En el centro, el delegado de Agricultura, Manuel García, y el director de la Alhambra, Reynaldo Fernánez.
En el centro, el delegado de Agricultura, Manuel García, y el director de la Alhambra, Reynaldo Fernánez.
ALHAMBRA GRANADA

La Alhambra, a por espárragos mientras las agencias turísticas huyen de Granada

Los problemas con las entradas espantan a touroperadores: «Preferimos no vender que vender algo mal»

GranadaActualizado:

Los escritos de la antigua Granada que han llegado hasta el presente siguen permitiendo la reconstrucción de la Alhambra, no solo en un sentido arquitectónico, sino también en los diversos aspectos de la cultura nazarí. Tras la recuperación de la producción de aceite investigada por el justicia o de la actividad ganadera con el pastoreo de ovejas, el Patronato de la Alhambra y el Generalife ha decidido sembrar de nuevo un alimento catalogado de manjar por los antiguos pobladores de la fortaleza: espárragos, procedentes de Huetor Tájar. La plantación ha sido presentada este martes por el director del monumento, Reynaldo Fernández, y el delegado de Agricultura de la Junta de Andalucía, Manuel García Cerezo, ajenos a la polémica permanente sobre el servicio de gestión de entradas, cuyas trabajas burocráticas están espantando a importantes touroperadores.

Varios agentes han dejado de trabajar con la Alhambra por los problemas derivados del nuevo sistema de reserva de entradas, que impide cambios en los tres días previos a la visita –cuando se producen cancelaciones y adquisiciones de última hora– y emplea tickets nominales –un error en la transcripción del nombre puede dejar fuera al visitante– por motivos de seguridad. Sin embargo, el monumento no trabaja con billetes asociados a un único DNI en otro tipo de actividades, como los ciclos de conciertos estivales, ni tampoco la seguridad parece ser la prioridad del Patronato de la Alhambra, que aún no ha instalado arcos de detección de metales en sus instalaciones.

El recientemente implantado sistema de reserva de entradas a tres meses vista ha generado un gran malestar entre las agencias de viajes, guías y operadores, así como en otros colectivos que también se consideran afectados por esta medida, inflexible ante los frecuentes cambios de última hora en el volumen de los grupos, lo que hace que en ocasiones sobren o falten entradas. En el mejor de los casos, los que trabajan con turistas logran cuadrar sus grupos a costa de sacrificarse personalmente, como denuncian algunos de ellos. «Es una dictadura total», lamenta José Manuel Reche, portavoz de la plataforma «Todos somos la Alhambra», compuesta por diversos actores del sector turístico.

«Preferimos no vender»

«Si tú tienes 50 entradas, pero necesitas 54, no hay forma de conseguirlas si te las piden a última hora, porque se piden con tres meses de antelación», ejemplifica Reche. La rigidez del sistema informático, basado en un software elaborado por otra de las empresas cuestionadas y perfeccionado por la Universidad de Granada, está poniendo en riesgo a Granada como destino turístico en casos de empresas comprometidas con un perfil de cliente que interesa en la ciudad: el visitante que pernocta. Según ha podido comprobar ABC por fuentes del sector, ya se han producido varios casos de retirada, como el de Costa Cruceros, y casi una veintena de operadores están sopesando excluir la provincia de su oferta por las dificultades para trabajar con la Alhambra.

De acuerdo con las misivas a las que ha accedido este periódico, algunas de estas empresas habrían manifestado a la dirección del monumento su malestar por la situación sin obtener respuesta alguna. «Demuestra que no entienden cómo funcionan los mecanismos de distribución y comercialización del turismo a través de operadores», lamenta un touroperador brasileño que ha renunciado a ofertar billetes de la Alhambra por la rigidez de las reservas: «El turismo no es un elemento fijo, sino en continua transformación a la cual todos deben estar debidamente preparados. […] Preferimos no vender que vender algo mal y que nos dé quebraderos de cabeza innecesarios». «Es horroso, un absoluto desprecio al turismo», advirtiere un guía oficial que desarrolla su actividad en el monumento.