Patio de los Leones de la Alhambra
Patio de los Leones de la Alhambra - EFE
PATRIMONIO

Un año de intrigas en la Alhambra de Granada

El Patronato que gestiona el monumento granadino sigue condicionado por los escándalos de la etapa de Mar Villafranca que dimitió por el fraude de las audioguías

DIEGO MÁRQUEZ
GRANADAActualizado:

La entonces directora de la Alhambra, Mar Villafranca, dimitía a principios de julio del año pasado después de que la Fiscalía se querellara contra ella por malversación de caudales públicos, blanqueo de capitales y prevaricación dentro de la causa abierta por el servicio de audioguías que pudo suponer un fraude de 5,4 millones de euros a las arcas del monumento más visitado de España.

Contra las cuerdas y sin la confianza de sus superiores en la Junta de Andalucía, la que muchos conocían en Granada como la «sultana», una suerte de alcaldesa paralela en el recinto nazarí, no tuvo más remedio que dar un paso atrás. Era el momento de demostrar quién mandaba en la Alhambra. Por eso, el primer nombre que sonó en los círculos políticos granadinos fue el de Manuel Pezzi, quien fuera consejero en los noventa, padre de lo que se conoció como Segunda Modernización y, en definitiva, hombre curtido en mil batallas a servicio del PSOE de Andalucía.

La consejera de Cultura, Rosa Aguilar, cortó de raíz la operación. No era forma de empezar la nueva etapa, con un Ayuntamiento aún en manos del Partido Popular, y en una ciudad muy sensible a la gestión que se hace de la Alhambra desde Sevilla.

El nombre de Reynaldo Fernández, sonó mejor por el talante conciliador. Ex concejal socialista de Cultura con José Moratalla, fue nombrado director. Pero, cuando se va a cumplir un año de esta nueva etapa, ¿qué ha habido de nuevo en la gestión de la Alhambra? El perfil es distinto, y tiene órdenes de revisar todo en una estrategia que, a grandes rasgos, es continuista.

Las adjudicaciones siguen enmarañadas en un halo de sospecha. Las empresas las impugnan, y los pliegos de los grandes contratos no salen adelante a la primera prácticamente nunca.

Concursos ralentizados

El contrato para las audioguías que prestaba Stendhal, antes GTP Museum Solutions, caducó en octubre pasado. Fue la denuncia de un trabajador de esta empresa la que terminó provocando la investigación judicial que puso punto y final a la etapa de once años en los que Villafranca reinó en la Alhambra. Su sucesor había de afrontar la delicada tarea de sacar a concurso este servicio limpio como una patena.

Tuvo sus dificultades y aún hoy la Alhambra está a la espera de poder volver a alquilar audioguías a sus visitantes con normalidad. Previsiblemente será a la vuelta del verano cuando la nueva empresa adjudicataria, Gvam Guías Interactivas, ponga a disposición de los turistas del monumento sus tablets multimedia.

En el proceso de adjudicación que ganó, los pliegos se tuvieron que elaborar dos veces por fallos en la redacción. La obsesión por reforzar los controles del servicio que ha ensombrecido definitivamente la gestión del monumento nazarí ha retrasado la recuperación de un servicio que se esperaba en principio para esta pasada primavera.

En la causa abierta por las audioguías, la Fiscalía resaltó el «nulo control» por el Patronato de la Alhambra en el seguimiento del contrato que derivó en fraude y en soporte para el blanqueo de dinero, según las pruebas que recopiló la Policía Nacional en la toma de declaraciones a investigados y testigos directos.

Para dotar de más transparencia al nuevo proceso, Reynaldo Fernández se abstuvo de participar en la resolución en la que estuvieron presentes las seis firmas que aspiraban al servicio. La empresa adjudicataria se ha hecho con el servicio por un importe de 2 millones de euros con un canon anual de 520.000 euros, según consta en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía.

Siguiendo en el BOJA, la tramitación de la licitación para la gestión integral de la reserva y venta de entradas estuvo suspendida por la interposición de recurso por parte de una empresa. Entre algún participante en el proceso cundió la sensación de que el pliego podía estar redactado con objeto de beneficiar a una compañía concreta. Ahora está en el gabinete jurídico.

