muriano era uno de sus objetivos predilectos, «hasta el punto de que todos los días llevaban en el primer tren que subía desde Córdoba todo preparado para arreglar los desperfectos que se encontraban». «La realidad es que el ejército de Franco no supo interpretar lo que pasaba, y los que al principio llamaban niños de la noche pasaron a ser los amos de la noche con sus acciones», cuenta el historiador.

Hubo acciones sonadas, como la voladura de un tren con soldados italianos en El Higuerón, que dejó 36 heridos en el mismo día en que Franco estaba en Villa del Río. Otra acción parecida, en Villanuevoa del Rey, sí dejó dos muertos y, como la anterior, tuvo como respuesta una feroz represión del comisario de Orden Público,Bruno Ibáñez. Los nacionales pusieron en principio a tropas mal preparadas y peor dirigidas, «con armas de un solo tiro, de antes de la Guerra de Cuba», y no pudieron hacer frente a sus acciones. Su actividad era muy inteligente: «Iban por delante, y así pusieron una bomba para detener un tren por Hornachuelos, que iba desde Sevilla hacia Zafra. Sabían que venía otro para auxiliar, y también lo pararon; pero es que intuyeron que otro llegaría de Córdoba y pusieron otra». Siempre iban por delante de los nacionales.

Los guerrilleros iban por delante: una vez pararon un tren que iba desde Sevilla, el que iba detrás y el que sabían que llegaría desde Córdoba

Del espionaje, «el más importante de los republicanos en Córdoba era el Servicio de Información Especial Periférica», que tenía bases en lugares como Adamuz y Pozoblanco y contactos e informadores en muchos otros puntos, «con familiares o conocidos que conformaban una red social amplia, aunque con mayor tamaño que la información que en realidad daban». Así supieron los republicanos, por ejemplo, dónde esaba la batearía antiaérea de Córdoba, «entre el hospital Reina Sofía y Electromecánicas, en algún lugar cerca de El Fontanar», para así evitarla.

La información que daban era a veces valiosa y otras veces había errores. A un fallo del espionaje achaca Patricio Hidalgo el bombardeo de Cabra, que en noviembre de 1938 segó la vida de 109 personas. «Los republicanos tuvieron siempre miedo que desde allí se atacara hacia la parte de Luque y Alcaudete. Y cuando allí supieron que había un cuartel para un mando, pensaron que iban a atacar», cuenta. De los espías, José Mangas fue uno de los más activos, logró pasar inadvertido después de la Guerra, cumplió el servicio militar y luego contó sus recuerdos en «Siete años mal cumplidos».