Bellido y Ambrosio, en la Feria
Bellido y Ambrosio, en la Feria - Valerio Merino
Perdonen las molestias

Todos pierden

Los resultados electorales se escriben en una gramática líquida codificada

CórdobaActualizado:

Las matemáticas dicen que el virtual alcalde de Córdoba se alzará con el bastón de mando después de haberse despeñado por su peor resultado de los últimos 28 años. El señor Bellido se ha dejado por el camino 8.000 votos respecto de las elecciones de 2015 y 36.000 si tomamos como referencia 2011. Aquel año, su partido registró su hito histórico: 79.493 votos y 16 concejales. A tan solo 192 papeletas del imbatible récord del señor Anguita.

La política es un extraño universo donde la aritmética pierde todas sus cualidades sumatorias. Se puede ganar perdiendo y perder ganando en ese juego increíble de perspectivas en que se desarrolla la realidad electoral. Ahí está el caso de la señora Ambrosio. Ha incrementado en casi 9.000 votos y 6 puntos relativos su resultado del 26-M y, sin embargo, se le esfumará la Alcaldía de entre las manos. Una nueva prueba de que se puede obtener la segunda mejor marca del PSOE desde la restauración democrática en medio de la más absoluta de las desolaciones.

Para desolación, se nos viene a la línea el señor García. Ha logrado la inverosímil hazaña de enterrar a IU en su peor rendimiento histórico. No era fácil la empresa. Para lograrlo había que poner mucho interés. Pero mucho. En medio del desmantelamiento de las candidaturas del cambio, no ha conseguido captar ni uno solo de los 18.000 votos desmovilizados como consecuencia del fraude democrático de Ganemos «fake». Que ya es decir. En cierta manera, IU regresa a su lugar estanco natural. Y el señor García se ha limitado a apagar la luz de esa ensoñación que se encendió milagrosamente en 1979 y que ha perdurado en el tiempo más de lo que el sistema tenía previsto. Alguien tenía que hacerlo. Apagar la luz, queremos decir.

Ciudadanos es la demostración empírica de que en política las matemáticas son una ciencia inexacta. Gana concejales pero pierde fuelle. Suma casi 8.000 votos pero está a años luz del PP. Su crecimiento electoral nos recuerda a la angustiosa carrera de un niño en medio de una pesadilla. Corre mucho, de acuerdo, pero no avanza. Lo que en términos políticos quiere decir que en la feroz disputa por el liderazgo del centro derecha Ciudadanos está perdiendo la batalla.

Otra cosa es que en la foto del día después despliegues una sonrisa panorámica. Vale. De acuerdo. Has ganado pero has perdido y tienes que simular ante tu gente que has ganado aunque hayas perdido. Es la liturgia del día después. Esa que usted ha visto tantas veces desde la butaca de su saloncito. Cada vez que se abren las urnas seguimos subiendo. Vale. De acuerdo. Estupendo.

También ha subido Vox. Es cierto. Pero ha subido bajando. Otro ejercicio de aritmética cuántica de la que le hablamos más arriba. Quiere decirse que entra en el Ayuntamiento por primera vez en su historia con dos concejales pero experimenta una caída a plomo desde las generales del 28-A para habernos matao. En un mes, ha perdido casi dos tercios de sus papeletas y ha visto reducido a la mitad su peso relativo. Para arrogarse la representación de España y de los españoles, un 8% es poquita cosa. Quizás porque este país es una realidad bien distinta a la que imaginan.

Los resultados electorales se escriben con una gramática líquida de compleja descodificación. Quien gana pierde y quien pierde gana aunque todos quieran convencernos de lo contrario. Y hay veces, queridos contribuyentes, en que lo consiguen.