La parlamentaria andaluza del PP, Marifrán Carazo, con representantes del sector turístico.
La parlamentaria andaluza del PP, Marifrán Carazo, con representantes del sector turístico. - RAMÓN L. PÉREZ
ALHAMBRA GRANADA

Las entradas de la Alhambra se convierten en un problema andaluz

La asociación regional de agencias turísticas apoya la manifestación en el monumento y exige cambios en el polémico sistema de reparto de billetes

Granada Actualizado: Guardar
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La polémica del sistema de reserva de entradas de la Alhambra –una de tantas controversias que envuelven la gestión de la fortaleza nazarí– ha pasado de ser una cuestión menor a un problema autonómico para el que se buscan soluciones y mediaciones al más alto nivel. Por ahora, no hay reuniones previstas para frenar la manifestación del próximo día 27. El sector turístico ha alzado la voz, no ya en Granada, sino en el resto de Andalucía, contra la inflexibilidad y el propio planteamiento del modelo de reserva de billetes: una fórmula algorítmica que inquieta al empresariado de toda la región.

Si no hay cambios, habrá concentración en la misma Alhambra. La Asociación de Agencias de Viajes de Andalucía ha sido la última en pronunciarse sobre un asunto al que la Junta de Andalucía, tras múltiples encuentros con el sector, no ha dado respuesta que satisfaga a la mayoría de operadores locales, que se concentran en Málaga y Granada. Y de lejos, el resto de provincias. En la comunidad autónoma, la demanda de entradas asciende a 800.000, algo más de la mitad del cupo asignado a las agencias turísticas: alrededor de 1.400.000.

El problema radica precisamente en esa diferencia, sostiene el presidente de la Asociación de Agencias de Viajes de Andalucía, Sergio García Ferreira, que habla sin reparo del tabú de los «agentes pijama». Se refiere a personas constituidas fiscalmente como agencias de viajes –sin serlo– para conseguir billetes que más tarde suministran a otras agencias. De esta forma, se aseguran así la disponibilidad de entradas. Aunque a un precio superior al oficial para recompensar a esta suerte de testaferros, los cuales tienen acceso al 100% de sus entradas, dado que –a diferencia de las agencias reales- no sufren cancelaciones, penalizadas por el algoritmo desarrollado por la Universidad de Granada

Al final, la misma entrada que oficialmente ronda los 15 euros se puede vender hasta por varios cientos de euros fuera del cauce oficial. El Patronato de la Alhambra se felicita por haber evitado la «imagen tercermundista» de las colas con la estampa de la reventa, aunque de facto es una realidad que se mantiene por la propia naturaleza del sistema de reparto de entradas. Uno de sus agujeros es el de estos códigos de reserva con los que operan los llamados «agentes pijama», contra los que el director del monumento, Reynaldo Fernández Manzano, asegura que poco se puede hacer.

Bolsa de entradas

«Toda agencia legalmente constituida no se puede excluir arbitrariamente», esgrime el director de la Alhambra, que supedita la decisión a los informes de los servicios jurídicos, a los que también consultaría para valorar la posibilidad de acometer uno de los cambios requeridos: la creación de una bolsa de entradas, como la que existió entre 2008 y 2012, que garantizaría la demanda de billetes de última hora. «No nos cerramos, pero jurídicamente es muy complejo», afirma Fernández Manzano.

Por su parte, Sergio García Ferreira considera que la «fórmula» de la bolsa evitaría que las agencias recurrieran al «mercado negro»: «No queremos más entradas que las que hay». Su negativa a modificar el aforo es algo en lo que coincide con Reynaldo Fernández. «Lo que no entiende el Patronato de la Alhambra es que los grupos de turistas están vivos», señala García Ferreira, en referencia a la falta de flexibilidad en los cambios de última hora, debida en parte a la implantación de las nuevas entradas nominales.

El sector empresarial también carga contra el hecho de que los billetes vayan aparejados a un nombre y un documento de identidad. «La entrada anónima sí es una entrada fácilmente revendible», expone Reynaldo Fernández, convencido de que la implantación de esta modalidad de entrada es «una tendencia internacional». «Es una guerra anacrónica», se ratifica, que también perjudica a la seguridad del monumento, si bien la Alhambra carece siquiera de arcos de seguridad. «Cualquiera puede acceder con una mochila con explosivos», comenta el presidente de las agencias andaluzas.

Sobre el asunto de las entradas está previto que pregunte este miércoles la parlamentaria andaluza del PP, Marifrán Carazo, que también interpelará al consejero de Cultura, Miguel Ángel Vázquez, para que aclare el control de los ingresos del parking de la Alhambra.