James Royall y Yolanda López, junto a sus hijas, visitando la tumba de sus antepasados
James Royall y Yolanda López, junto a sus hijas, visitando la tumba de sus antepasados - ABC
Centenario del armisticio

Una familia onubense participa en los actos oficiales del centenario del final de la Primera Guerra Mundial

Son descendientes directos del oficial de artillería británico Robert Churches, que cayó en Ypres en septiembre de 1917

Rafael Verdú
HuelvaActualizado:

A las 11 de la mañana del día 11 de noviembre de 1918, hace ahora exactamente cien años, se disparó la última bala de la Primera Guerra Mundial, un conflicto que durante cuatro años llevó la muerte y la destrucción por casi toda Europa y amplias zonas del mundo. Para recordar el armisticio, durante todo este fin de semana se celebran en varios países actos de homenaje y en recuerdo a los caídos, principalmente en Francia, Bélgica y Alemania, donde tuvieron lugar los combates más cruentos del frente occidental.

Allí se encuentra desde el pasado viernes una familia onubense de ascendencia británica que cuenta con dos parientes enterrados en algunos de los enormes cementerios –algunos tienen más de 70.000 tumbas- que jalonan, como testigos mudos de aquel horror bélico, la línea estática del frente que transcurría entre Ypres, en Bélgica, y Amiens, en Francia. Catherine y Nicole Royall, dos jóvenes de 18 y 15 años respectivamente, están conociendo una parte de su propia historia junto a sus padres, el geólogo británico James Royall y la onubense Yolanda López. Todos viven y trabajan o estudian en Valverde del Camino, y se han recorrido varios cientos de kilómetros para participar en algunos de los actos oficiales que se celebran hasta hoy.

Robert Churches
Robert Churches - ABC

El tatarabuelo de estas jóvenes es una de las víctimas de la Primera Guerra Mundial enterrada en Ypres, una ciudad belga de 35.000 habitantes casi en la frontera de Francia donde tuvieron lugar tres de las principales batallas del conflicto, y alguna de las más sangrientas. Los alemanes rodearon la ciudad por tres lados, pero nunca pudieron acabar con el saliente; fue allí donde las tropas del káiser Guillermo emplearon el gas mostaza como arma por primera vez en la historia de los conflictos bélicos.

Y también allí fue donde cayó herido, en la tercera batalla de Ypres en septiembre de 1917, el oficial de artillería británico Robert Churches, que murió poco después en un hospital de campaña. Tenía 42 años por entonces y ya era un veterano que había combatido incluso en las Guerras de los Boers de finales del XIX en Sudáfrica. Comandaba una batería de 5-6 cañones de fuego directo, por lo que su puesto se encontraba en primera línea del frente y no en retaguardia. Y la artillería era el objetivo favorito de la aviación y del fuego de contrabatería.

Tras su muerte, Robert Churches dejó seis hijos; uno de ellos era la abuela de James Royall y bisabuela de las jóvenes Catherine y Nicole, que se muestran conocedoras de su pasado. «Siempre lo he tenido muy presente, porque mi padre me lo ha hecho saber», confiesa la mayor. Ya desde Ypres, donde toda la familia visitó la tumba de su ancestro, Catherine se muestra «un poco impactada por saber donde murió mi tatarabuelo». Pero, sobre todo, asegura sentirse «orgullosa de que hubiera luchado por su patria», algo en lo que coincide plenamente con su hermana Nicole. La pequeña de la familia Royall está disfrutando del viaje de conocimiento histórico, pero asegura sentirse «un poco nerviosa» por su participación en los actos oficiales que recuerda el final de la Primera Guerra Mundial.

El oficial de artillería Robert Churches no es el único caído entre los ancestros de esta familia onubense, según las investigaciones que durante años ha llevado a cabo de forma particular el geólogo James Royall. Otro pariente, aunque más lejano, es Arthur Cedric Plant, un sargento del Regimiento de Northamptonshire que murió durante la Batalla del Somme (otro de los grandes y cruentos enfrentamientos) en agosto de 1916. Tenia 20 años cuando murió y esta enterrado cerca del pueblo de Albert, en Francia.

Arthur Cedric Plant
Arthur Cedric Plant - ABC

Visita familiar

La familia Royall ya participó el pasado viernes en uno de los actos oficiales. Fue la ceremonia conocida como «wreath laying», la colocación de una corona de amapolas en la Menin Gate de la ciudad de Ypres, un imponente mausoleo donde se hallan inscritos los nombres de 54.000 soldados que ni siquiera tienen tumba. Allí escucharon el toque de trompetas del «Last Post», que lleva sonando todos los días a las 8 de la tarde ininterrumpidamente desde 1928.

Ayer, toda la familia se desplazó desde Bélgica hacia el sur, siguiendo la línea del frente hasta Amiens, donde entregaron otra corona de flores en homenaje a su otro familiar fallecido, ArthurCedric Plant. Y estuvieron presentes en el Memorial de Thiepval, otro recuerdo a los perdidos con 72.000 nombres adornando las paredes de un monumento que se alza sobre el frente de la batalla del Somme. Luego volverán a España; habrán traído recuerdos, pero a buen seguro habrán dejado un trozo de su corazón entre las tumbas de aquel horror que dio comienzo al siglo XX.