Fabila y Balduino de Bélgica
Fabila y Balduino de Bélgica - ABC

Los dorados veranos de los reyes Balduino y Fabiola en Motril

Los monarcas de Bélgica encontraron en Granada un redil de tranquilidad para pasar los meses estivales de descanso

GRANADAActualizado:

Fue en Granada donde se escribieron durante más de 30 años algunos de los capítulos de la historia de amor del Rey Balduino y Fabiola. Lejos del ruido y del pujante lujo de los años dorados de Marbella, los monarcas de Bélgica encontraron en Motril un redil de tranquilidad del que disfrutaron verano tras verano.

Balduino quedó prendado del paisaje de la Costa Tropical de Granada en los años 60, cuando viajaba en helicóptero de Sierra Nevada a Motril. Una vez allí, el carácter de los vecinos y el agradable clima les animaron a quedarse. Para ello se hicieron con una extensa finca a las afueras del pueblo, en la zona que hoy se conoce como Playa Granada.

Los monarcas se hicieron con unos terrenos que eran propiedad de la familia Agrela, a quien pertenecía la más importante azucarera de la comarca. Bajo la supervisión del propio Balduino, levantaron una vivienda de 2.000 metros cuadrados, más bien austera, a la que llamaron Villa Astrida, en honor a la princesa Astrid de Suecia, la madre de Balduino.

La Guardia Civil, que disponía de varias garitas junto al inmueble, custodió durante años este recinto completamente tapiado, a sólo un minuto de la playa. Cuando los reyes acudían a bañarse en el mar, los agentes solían cerrar al público el ancho de la playa que corresponde a la finca por motivos de seguridad.

Él y Fabiola permanecieron vinculados a la Costa Tropical durante tres décadas que conformaron un variado anecdotario en Motril, donde sin duda dejaron su impronta. Los locales creyeron en un primer momento que la llegada de los reyes belgas supondría un empuje económico para el pueblo, como había ocurrido en Marbella, pero sus estancias en Motril fueron más bien discretas, a pesar de lo cual no era extraño ver a Fabiola comprando en las tiendas del centro urbano, o a Balduino practicando deporte por la vega motrileña, entre las infinitas plantaciones de caña de azúcar.

Incluso llegaron a participar en actos de carácter religioso. La sencillez que demostraron los monarcas les hizo convertirse en parte del patrimonio motrileño y ganarse el afecto de sus vecinos. Muchos de ellos conservan un grato recuerdo de aquellos veranos en los que la salud de Balduino y Fabiola les permitía disfrutar de los placeres meridionales.

Fin de una época

El destino quiso que a Balduino la muerte le llegara en Motril en la tarde del 31 de julio de 1993. Falleció frente al Mediterráneo a causa de un fulminante ataque cardiaco tras varios años con complicaciones de corazón. El personal de servicio halló su cuerpo sin vida -y con un libro entre las manos- en la piscina cuando se acercaron hasta él para avisarle de que la cena estaba servida.

Aquellos días, los ojos del mundo se posaron sobre Motril, hasta donde se desplazaron los Reyes de España. Juan Carlos y Sofía se encontraban en Mallorca, pero viajaron de inmediato a Granada para despedir con todos los honores el féretro de Balduino en el aeropuerto de la capital.

La desaparición de Balduino no impidió que Fabiola regresara durante años a Villa Astrida, aunque su ya elevada edad hizo que se redujera la frecuencia de sus visitas a Andalucía. La última fue en octubre de 2009, un lustro antes de fallecer tras una larga vida que por siempre estará ligada a Motril y a Granada.