Las labores ganaderas representadas hoy en la Saca de las Yeguas, es uno de los usos tradicionales de Doñana que se remontan siglos atrás
Las labores ganaderas representadas hoy en la Saca de las Yeguas, es uno de los usos tradicionales de Doñana que se remontan siglos atrás - Miguel A. Jiménez
ESTUDIO CIENTÍFICO

Doñana y el hombre, una simbiosis eterna

Dos de los científicos participantes en la investigación que confirma la existencia de humanos en el entorno protegido desde hace 5.000 años y el fin del Calcolítico a causa de un gran cataclismo ofrecen las claves del estudio y qué esperan conseguir en una futura tercera fase

AlmonteActualizado:

El conservadurismo a ultranza impuesto para la preservación de Doñana, que ha generado en las últimas décadas un sentimiento de expulsión en las poblaciones del entorno o incluso de rechazo a un espacio que les limita más que favorece, no encontraría justificación en la creencia de una Doñana salvaje, sin presencia humana en el pasado, como ha demostrado el estudio publicado en la revista Journal of Archaeological Science.

Esta investigación, enmarcada en el «Proyecto Hinojos», confirma la existencia de una población estructurada, dedicada a la agricultura, la ganadería y la explotación de otros recursos propios del entorno a través de la pesca o el marisqueo, y que incluso trabajaba con el oro, la plata y el cobre hace más de 5.000 años. Así lo explican a ABC dos de los miembros del equipo multidisciplinar que ha afrontado el estudio: el antropólogo del CSIC Juan José Villarías y el geólogo de la Universidad de Huelva Antonio Rodríguez Ramírez.

Sus conclusiones no sólo se ciñen al descubrimiento de presencia humana en la época citada, sino que abre nuevos horizontes a la hora de entender el proceso de formación de las marismas de Doñana, y más aún, aporta luz al misterio de la desaparición del Calcolítico en el suroeste peninsular: un gran cataclismo, un tsunami. Adicionalmente, el estudio apuntala la teoría de que la zona del golfo de Cádiz ha venido sufriendo la embestida de estos fenómenos con una periodicidad aproximada de entre 500 y 1.000 años.

«El casus belli del proyecto son unas imágenes de entre 2003 y 2004», explica Villarías. «Estas imágenes de satélite son muy curiosas porque revelaban grandes siluetas geométricas en la Marisma de Hinojos». El equipo del Proyecto Hinojos tomó como base estas imágenes y el estudio de dos científicos alemanes que aventuraban que eran huellas de un gran yacimiento arqueológico, las cotejó con otras «independientes» y comenzó a realizar prospecciones que arrojaron como conclusión que muchas de las siluetas halladas eran estructuras hechas por el hombre, aunque no de la mítica Tartessos, como los alemanes pensaban.

Efectivamente los datos del Proyecto Hinojos «sugieren que habría un poblamiento en lo que hoy es el corazón de las marismas», «actividad humana ligada a la ganadería y la agricultura», puntualiza Antonio Rodríguez Ramírez, y que por tanto, esa zona era «tierra firme hace ahora 5.000 años, hasta el año 2.200 o 2000 antes de Cristo», detalla por su parte el antropólogo. Esto choca con la teoría uniformitarista de que estas marismas son producto de un largo proceso de colmatación e introduce una nueva variable: «hacia aquella fecha sucedió algo, un cataclismo que obliga a abandonar la zona y modifica todo el paisaje». Un tsunami habría inundado repentinamente la zona poblada, interrumpiendo durante unos 1.000 años el poblamiento, lo que explicaría además el fin del Calcolítico, y con él, la desaparición de la cultura megalítica que legó, por ejemplo, los grandes dólmenes de Soto o Matarrubilla.

El estudio, que para Rodríguez Ramírez haría posible encontrar «un poblamiento parecido al de la cultura de Los Millares» y que según Villarías «podría albergar una ciudad de unos 20.000 habitantes» espera contar con financiación para abordar una tercera fase más ambiciosa en la que, con tecnologías más avanzadas, «se podrían detectar de manera virtual posibles ruinas sepultadas bajo la sedimentación», con un impacto nulo sobre este territorio protegido.

«Las formaciones de esta edad están a muchos metros de profundidad» bajo los sedimentos, más allá de las formaciones de la época en la que se data Tartessos, explica el geólogo de la Universidad de Huelva, que no oculta su interés por poder realizar una «cata exploratoria directa» y que tampoco rehúye el debate sobre la relación de Doñana con el hombre, que se «cortó mucho cuando entró el Parque Nacional», sentencia el científico.