Un controlador se marcha del patio de la calle Tinte, 9
Un controlador se marcha del patio de la calle Tinte, 9 - Valerio Merino
FESTIVAL

El último «selfie» en un Patio de Córdoba

Concluye el festival de Patios con la sensación de un barrio de San Basilio masificado por las visitas

CórdobaActualizado:

Las colas en el Alcázar de los Reyes Cristianos y el reguero de visitantes que cruzaba el arco hacia San Basilio a las 11 de la mañana daban idea que la jornada de domingo iba a ser complicada al otro lado de la muralla entre callejas empedradas, cascadas de flores en los balcones y casas encaladas de puertas de añil intenso. Era el último día para visitar más de sesenta casas en el Concurso de Patios 2019, y no defraudó. A las 13.00 horas ya habían pasado por San Basilio, 44 sede de la Asociación Amigos de los Patios más de 1.200 personas, sólo en dos horas.

Las colas de uno y otro patio pares e impares serpenteaban desde San Basilio a Martín de Roa donde un frondoso árbol de flores lilas señalaba el patio ganador del primer premio en arquitectura antigua (Martín de Roa, 7). Cruzar de un lado al otro de la calle era un atrevimiento. Las colas se superponían porque el aforo dentro de los recintos estaba bastante limitado. La responsable de la empresa de contratación de los controladores se pasaba in situ por algunos de estos patios para comprobar si todo marchaba bien.

El principal cambio de esta edición ha sido la limitación de las entradas al patio. No más de 10 personas -las que entran por las que salen- por lo que las colas eran de obligado cumplimiento. «Si queremos ver bien el patio sin masificación y poder hacer fotos sin molestarnos unos a otros y no sacar cabezas, ésta es la única forma de que realicen las visitas», reconocía el secretario de la Asociación Amigos de los Patios, Miguel Ángel Roldán a ABC. Al otro lado de la calle, Ana de Austria, propietaria de San Basilio, 22, sentía «apuro» por las familias que aguardaban cola a las puertas de su casa y sin embargo, su patio -que es espacioso- estuviera semivacío. «Los controladores hacen lo que han acodado pero me gustaría que pudiesen pasar más personas a ver el patio; va a llegar las dos de la tarde y las personas están fuera y llevan una hora esperando al sol», aseguraba De Austria.

En medio de la marabunta que ya ocupaba de pared a pared este eje principal del Alcázar Viejo abrían paso a una señora en silla de ruedas, y algún niño ataviado con sombrero, crema solar y botella de agua en mano.

Unas colas que también se repitieron en menor medida en la zona de Santa Marina. En Marroquíes 6, Francisco Pérez, segundo Premio de Arquitectura Antigua y que el año pasado fue el primer premio, admitía que la floración ya estaba un tanto decaída por estas dos semanas. Era hora de cerrar.