Javier Egea, en una de las imágenes que componen el legado, liándose un cigarro junto a Vázquez Montalbán.
Javier Egea, en una de las imágenes que componen el legado, liándose un cigarro junto a Vázquez Montalbán. - ABC
Poesía

El legado del bachiller Javier Egea ingresa en la Universidad de Granada

La herencia documental y bibliográfica del poeta granadino estará a disposición de los investigadores desde ahora, cuando se cumplen 20 años de su muerte y caída en el olvido

GranadaActualizado:

No llegó a estudiar una carrera. Al contrario, su poesía rehuía del academicismo. Javier Egea murió solo siendo bachiller, nada menos. Tampoco le hizo falta más. Era pronto para progresar adecuadamente. Ahora, cuando se cumplen 20 años del disparo que calló su vida durante demasiado tiempo, su legado ha superado los trámites para ingresar por su cuenta en la Universidad de Granada, la misma institución que publicó su primer libro («Serena luz del viento», 1974) y que desde este jueves alberga su herencia documental y bibliográfica: un compendio de carpetas, cuadernos, carteles, fotografías, grabaciones y un millar de libros.

La biblioteca del Hospital Real de la UGR aloja ya para uso investigador los fondos documentales que hasta este momento custodiaba la heredera de Egea, Elena Capetillo, quien en los últimos años ha explotado buena parte de este legado con la publicación de diversos libros tanto de la obra inédita como de las libretas de trabajo del poeta granadino que se suicidó en julio de 1999, tras lo que su figura fue condenada al ostracismo −por nadie− y cayó en el olvido.

Su suició en 1999 condenó la figura de Egea al ostracismo y cayó en el olvido hasta que comenzó a ser recuperada hace pocos años

El personal de la biblioteca del Hospital Real catalogará los fondos del poeta, cuyo regreso a Granada ha sido posible, según ha informado la UGR, gracias un acuerdo entre la heredera y la institución académica, y posibilitará que los estudiosos de la obra del poeta puedan acceder a las fuentes originales, cosa que en las últimas décadas no ha sido posible, a pesar de que ha suscitado el interés de investigadores, no solo españoles, sino además de países como Estados Unidos de América, Italia, Francia o Polonia.

Una nueva sentimentalidad

Máximo exponente y fundador −junto a Luis García Montero y Álvaro Salvador− del movimiento poético «La otra sentimentalidad», surgido en Granada a comienzos de la década de los 80, Javier Egea ha sido y sigue siendo un autor controvertido y abocado al olvido de una izquierda diluida con la Transición. Fue verso suelto y se mantuvo al margen de los circuitos comerciales a lo largo de su variada trayectoria, acorde a su tiempo, y también a los clásicos. La publicación de sus obras completas ha llevado aparejada en el último lustro la recuperación de su memoria como la referencia fundamental y absoluta de la literatura contemporánea española.

Álvaro Salvador, Luis García Montero y Javier Egea, fueron los fundadores del movimiento poético «La otra sentimentalidad».
Álvaro Salvador, Luis García Montero y Javier Egea, fueron los fundadores del movimiento poético «La otra sentimentalidad». - ABC

Autores como Benjamín Prado, Teresa Gómez o Ángeles Mora adeudan estilo y sentido al germen literario de aquella Granada efervescente −en la que el programa de COPE Poesía 70 agitaba las ondas y las mentes del todo el país bajo la influencia de Juan de Loxa− por la avenida de la democracia, que a su vez bebió mucho de los bares, pero también de los grandes −como Ángel González o Rafael Alberti− y del camino alumbrado por los profesores universitarios Juan Carlos Rodríguez y Mariano Maresca. Mención a parte merece el filólogo Jairo García Jaramillo, que con sus estudios ha demostrado ser el más joven albacea de Javier Egea.

La rectora de la UGR, Pilar Aranda, ha presidido el acto de presentación del legado.
La rectora de la UGR, Pilar Aranda, ha presidido el acto de presentación del legado.- ABC

Jaramillo ha estado presente en la rueda de prensa de presentación, a la que también han asistido otras personas que también han estado detrás de esta donación, como los miembros de la empresa de gestión Open Cultura, dirigida por Alfonso Salazar y Antonio Caba, así como José Antonio García «El Murciano» o la Asociación del Diente de Oro, que con sus encuentros periódicos mantuvo con vida la frágil y manoseada memoria de Egea durante los años de olvido prácticamente total.

Y no ha faltado su heredera. Elena Capetillo ha cedido el legado para que acompañe «al de otros autores granadinos cuyos fondos descansan también en la propia institución». Ahora será la UGR la encargada de custodiar y difundir un fondo documental que se encontraba repartido entre Barcelona y la biblioteca del Museo de la Fundación Rafael Alberti en el Puerto de Santa María (Cádiz) desde 2016. Su reunificación en Granada forma parte del plan estratégico de Open Cultura la digitalización y reedición de la obra de Egea.

Compromiso poético

En el citado plan se incluía que el legado estuviera disponible para los estudiosos, que jóvenes investigadores de la UGR lo estaban demandando, y así favorecer la investigación y el conocimiento de su obra como la de uno de los poetas más relevantes de las postrimerías del siglo XX. Próximamente se publicará una edición de «Paseo de los Tristes» en español con Ediciones Esdrújula y otra en Italia. En 2020, con motivo del 30 aniversario de la primera edición de «Raro de luna», se publicará este libro con los dibujos originales que Rafael Alberti hizo para el libro publicado por Hiperión.

Nacido el 29 de abril de 1952, la vida y las obras de Javier Egea, conocido por sus amigos como 'Quisquete', quedaron marcadas por un afinado gusto estilístico, su vasto conocimiento literario y un compromiso ideológico con el marxismo, en contradicción con sus orígenes burgueses, lo que condicionó su atormentada visión de la realidad, distorsionada por una personalidad excéntrica y desequilibrada. Tuvo una importante formación autodidacta que se nutría de lecturas así como de amistades con importantes figuras de la cultura española desde los años sesenta.

Conocido por sus amigos como Quisquete, Egea fue un autodidacta atormentado y comprometido con el marxismo y su traslación poética

Obtuvo el accésit del Premio Federico García Lorca de Poesía de la UGR con su primer poemario, «Serena luz del viento» en 1976. Con la publicación de «A boca de parir» comenzó a despuntar un lenguaje propio, y más allá del lenguaje poético, una intuición nata para buscar la sonoridad y el mensaje preciso. La irrupción de «Troppo mare» −producido en la Isleta del Moro, un pequeño pueblo costero del almeriense Cabo de Gata− y, especialmente, de «Paseo de los tristes», su obra más aclamada, ampliaron los límites de la poética de entonces y mantienen hasta la actualidad una innegable influencia, a pesar de sus ojos −tristes, esos «de 1910»− que delataban sus problemas con el alcohol y su tendencia a la depresión hasta la última tarde de aquel verano de la pólvora.