Federico García Lorca, con amigos en una finca de Uruguay; una de las fotografías de la exposición.
Federico García Lorca, con amigos en una finca de Uruguay; una de las fotografías de la exposición. - ABC
Cultura

Al amor de Lorca: una vida de deseo y sexualidad sin comprensión

La exposición «Jardín deshecho» del Centro Federico García Lorca de Granada aborda por primera vez la relación del poeta con los sentimientos centrales de su obra

GranadaActualizado:

«Amó mucho», escribió en 1937 Vicente Aleixandre, refiriéndose a su amigo Federico García Lorca: «Cualidad que algunos superficiales le negaron. Y sufrió por amor, lo que probablemente nadie supo». «¿Frustrado de qué? Pocos hombres fueron tan colmados, hasta en el amor. Si ha sufrido es porque es imposible llevar dentro un corazón exigente sin sufrir», dijo de él la hispanista Marcelle Auclair, una de tantas personas que pudieron conocerle. Pero no pocos le negaron, después de muerto, su condición inequívocamente homosexual, que siempre estuvo y fue haciéndose más evidente con los años, y también más dolorosa e incomprendida.

El amor, la pasión y la sexualidad son temas centrales en su obra, pese a que nunca habían sido tratados en una exposición. Clavados en su vida, como en la de cualquiera, estos extremos se intuyen en poesías, reflexiones, correspondencia y dibujos. Con mimo y profundidad, a su amor, la muestra «Jardín deshecho», presentada este jueves en el Centro Lorca de Granada, aborda las pasiones del escritor universal a través del tiempo, desde sus primeros años en la Vega granadina —cuando el amor era para él un «imposible» y escribía de la «mujer lejana»— hasta su asesinato, que truncó sus ansias de deseo siempre insatisfechas.

«La rosa / no buscaba la aurora: / casi eterna en su ramo, / buscaba otra cosa», reza una de las casidas que componen el «Diván del Tamarit» de Lorca. Como en tantas obras culminadas en las postrimerías de su fugaz aunque intensa vida, el poeta granadino refleja una pulsión, una necesidad de encontrar aquello de lo que se carece cuando ya se tiene lo que se quiere. Frente al «You can’t always get what you want» de los Rolling Stones, canción en la que Mick Jagger que apela al conformismo, la obra de Federico García Lorca no se resigna, es una constante búsqueda infructuosa.

Con esa comparación, el comisario de la exposición, el hispanista y experto lorquiano Cristopher Maurer, ha definido la turbulenta relación de Lorca con el amor durante la presentación de la muestra. Mediante un relato cronológico, orbita alrededor de este sentimiento, como si se tratara de la propia obra del poeta. Con la misma ambigüedad con la que Federico García Lorca se explicaba, «Jardín deshecho» propone una panorámica mística —sin olvidar la influencia de San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús, ni tampoco su fe cristiana y crítica con la Iglesia— de su experencia amorosa, un martirio de flechas ante el que quería mostrarse resiliente como San Sebastián, el santo que aparece en uno de los cuadros de la exposición y que simbólicamente compartía con el pintor Salvador Dalí.

El hispanista Cristopher Maurer ha comisariado la exposición.
El hispanista Cristopher Maurer ha comisariado la exposición. - L.R.

Capítulo aparte merece su paso por la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde Federico trabó sus amistades más intimas. Mientras la sociedad de la época mantenía férreos prejuicios sobre la homosexualidad, como demuestran los tratados de su amigo el doctor Gregorio Marañón, en los que esta tendencia era tratada cual enfermedad o disfunción, Lorca se centró en conocer el esplendor del amor junto a Dalí, y después vivió el dolor del desengaño que le hizo marcharse lejos de España, donde pudo conectar plena y libremente con su ser amante que presagiaba una tragedia casi griega; como las de los clásicos que leía en Granada años.