El descontrol en la venta de entradas en coordinación con algunos touroperadores era anterior a los once años de Villafranca. Derivaron en una macroinvestigación judicial que volverá a las portadas el próximo septiembre cuando se celebre la vista oral con 50 acusados y más de una treintena de letrados.

Gestión de reservas

Sus consecuencias en el recinto alhambreño aún colean. Más allá de cómo y cuando se resuelva el contrato actual, existe una mesa con empresarios y touroperadores de fuera y dentro de Granada que puso en marcha Villafranca y sigue reuniéndose para debatir sobre la normativa del sistema de venta de entradas que ha de regir en la Alhambra.

Hay que organizar cómo se distribuyen los lotes de entradas para cada uno, los porcentajes y cómo cada operador puede acceder. No es lo mismo el empresario granadino que gustaría de trabajar con más entradas que poder comercializar de un día para otro que la agencia que ha de cerrar paquetes turísticos a seis meses vista para visitantes de Asia.

Trabajan en avanzar en «consensos con la premisa de que no vamos a contentar a todo el mundo», reconoce el presidente de la Federación Provincial de Empresarios de Hostelería y Turismo, Trinitario Betoret. Los plazos con los que se puede conseguir entrada en la Alhambra son una odisea para muchos visitantes y para quienes tienen que proveerlas según lo que marque el Patronato.

El sistema es «mejorable» y tiene «impacto» en el empresariado local que pide que se prime a quien pernocta en Granada «porque el monumento está en la ciudad y es algo que tenemos que plantear», explica Betoret que pone sobre la mesa una petición: que el empresariado granadino se siente en el consejo rector de la Alhambra, controlado ahora en su inmensa mayoría por administraciones socialistas.

Para Betoret, sería una forma de poner sobre la mesa una «visión comercial» aunque «respetando siempre el peso de la conservación» en el monumento.

La restricción del número de visitantes que pueden acceder cada día al recinto alhambreño causa recelos en buena parte del empresariado y también entre responsables de la política turística.  Así, los empresarios granadinos piden voz en el Patronato, y si además «tenemos voto, más compromiso tendremos». La Junta, conocedora de la petición, nunca ha dado respuesta.

El otro gran contrato que también sufrió retrasos es el de la gestión de las visitas a los monumentos de la Dobla de Oro de los que, en el Albaicín, se encarga la Junta de Andalucía a través de su organismo autónomo. El servicio de atención e información de los distintos puntos visitables pasó por hasta tres procedimientos de contratación en la anterior etapa.

Los dos primeros concursos quedaron desiertos y el tercero no se llegó a adjudicar pues la dirección de Fernández lo suspendió «solicitando un informe en aras a la transparencia y buena gestión al gabinete jurídico de la Junta» según indicó Rosa Aguilar, en sede parlamentaria el pasado noviembre.

Tras dicho informe se optó por abordar el proyecto «con personal propio» aunque externalizando el cincuenta por ciento del servicio a través de un procedimiento de contratación abierto con publicidad y libre concurrencia.

No solo las grandes contrataciones se han visto condicionadas por el revisionismo de todo lo hecho en los once años anteriores al escándalo de las audioguías. El proyecto Atrio de Álvaro Siza para los nuevos accesos, cuyo presupuesto se disparó, fue paralizado en el momento en que salió por la puerta Villafranca a quien le causó muchas enemistades políticas dentro del PSOE. La consejera Aguilar, consciente además de lo polémico que era en Granada, lo abortó como se encarga de recordar ella misma, ya sin tapujos, cuando le preguntan.

«Cara ala galería»

En la Alhambra, «los problemas persisten», resume la parlamentaria granadina del PP, Marifrán Carazo, quien lamenta que el año que pronto se cumple desde el nombramiento de Reynaldo Fernández como director de la Alhambra ha sido un «un cambio de cara a la galería», una cuestión más «de escaparate» diseñada desde las oficinas de la Junta en Sevilla.

El PP reclama, en este sentido, una «gestión cercana a Granada» que nunca llega, añade Carazo.

En políticas de conservación patrimonial, con profesionales técnicos fuera de toda duda, hay continuismo, y en cuanto a las exposiciones, siguen abriéndose las que fueron contratadas por Villafranca que siempre tiró con pólvora de rey apostando por convertir la Alhambra en referente del arte contemporáneo y también montando otras propuestas menos vistosas como la exposición sobre los Tendilla que ya se inauguró en la etapa Fernández.