El misionero cordobés asesinado en Burkina Faso durante una misa en Togo
El misionero cordobés asesinado en Burkina Faso durante una misa en Togo - Pablo M. Díez
ATENTADO EN BURKINA FASO

La hermana del sacerdote de Pozoblanco asesinado: «Él siempre quiso irse a las misiones»

Recuerda la vocación social del religioso que pidió hasta tres veces irse de misiones antes de aterrizar en Togo en los ochenta

Pozoblanco Actualizado: Guardar
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El sacerdote pozoalbense asesinado el pasado viernes en Burkina Faso, Antonio César Fernández, difícilmente será olvidado porque quienes le conocieron se niegan a que una vida de tan hondo calado y de entrega a los demás caiga en el silencio. Una de las hermanas del sacerdote, Patrocinio Fernández, atendió la llamada de ABC sobreponiéndose al dolor porque «lo que tengo claro es que no quiero dejar a nadie sin contarle lo que era mi hermano».

Ahí arranca un relato que habla de un hombre que tuvo desde su juventud muy claro su camino, nació para ser misionero y eso fue hasta el último de sus suspiros.

«Mi hermano era una persona humilde, eso por encima de todo. Luego era una persona muy inquieta en la cuestión social, un humanista enorme, y la tercera cosa es que era muy respetuoso, sabía valorar a todos, a cualquier persona le encontraba mérito para algo», explica la hermana del sacerdote. Esa forma de ser le condujo desde muy joven a iniciar una vida como salesiano que acabaría en el continente que convirtió en su hogar, África. Insistió hasta que consiguió su deseo porque «siempre quiso irse a las misiones y lo solicitó en varias ocasiones, le dijeron que era muy joven y obedeció, pero a la tercera vez que lo pidió lo consiguió y en Togo fue el fundador, junto a otros dos compañeros, de la congregación salesiana».

Fue en 1982 cuando Antonio César Fernández llegó a Togo, un país donde se habla el francés, pero donde ese idioma convive con la lengua nativa. El respeto a la diversidad, a las señas de identidad y a la cultura de los demás le llevó a querer aprender esa lengua antes de macharse. «En las misas se leía el evangelio en francés y en lengua nativa y él las homilías las hacía en francés y en esa lengua nativa como señal de respeto hacia las personas que no pudieron ir a la escuela y no sabían francés. Eso le abrió muchas puertas», relata.

Preocupado por los jóvenes

El objetivo en su última obra era poner talleres en marcha para jóvenes, talleres de electricidad, de carpintería metálica e incluso de música. También acogía a muchas madres jóvenes y muchachas «cuyos maridos no contaban con ellas y tenía talleres preciosos de tejidos, de costura, de corte y confección. Estaba formando a gente sin recursos que estaban recibiendo una educación, pero también que esos formadores llevaran un salario a sus casas», recuerda su hermana.

Ese afán por la educación como oportunidad para un futuro mejor le llevó a luchar porque la cadena de la educación no se viera interrumpida e «incluso puso a niños de la calle a cargo de una persona que les fuera preparando para que cuando llegara el curso escolar estuvieran al nivel adecuado e igualdad de condiciones », narra Patrocinio.

Esa inmensa labor ha provocado que entre el dolor y la pena la familia se muestre «profundamente agradecida» por las muestras de cariño recibidas. «Esto ha sido un milagro. Aquí en Pozoblanco no deja llamarme gente, de decirme unas palabras preciosas para mi hermano. Compañeros de lugares en los que estuvo como Ronda o Úbeda. Ha sido hasta nivel nacional, estamos teniendo un apoyo enorme con condolencias de la Casa Real y de todos los partidos políticos. Eso me da mucha alegría porque él era tan respetuoso con todos que es como si supieran como era mi hermano, es muy bonito y estamos inmensamente agradecidos».