Brnardo Montoya y un guardia civil, junto al lugar donde apareció ayer una manta manchada de sangre - ABC
Crimen de Laura Luelmo

Así desmonta la Guardia Civil la versión de Bernardo Montoya sobre cómo mató a Laura Luelmo en Huelva

La investigación ha avanzado tanto como para refutar la versión que el asesino confeso dio de la desaparición y muerte de la joven zamorana hallada muerta en la localidad de El Campillo

Sevilla | HuelvaActualizado:

Bernardo Montoya contó a la Guardia Civil un relato completo de cómo acabó con la vida de la joven profesora zamorana Laura Luelmo en la localidad onubense de El Campillo, donde ambos vivían puerta con puerta. El asesino confeso no tardó en narrar, punto por punto, cómo había sucedido la desaparición y muerte de Laura. Sobre las dos de la mañana del mismo día de su detención, y en un interrogatorio en el que había incurrido en multitud de contradicciones, los agentes consiguieron una confesión completa de Montoya.

En su historia, fue Laura la que se aproximó a él para pedirle una dirección el miércoles de la semana pasada, 12 de diciembre. Ese día es el que se le pierde la pista a la joven profesora. Él la engañó, dijo, para mandarla a un callejón y allí le golpeó la cabeza contra el capó del coche. Tras atarle las manos y taparla con una manta, la llevó en el maletero hasta el campo donde fue hallada muerta. En ese lugar, una zona llena de arbustos, intentó violarla, pero no pudo, aseguró a los interrogadores. Llegó a jurar a los agentes que este punto era cierto. Después, aseguró, la abandonó malherida, pensando que estaba viva.

La Guardia Civil, que lleva trabajando sobre el terreno desde hace días, está desmontando punto por punto este relato de Montoya sobre lo que pasó desde el día que Laura desapareció y hasta que se encontró su cadáver semidesnudo en una zona apartada y llena de matorrales, cinco días después.

El primer punto que los agentes de la UCO -la unidad del Instituto Armado que se ha hecho con la investigación de este suceso- desmintieron fue el de la agresión sexual. Según aseguró Montoya, su intención cuando atacó a Laura fue la de violarla. Los investigadores dan por bueno ese móvil. Desde el primer momento pensaron que ese era el móvil más plausible. Pero Montoya aseguró que no pudo consumar la violación, pese a que lo intentó varias veces. Falso. La autopsia que se le practicó a la chica confirmó que la joven había sufrido abusos sexuales y, de hecho, se encontraron restos biológicos del detenido en su cuerpo.

Desde el primer momento, el relato de Montoya difiere con lo que los investigadores han ido averiguando sobre la desaparición y muerte de Laura Luelmo. En primer lugar dónde y cómo se encuentran. Según se ha podido saber, la chica no le preguntó en ningún momento por una tienda del pueblo. La principal hipótesis es que fue Montoya quien abordó a la joven.

Tampoco le cuadra a los investigadores el episodio del callejón. Los investigadores no creen, como se ha señalado, que Laura pidiera indicaciones a un hombre que le daba miedo. Así se lo dijo a su novio. ¿Cómo va a una joven atemorizada por un hombre que la observa desde la casa de enfrente a salir y pedirle amigablemente que le indique cómo llegar a una tienda?

El arma del crimen está también en cuestión. Si Bernardo Montoya sostuvo durante el interrogatorio que había golpeado la cabeza de la joven contra el capó de su coche, fuentes de la investigación hablan de un «objeto» con el que machacó la frente de la profesora hasta causarle la muerte.

Siguiendo el relato de Montoya, tras herirla la metió maniatada y cubierta por una manta, en el maletero. Tampoco cuadra. ¿La mete en el maletero antes o después del golpe mortal? Es tan seguido el asalto y el traslado? ¿Se produce, de hecho, algún traslado en un primer momento? En el coche hay sangre, pero eso solo quiere decir que, en algún momento, ella, ropa manchada o la manta con la que la envuelve, estuvieron en el vehículo.

Más sangre

El día de ayer deparó varios descubrimientos trascendentes en el curso de la investigación. Los agentes, por ejemplo, localizaron una manta manchada de sangre, presumiblemente de la joven profesora, en la zona donde se encontró su cuerpo sin vida. Hay más. Junto al cementerio de la localidad, y escondido en un contenedor, aparecieron las llaves del coche de Laura así como algunos efectos personales.

Ese descubrimiento cuadra, esta vez así, con lo que Montoya contó a la Guardia Civil. Aseguró la noche de su detención que había arrojado objetos de Laura en dos contenedores distintos. En uno, el móvil que sigue sin aparecer; en el otro, lo que ya se ha encontrado: llaves y útiles de aseo.

Lo que aún queda por determinar es si Montoya mantuvo retenida a Laura en su casa o no. En el domicilio del autor confeso del crimen han encontrado sangre que cuadraría con esta versión, pero los investigadores aún no han cerrado este punto. La investigación, a este ritmo, no tardará en arrojar luz también a esta sombra creada por el relato de Bernardo Montoya.