Juan Ignacio Reales y Fernando Vaquero
Juan Ignacio Reales y Fernando Vaquero - Miguel A. Jiménez
Venida de la Virgen del Rocío

Fernando Vaquero captura la atmósfera que rodea el inicio de la Venida de la Virgen del Rocío

El pintor sevillano anuncia la consumación inminente del traslado a Almonte de la Blanca Paloma con un cartel lleno de luz física y espiritual en el que se reconocen los elementos ineludibles de tan singular tradición

AlmonteActualizado:

«Donde comienza la Venida». Así, según Fernando Vaquero (Sevilla, 1970), podría titularse el cartel con el que a partir de este sábado se proclama la inminencia del traslado de la Blanca Paloma, como Divina Pastora, a la Villa de Almonte, que cada siete años le abre los brazos y el alma y se transforma en una fiesta de nueve meses ininterrumpidos mientras dura la estancia en la Parroquia de la Asunción de su Madre y Patrona.

En una pintura realizada en óleo sobre lienzo de 130x89 centímetros, el pintor ha plasmado el color, el calor y la especial atmósfera que se produce en el momento en el que la Patrona de Almonte inicia su camino hacia Almonte desde el templete del Camino de Los Llanos, donde las hermanas camaristas la protegen para la travesía. Vaquero se detiene en cada detalle: la multitud que presencia la escena y derrama sus plegarias, el polvo, el calor, el humo de las salvas de escopeta y los enseres que portan las abuelas almonteñas.

Recuerda al autor en su travesía hasta el otro templete, el del Chaparral, donde la Divina Pastora será despojada de las prendas que la han preservado, a un «barco de luz» como los que la iluminaban en su antigua ermita y que «ahora la esperan en la iglesia de Almonte para volver a iluminar su cara durante nueve meses». La luz en todas sus variantes, en los dos momentos más significativos de ese periplo que es la Venida –el atardecer y el amanecer-, es, de hecho, un elemento fundamental en esta obra de gran realismo que Vaquero ha rematado con un juego elaborado con los nombres de la Patrona de Almonte. «Y sobre tu nombre, he pintado tu otro nombre: la Blanca Paloma, esa que corona tu retablo, la que corona el techo de tu palio y tienes bordada en el manto y el Simpecado de todas tus Hermandades»

«Almonteños, sentíos todos pintados ahí, rocieros: sentid vuestros retratos en esas cabezas pues esa ha sido mi intención», ha exclamado el autor del cartel, que ha querido dedicar a su insigne tío, Francisco Maireles, el hombre que «introdujo en mi familia la pintura, al que pintaba el primer cuadro que yo vi pintar en mi vida, al que me contó que con colores también se pueden contar historias».

Para él, «un hombre que te pintó decenas de veces, de Reina, de Pastora, que pintó a tus abuelas y que incluso modeló tu cara para que allá en París también te rezaran», han sido sus últimas palabras en la presentación de la obra.

Fernando Vaquero ha sido presentado en el Santuario por su gran amigo Antonio Lebrero, que a su vez ha tenido palabras de recuerdo para Juan Infante Galán - «quien me hizo sentir, disfrutar y vivir el sabor dulce de ver crecer algo tan magnífico como este Santuario»- y ha presentado al cartelista con una emoción que ha trascendido el mero hecho de glosar la vida y obra de quien ha dejado para la posteridad el anuncio de un traslado histórico.

De él ha dicho que su «elegancia», su «veteranía y lo añejo de su pintura» no le cuadran con su verdadera edad. «Yo me lo haría más correteando por el estudio de Murillo o alzando el caballo del Duque de Alba para el mismo Velázquez», ha piropeado al autor, un artista integral que también se ha dedicado a la música y que ha brillado especialmente en su legado como cartelista.