Bernardo Montoya, detenido por el crimen de Laura Luelmo - ABC
CONFESIÓN

Bernardo Montoya, detenido por la muerte de Laura Luelmo confiesa que abandonó a la joven desangrándose

El acusado de la desaparición y muerte de la joven en Huelva ha sido trasladado desde la Comandancia de la Guardia Civil para la reconstrución del crimen

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HuelvaActualizado:

Bernardo Montoya, el hombre de 50 años detenido este martes por su implicación en la muerte de la joven zamorana de 26 años Laura Luelmo, ha confesado el crimen. La Guardia Civil ha conseguido arrancar un testimonio en el que asegura que se encontró con la joven profesora en el día de los hechos, el pasado miércoles y ella le preguntó, asegura Montoya, por una tienda donde comprar. Según lo que ha trascendido de la declaración del asesino confeso, le habría indicado mal la dirección y la habría mandado a un callejón sin salida donde la habría acorralado con el coche.

Según ha podido saber ABC, en su declaración autocinculpatoria, Montoya mantiene que no la tuvo retenida y que pensó que estaba viva tras el golpe, trasladándola al lugar en el que fue encontrada el pasado lunes, en el barranco de la Mimbrera. Según ha dicho ante la Guardia Civil, «la desnudé y traté de violarla, pero no lo conseguí. Juro que al final no la agredí sexualmente». Según ha dicho también, la metió en su coche, en el maletero y la tapó con una manta tras atarle las manos.

En su comparecencia hasta altas horas de la madrugada, ha negado que abusara sexualmente de Laura, término sobre el que oficialmente aún no hay datos. Parte de la ropa de Laura fue encontrada a unos 200 metros del cadáver de la chica.

Según esta versión, la chica habría muerto después de ser abandonada. Los datos preliminares de la autopsia datan la muerte entre 48 y 72 horas después de su desaparición.

Aquí, de momento, se pierde el relato. El hombre se derrumbó, según ha podido saber ABC, a las dos de la mañana. Y confesó todo. Montoya ha sido interrogado en presencia de su abogado en el cuartel de Valverde del Camino, donde ha sido trasladado tras ser detenido este martes a mediodía, cuando ya todas los indicios le señalaban como culpable de la muerte de Laura Luelmo. De allí ha salido sobre las doce y media de este miércoles en un coche de la Guardia Civil para presenciar la reconstrucción del crimen y un nuevo registro de su vivienda.

Asesino reincidente

Montoya, un delincuente con antecedentes por asesinato (mató a una anciana en 1995 en el pueblo onubense de Cortegana), por robo y también por intento de violación. El hombre, que es de origen catalán, se trasladó a Cortegana de niño con su familia. Allí él y su hermano gemelo casaron con dos chicas de una misma conocida familia del pueblo. Poco tardó en saltar la polémica y los enfrentamientos y hechos violentos (su hermano también está condenado por asesinato y cumple pena de prisión actualmente) echaron a los Montoya del pueblo.

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Entonces se mudaron a El Montecillo. Allí el padre de Bernardo, Manuel Montoya, compró algunas propiedades. Dos casas pequeñas, bajas, humildes, en la calle Córdoba de la localidad. En una de ellas vivían los hermanos gemelos cuando no estaban presos. La otra, contó este martes Manuel, la vendió a una profesora del cercano instituto de Nerva. La casualidad quiso que la profesora que la compró a los Montoya se la alquilase a Laura Luelmo para la sustitución como profesora de Dibujo que acababa de iniciar.

Asesino confeso y víctima, así, vivían a menos de cinco metros. Según lo que se conoce del relato de Laura, Bernardo la miraba, la escrutaba. Tanto que llegó a contárselo a nu novio. Según se sabe de lo que él ha confesado, la mató tras abordarle ella para preguntar una dirección. La cuestión es que el historial delictivo de Bernardo Montoya, aún antes de matar a Laura Luelmo, es amplísimo. En 1994 es detenido por un robo con fuerza. En 1995, un asesinato; en 2008, un asalto durante un permiso; en 2015, robo con violencia (por el último hecho que entró en prisión).

La familia: «Que lo pague»

La familia de Bernardo, por el mometo, se ha limitado a asegurar que, si ha cometido el crimen, debe pagarlo. Es lo que ha dicho Manuel Montoya, el padre. Y también una de sus hermanas, que además añadió que no se puede culpar a la familia de lo que haya hecho el detenido.

Por otro lado, también se ha conocido este miércoles que Bernardo no dejó todos los enseres personales y ropa de Laura Luelmo donde abandonó el cadáver. Según fuentes de la investigación, el asesino confeso habría cogido las zapatillas de la chica y también el teléfono móvil. Ambos objetos, al parecer, los habría tirado a un contenedor.

Esa teoría cuadraría con la localización del móvil, que estaba, según las antenas de repetición de telefonía, a unos nueve kilómetros del pueblo, en dirección opuesta a donde se encontró la joven. Hasta ahora los investigadores intentaban localizar el aparato, que arojaría luz a lo que pasó la noche en que desapareció Laura.

Pendiente de comparcer ante el juez, Bernardo Montoya tendrá que llevar a cabo, casi con total seguridad, una reconstrucción de los hechos en las escenas del crimen.