La Divina Pastora recibe una petalada a su paso por Almonte - M. A. Jiménez

Almonte cumple su sueño con la llegada de la Virgen del Rocío

La parroquia de la Asunción fue anoche escenario del primero de los actos que durarán nueve meses

Miguel Ángel Jiménez
AlmonteActualizado:

La Virgen del Rocío hizo ayer su entrada en la Parroquia de la Asunción a las 12 menos cuarto de la mañana tras siete años de espera. Es el inicio de una estancia de nueve meses en Almonte, localidad de la que es Patrona desde 1653, aunque su lugar de culto esté en el Santuario Nacional del Rocío a excepción del periodo que se abrió ayer. Ahora, será en la villa, que conservará erigida la catedral efímera del paseo de la iglesia durante todo el tiempo que la Virgen esté en Almonte, donde se celebrarán todos los ritos, ceremonias y celebraciones que rodean a la figura de la Blanca Paloma a lo largo del año, y otros que tienen lugar con motivo de su Venida.

Es el caso del rezo diario de la Salve en el interior de la iglesia parroquial, ante la imagen de la Pastora que en fechas no muy lejanas volverá a convertirse en Reina. No es extraño que el rezo se contagie hasta muchos metros afuera del templo, sobre todo los días en los que hay mayor presencia de devotos. No en vano, desde hace meses, la localidad se ha venido preparando para recibir a las miles de personas que en estos meses ganarán su Jubileo rezando ante las plantas de la Virgen del Rocío, puesto que, con motivo de la Venida, y como ya ocurriera con la anterior, la Santa Sede ha concedido el Año Jubilar para la devoción rociera.

Nada más llegar la Patrona a la parroquia almonteña se le rezaba la primera Salve

También será en Almonte donde se reciba la visita obligada de las 124 hermandades filiales que a lo largo del año viajarán desde sus lugares de origen en peregrinación extraordinaria y en la noche de cada uno de los días que la Virgen pase en La Asunción, los almonteños se turnarán para realizar la guardia, un momento de intimidad con la Blanca Paloma que se reserva a los nacidos en la villa, sus hijos, nietos, consortes y hermanos de la Matriz.

Así, y sin solución de continuidad, anoche, nada más llegar la Patrona a la parroquia almonteña, se le rezaba la primera Salve, a las 10 de la noche —ahora que es verano—, y sorprendía la afluencia de devotos teniendo en cuenta lo largas y agotadoras que han sido las últimas jornadas.

De hecho, una vez la Divina Pastora fue depositada ayer a mediodía en el altar de la Parroquia de la Asunción y hasta el momento de la Salve vespertina, Almonte quedaba sumida en un profundo letargo después de 21 horas de procesión desde que el lunes a las tres menos cuarto de la tarde los almonteños saltaran la reja y comenzara el Traslado de 2019. Culminaba con el estruendo de las salvas de escopeta, las palmas, los vivas y un abanico de cohetes que surgieron de los tejados parroquiales un camino multitudinario y plagado de momentos para el recuerdo, como el vivido en El Chaparral, con las primeras luces del día, pero algo más tarde de lo acostumbrado.

Visitantes

Era entonces, a eso de las 7:30 horas, cuando las hermanas camaristas despojaban del pañito y el capote a la Virgen del Rocío, que iniciaba su procesión por el pueblo, abarrotado de vecinos y visitantes que durante toda la noche la habían aguardado con paciencia y expectación y que celebraban su cercanía con incesantes petaladas, a ratos en un silencio cargado de solemnidad, a ratos en un estallido de vivas y entre los sones del «No hay quien te lleve» con el que los devotos pagaban un esfuerzo, el de los almonteños que trabajaban en los banzos y costeros, que no tiene precio.

Uno de los tramos más emotivos del recorrido era el de la calle Venida de la Virgen, con sus flores blancas de papel de seda compitiendo con los pétalos de las rosas que eran arrojadas desde los balcones, pugnando por rozar la cara de la Pastora en su ir y venir lento, de acera a acera, sin prisas por agotar los momentos de enorme emoción que se viven al paso de la Patrona de Almonte por sus calles.

En la Plaza Virgen del Rocío, la Blanca Paloma se enseñoreaba bajo la catedral efímera. En la Casa Consistorial, los más mayores del pueblo y algunas personas con movilidad reducida disfrutaban de la cercanía de la Blanca Paloma, con la ilusión reflejada en las miradas, sin perder de vista a su Patrona hasta que se perdió por fin en la oscuridad de la parroquia almonteña.

Eran los últimos instantes de emoción de un traslado que ha transcurrido, a falta del balance definitivo del Plan Venida, sin incidentes de consideración, aunque sí con un buen número de asistencias.