Granada supera los límites de NO2, el contaminante producido por la combuistión de los coches.
Granada supera los límites de NO2, el contaminante producido por la combuistión de los coches. - ABC
Contaminación

Granada y su área metropolitana, en la lista negra por contaminación junto a Madrid y Barcelona

Los niveles de aire tóxico rebasan otro año más los límites legales, según recoge el informe que el Ministerio para la Transición Ecológica presentará ante la Comisión Europea

GranadaActualizado:

Granada y su área metropolitana están en la lista negra por contaminación. Solo superadas por Madrid y Barcelona, la capital y los municipios del cinturón presentan niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) —la partícula que fundamentalmente emiten los tubos de escape de los vehículos— por encima de lo permitido. Así lo refleja el último informe del Ministerio para la Transición Ecológica, publicado esta semana y que será presentado ante la Comisión Europea el próximo mes de septiembre para rendir cuentas.

El Informe de Evaluacion de la Calidad del Aire en España, correspondiente a 2018, presenta una ligera mejoría en cuanto al número de zonas que han superado los límites legales establecidos por la Unión Europea. Expertos consultados por este periódico apuntan que este hecho se debe fundamentalmente a las condiciones climatológicas favorables, que en el caso de Granada no han sido suficientes para mitigar la toxicidad del aire, por lo que repite en la lista negra por segundo año consecutivo.

En cuanto al NO2, los medidores registraron una concentración media anual de 46 microgramos en Granada, una cifra que podría ser superior si los pocos contadores oficiales que hay instalados en el cinturón reflejaran los datos de las calles de la capital, donde se produce la mayor concentración de aire sucio por la altura de los edificios, los cuales impiden que la ciudad transpire. Una situación que se suma a la compleja orografía de la ciudad, la nefasta planificación urbanística y la falta de transporte público, lo que supone una mayor dependencia del vehículo privado.

El umbral legal de dióxido de nitrógeno, fijado en 40 microgramos por metro cúbico, sólo fue superado en otros puntos de la geografía española: Madrid (55), el área metropolitana de Barcelona (54) y, por detrás de Granada, el también madrileño Corredor de Henares (41). Los reiterados incumplimientos de las dos grandes urbes españolas son el motivo por el que la Comisión Europea ha anunciado que denunciará a España ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Plan sin cumplir

De acuerdo con fuentes conocedoras del procedimiento, Granada ha sido excluida del mismo por el momento, dado que el expediente relativo a Madrid y Barcelona es anterior. Sin embargo, el informe del Ministerio para la Transición Ecológica incide en que, desde 2011 hasta 2018, en Granada «se han producido reiteradamente superaciones» de los límites legales de NO2. El documento del Gobierno recuerda que la capital y el área metropolitana contaban con una prórroga —que expiró en 2014— para el cumplimiento de la legislación.

Han pasado los años y Granada permanece a la cabeza de esta lista negra, a pesar de que desde 2017 la capital cuenta con un plan propio para controlar la calidad del aire, el cual no está siendo ejecutado. Dicho plan persigue establecer un protocolo de «restricción al tráfico rodado en función de los niveles de contaminación, la zona y tipo de vehículo», además de una actualización del plan de movilidad, la sustitución de la obsoleta flota de autobuses o la prohibición de los autobuses turísticos contaminantes en el centro de la ciudad.

De momento, ninguna de estas medidas están siendo puestas en práctica, mientras el problema de la contaminación se enquista y cada vez preocupa más a la población granadina. Según Antonio Daponte, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública y director del Observatorio de Salud y Medio Ambiente de Andalucía, los estudios realizados en Granada demuestran la incidencia del aire sucio: los granadinos viven de media un año menos y existe una relación entre los picos de contaminación y el número de ingresos hospitalarios y muertes por patologías cardiovasculares y respiratorias.