Carne y distancia

Fue en sus viajes por América —primero a Nueva York y Cuba y más tarde a Buenos Aires y Montevideo— cuando Lorca encuentra nuevas formas de representar y vivir su homosexualidad en profundidad. Fruto de aquella experiencia, repleta de carne y distancia, el poeta consigue hacerse con un espacio propio en esos países donde impartía conferencias sobre el duende. Se rodeó de los intelectuales latinoamericanos más brillantes del momento, asentando las bases de una próxima etapa que sería final y en la que cosechó el éxito y el reconocimiento ya más como dramaturgo que como poeta.

Desde «El Público» (1930), prácticamente en su último lustro, Lorca escribió sus obras teatrales más importantes, tales como «Bodas de sangre» (1933), «Yerma» (1934), «Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores» (1935) o «La casa de Bernarda Alba» (póstuma). En ellas, plasmó su abrumadora personalidad, cuestionando las normas sociales, en especial las referidas a la sexualidad y al género, con el amor como tragedia a la vez que le confiere un poder transformador y salvador.

«Que no se acabe nunca la madeja / del te quiero me quieres», rezaba en sus «Sonetos del amor oscuro», otro título póstumo en el que Lorca regresa a esa contradicción dicotómica a la que volvió constantemente, hasta su final. Aquel libro —al que ABC puso nombre al publicar su contenido inédito—, que como otras obras quedaron inconclusas con su asesinato en 1936, iba a llamarse «Jardín de los sonetos». Habría supuesto un broche poético a ese «jardín de la agonía» mencionado en sus últimos versos, lejos pero todavía allí donde había anhelado adentrarse desde su juventud.

20 años antes de su muerte, escribió: «Quiero entrar frío pero agudo en el jardín de las simientes no florecidas, y de las teorías ciegas en busca del amor que no tuve pero que era mío». Y así quiso, desde aquel tierno amor que sintió por la joven María Luisa Natera Ladrón de Guevara hasta los grandes romances que marcaron su existencia, como el de Emilio Aladrén o Rafael Rodríguez Rapún, su último amor, con quien mantuvo una emotiva correspondencia hasta que fue asesinado.

Una perspectiva innovadora

Una carta que dirigió Lorca a Rapún es una de las 135 piezas que componen este «Jardín deshecho», que ha sido presentado este jueves por las administraciones —todas— que componen el patronato gestor del Centro Lorca de Granada, pensado para albergar el legado del escritor. Al acto han asistido el ministro de Cultura, José Guirao; la consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo; el presidente de la Diputación de Granada, José Entrena; y el alcalde de Granada, Luis Salvador, así como la directora del museo, Sara Navarro, y la sobrina del poeta y presidenta de la Fundación Lorca, Laura García-Lorca.

Autoridades, durante la presentación de la exposición en el Centro Lorca.
Autoridades, durante la presentación de la exposición en el Centro Lorca. - L.R.

Todos ellos han celebrado esta inauguración que supone una «perspectiva innovadora» sobre la obra de Lorca, «un camino de excelencia» para el «normal devenir» del Centro Lorca, como ha reseñado el ministro de Cultura. «Sorprende que este enfoque [el de la vida amorosa de Lorca] no haya sido tratado antes», ha apuntado al invitar al público a que conozca una muestra «única». «Respetando el misterio» al que solía referirse Lorca, Cristopher Maurer propone una visión novedosa de ese sentimiento que «es el motor de su obra», y que sólo él entendía.

Quiso mucho. Y se quiso más. El propio Lorca se dedicó a sí mismo un ejemplar de su primer libro, «Impresiones y paisajes» (1918), que forma parte de la muestra que estará abierta al público en el museo granadino hasta el próximo 6 de enero: «A mi queridísimo Federico García Lorca, único que me conoce y sabe entender todo el encanto de tristeza que tiene mi corazón. Su propio corazón...». Quiso tanto que al final murió «de amor». Federico, como solía, lo predijo por escrito.

Lorca se dedicó su primer libro a sí mismo.
Lorca se dedicó su primer libro a sí mismo. - L.R.