Profesionales del Infoca junto a un helicóptero en la base de Los Villares de Córdoba
Profesionales del Infoca junto a un helicóptero en la base de Los Villares de Córdoba - Rafael Carmona
MEDIO AMBIENTE

Los titanes de Córdoba que luchan contra el fuego en la naturaleza

El centro del Infoca en Los Villares compagina el trabajo contra los incendios forestales con la tecnología puntera

CórdobaActualizado:

«Si vamos 50 al fuego, tenemos que volver 50». Es el lema del equipo Infoca en el Centro Operativo de Los Villares de la Junta de Andalucía. Aquí no hay héroes. Si alguien se hace el héroe, va a la calle. La seguridad es lo primero. Así de rotundo habla el jefe del operativo, Eduardo Nicolás Dueñas, que lleva más de 30 años al frente de un dispositivo dispuesto a apagar llamas de junio a septiembre. El dispositivo está 24 horas en alerta, en una de las múltiples analogías que equiparan su labor con la de un ejército. Las condiciones meteorológicas y el índice hídrico son objetivamente malas en esta campaña.

El invierno ha sido seco y no cae una gota desde abril. El estrés hídrico es acusado, lo que convierte al monte en un polvorín. Este año, 4.500 efectivos -de los que 300 hombres forman parte de los retenes-, dirigidos en un sistema de mando piramidal están preparados para entrar en acción en cualquier lugar de Andalucía. Hace dos años fue Doñana. «Estábamos aquí reunidos, después del entrenamiento que hacemos diariamente, nos levantamos y nos fuimos a Huelva con lo puesto; el fuego era complicado. Estuvimos 14 horas metidos en él, al día siguiente nos dimos cuenta que no teníamos ni ropa interior. Tuvimos que salir a comprar calzoncillos para todos», cuenta Pedro.

Acciones

El sistema que tienen a rajatabla en el adiestramiento que reciben y que tienen interiorizado es el Oacel, que responde a cinco acciones. La primera es la observación de lo que ocurre alrededor, la segunda, estar atentos, la tercera el mantener la comunicación con el resto del dispositivo; la cuarta el escape (tener un camino para poder huir del fuego) y la quinta, disponer de un lugar seguro. A la orden de «fuera», el retén debe abandonar el fuego para evitar desgracias.

Los efectivos del Infoca, preparados para actuar en una zona boscosa
Los efectivos del Infoca, preparados para actuar en una zona boscosa - Rafael Carmona

Francisco Ruiz «Curro» es otro de los efectivos más veteranos en Los Villares. Natural de Obejo, tuvo que ver cómo se quemaba Cerro Muriano. «Fue muy doloroso. Nosotros conocemos bien el monte, y verlo quemarse así...», rememora. «Y la desesperación era que pasaba un día y otro, y, aunque descansábamos unas horas y pensábamos: “hoy sí lo vamos a controlar”, no pasaba. Tardó demasiado en controlarse; era un fuego complicadísimo, con muchos focos; lo dimos todo, era nuestra tierra», lamenta.

Desde hace seis años, el Land Rover que servía de base de operaciones se sustituyó por una Unidad Móvil con avanzados sistemas que incluye estación meteorológica. A su cargo, Inmaculada Díaz, al mando de estos retenes. Desde ahí coordina las órdenes de los superiores y las traslada a los efectivos que forman parte ese día del dispositivo que puede incluir a más de 30 personas en un fuego.

«Sin los aviones no hay extinción», dicen los profesioniales, que soportan temperaturas de 50 grados

Mientras tanto, llega al helipuerto uno de los helicópteros con el bambi, que no es otra cosa que la cesta de 1.100 litros que porta esta aeronave. Todos preparados. Trabajan con unos protocolos inamovibles. «Ellos están adiestrados para arrastrar el bambi; cada uno se baja de la aeronave en el orden que corresponde», matiza Nicolás. En dos horas que es el tiempo máximo de vuelo porque tienen que volver a llenar los depósitos de combustible y dejar 20 minutos el motor descansar para arrancar de nuevo, pueden hacer hasta 30 recargas.

«Cuando estamos dentro del fuego nosotros miramos al cielo, los aviones son esenciales; sin ellos no hay extinción», cuenta Curro mientras suena la alarma que emiten estos helicópteros para que los retenes se aparten. «Aunque alguna vez un remojón no nos viene mal a 50 grados», reconoce, curtido en mil batallas contra las llamas. Y aunque no sean héroes, en Doñana, después de horas de trabajo, al ir a un chiringuito a descansar, el jefe del operativo Eduardo Nicolás se sentó en 2017 con su cara llena de hollín y su camisa verde ignífuga ennegrecida, vino un camarero y le sirvió junto a su bebida, gratis un plato de marisco. Los clientes comenzaron a aplaudirle. Algo que no olvidará nunca. «Hemos pasado de ser cuestionados a héroes, y sólo somos profesionales», sentencia.