La psicóloga Jara Aithany posa con su libro, «La locura como superpoder»
La psicóloga Jara Aithany posa con su libro, «La locura como superpoder» - L.R.
Entrevista

Jara Aithany, psicóloga «online»: «Hay que salir del armario de la locura»

«La locura como superpoder» es su primer ensayo, en el que aboga por desestigmatizar los trastornos mentales para «generar una sociedad en la que todos tengamos cabida»

GranadaActualizado:

Nacida en Madrid, criada en Marbellla, Jara Aithany Pérez regresó a la capital para estudiar psicología y comprender el sufrimiento de una tormentosa adolescencia en la que compaginó dos diarios personales: uno verdadero y otro de verdad. Más loca que alocada, eligió vivir, y vivió de todo en Granada. Hasta que la vida y una fuerte crisis, a eso de los 30 años, le hizo frenar y retomar su terapia. Fue entonces cuando entendió que quería ser psicóloga y hacer lo que hace en este momento como su propia jefa en «Therapyweb»: ser ella la profesional que ayuda a quienes padecen algún trastorno mental. Declarada feminista, perteneciente a la generación «millennial», lejos de ser una psicóloga de diván de piel, Jara pasa consulta vía Skype desde la distancia de algún cortijo perdido en el desierto de Almería. Vive rodeada de naranjas, perros, gallinas y un gallo. Ahora hay sol y polvo donde antes rebosaban las sombras y el fango. Y de toda esa experiencia ha surgido su primer ensayo: «La locura como superpoder».

Empecemos por el final: te voy a pedir que hagas un «spoiler». ¿Qué superpoderes comporta la locura?

Vivir tranquilo, sabiendo que no pasa nada: que de la zona negra se entra y se sale. No es un milagro, para nada. Es un curro. Pero resulta muy liberador el conocerse, el aceptarse; y no hablo de quererse y adorarse.

De acuerdo con la definición que haces en el libro, loca es aquella persona que se mueve entre la cordura y el delirio. Por tanto, ¿hay alguien que no esté loco?

Hay un tipo de locura que es incapacitante y muy dolorosa, y no quiero quitarle protagonismo a ese tipo de locuras ni banalizar con el sufrimiento. Pero me cuesta definir qué personas sufren más y cuáles menos. Uno de los problemas de la locura, además del sufrimiento que produce, es el estigma social. La idea del libro es normalizar todos esos sentimientos para salir del armario de la locura.

Se habla de la locura como una carencia: la ausencia de cordura. En contraposición, ¿qué valor puede aportar la locura?

Yo no es que califique la locura como positiva. Me llegan muchas personas a la consulta avergonzadas por cosas que sienten, por cosas que hacen, por cómo viven o por cómo se enfrentan a la vida. Hay que deshacer la historia de que hay una norma dentro de la que tenemos que caber todos. Lo positivo es generar una sociedad en la que todos tengamos cabida, sea como sea nuestra forma de enfrentarnos al mundo.

«Últimamente hay un estigma sobre las personas tóxicas. Esa gente también tiene que tener un hueco en la sociedad»

Pero nuestros instintos más primarios nos invitan a alejarnos de una persona con síntomas de locura.

Últimamente hay un estigma sobre las personas tóxicas, pero todos vamos a pasar por eso alguna vez. Queremos eliminar a esas personas de nuestra vida, no queremos estar cerca de nadie que esté sufriendo. Cuando estamos mal, necesitamos a alguien. No podemos estar siempre felices y contentos. Cuando estamos mal podemos ser muy incómodos. Quizás no se está pidiendo una solución, sino que estés cerca de mí. En casos incapacitantes, también. Esquizofrenia, trastornos de la personalidad… Esta gente también tiene que tener un hueco en la sociedad.

Eso implica reconocer que dependemos los unos de los otros. Y la dependencia emocional no está bien vista

Las dependencias están muy estigmatizadas. En una sociedad neoliberal, sacarte tú solo las castañas del fuego es lo que más se valora. El individualismo nos lleva a llenar los vacíos con consumo de experiencias, de cosas y de personas.

Repensar el lenguaje

En tu ensayo incides en la necesidad de repensar el lenguaje que habitualmente empleamos. Por ejemplo, dices que «normal es solo un programa de la lavadora», te niegas a hablar de «bien» o «mal». Incluso pones en cuarentena el concepto de «lo sano». ¿Tanto efecto tiene el vocabulario para el inconsciente?

Es muy importante. Por ejemplo, el término locura se utiliza para lanzárnoslo a la cara de forma despectiva. Es una de las cosas que me han llevado a escribir el libro: reapropiarnos de esa palabra. A mí me han llamado loca toda la vida, pero se pueden hacer muchas cosas estando loca y no me siento tan mal con mi locura. Al final, la salud es respetar los ritmos de cada uno. Saber cuándo quieres parar, saber cuándo quieres seguir. En un trabajo, en una relación…

¿Se cumple, por ende, el tópico de que los psicólogos están más locos que sus pacientes?

[Risas] Los mejores que yo conozco, sí.

Lo tuyo es más loco todavía, porque pasas cita por Skype. ¿Cuáles son las ventajas y las desventajas de hacer terapia con una pantalla de por medio

Como psicóloga, tiene bastantes, porque tengo que centrar mucho la atención en la pantalla y eso es muy cansado. Como paciente, para establecer el vínculo, tienen que pasar dos o tres sesiones para adaptarse, pero si el vínculo se establece bien, no hay problema. La gente necesita estar en un espacio que no haya nadie, que la conexión vaya bien… Si todos esos factores están bien, la sesión va bien. Y para la gente es muy cómodo por el ritmo de vida que llevamos. Y también hay gente que vive en núcleos pequeños y no van al psicólogo porque no quieren que se sepa.

«A la gente le da mucha vergüenza estar mal... Genera muchos estigmas, cuando todos pasamos por esos momentos»

Muchos de los que se ponen en manos de un profesional lo hacen con vergüenza, como Tony Soprano. ¿Tu experiencia ratifica la efectividad de las terapias psicológicas? Es un campo ciertamente denostado, aunque a la vez despierta mucho interés.

A la gente le la mucha vergüenza estar mal, triste, el no tener un duro, estar solo, el ser dependiente, el ser vulnerable… Genera muchos estigmas, cuando todos pasamos por esos momentos, de una forma o de otra. La terapia psicológica bien hecha es súper eficaz. Hay muchas formas de salir de sufrimiento, pero la terapia es muy efectiva. A mí me ha servido mucho.

¿Se puede ir al psicólogo como el que va al dentista? Hay quien aboga por eso.

Yo creo que la gente va al psicólogo cuando algo no va bien. No es fácil, porque hay que meterse en el fango y eso resulta muy doloroso.

Meterse en el fango

¿Y qué es meterse en el fango? Es una de tus expresiones favoritas, la empleas con frecuencia en el libro.

Es ver con naturalidad la rabia, la envidia, los miedos… Animo a sacarlos de una forma natural.

¿Qué herramientas usas para que todo eso salga?

Las palabras. Las utilizo en dos sentidos: para resolver los problemas del día a día del paciente y a nivel de pasado. Si te centras solo en el pasado, es doloroso y difícil, hay que saber hacerlo muy bien.

¿Tan importante crees que es para el individuo esa patria emocional que es la infancia?

Es como si te dieran una bolsa con ingredientes y tú puedes cocinar lo que quieras, pero con esos ingredientes. Yo no me trago eso de que uno puede hacer lo que quiera, que tenemos derecho a todo... Eso tiene mucho que ver con el sistema. Tenemos lo que tenemos, y con eso ya veremos lo que se puede hacer. Lo que hay es lo que hay. Es duro. A veces me siento aguafiestas cuando doy ese punto en la consulta, pero no puedo trabajar en algo en lo que no creo.

«Yo no me trago eso de que uno puede hacer lo que quiera; tenemos lo que tenemoos y con eso ya veremos lo que se puede hacer»

Eso rompe con los planteamientos de los tan extendidos métodos de autoayuda.

Me parece perverso. Tú no puedes hacer a una persona sentirse mal porque no se sienta positiva. Esos son técnicas de motivación que provocan euforia en un primer momento, pero genera más frustración y culpabilidad. Y esos métodos niegan la responsabilidad del sistema en todo esto. Si me llegan a la consulta muchas mujeres a las que sus maridos les parten la cara, tengo que pensar que el problema es estructural. A nivel de género y a nivel económico. Si llega gente a la consulta porque cobran una mierda en el curro... yo no puedo decirle a esta gente que no lo están haciendo bien.