El antes y el después de la regeneración en Doñana - ABC / Alberto Díaz

HUELVADoñana, un año después del incendio que devastó el entorno del Parque Nacional

El fuego que amenazó al corazón de Doñana fue uno de los mayores desastres medioambientales y económicos que ha conocido Andalucía

HuelvaActualizado:

Hace justo un año, una columna de fuego se levantó hacia el cielo procedente de los montes de Moguer. Humo negro en medio del manto verde de los pinares del entorno de Doñana, sobre un suelo seco tras días de elevadísimas temperaturas, pastos indomables a los que nadie ponía coto desde hacía demasiado tiempo, un poniente que azotaba con virulencia y con el único límite del Atlántico. El mar o el fuego. En eso se convirtió todo en un abrir y cerrar de ojos.

Ya era casi de noche, así que los medios aéreos poco podían hacer por controlar la situación. La batalla se libraría sobre el terreno hasta que la luz y el viento permitieran derramar agua sobre aquel infierno. En el Puesto de Mando Avanzado, los representantes del Gobierno central, Junta de Andalucía, los Ayuntamientos de los términos afectados, Moguer y Almonte, además de Lucena y Palos de la Frontera en menor medida, así como las asociaciones ecologistas y los integrantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y los dispositivos de extinción de incendios, dejaron una de esas imágenes tan exóticas por poco frecuentes: la de todos empujando en una misma dirección.

Para Antonio Sanz, exdelegado del Gobierno en Andalucía, es tal vez una de las mejores lecciones que dejó la tragedia, que para él supuso «un golpe muy potente». «Me dijeron que seguramente perderíamos el Parador y que estaba en grave peligro el INTA en el Arenosillo, por no hablar, por supuesto, de la perspectiva de que pudiera afectar al Parque Nacional de Doñana», aunque una de las decisiones que reconoce más «difíciles» fue la de «recluir a la gente en Matalascañas».

Tanto para Sanz como para el resto de los representantes que vivieron en primera persona el desastre, como Juan Romero, portavoz de Ecologistas en Acción, la situación se superó gracias al esfuerzo de muchos colectivos, «entre ellos agricultores, el personal del Parque y del Infoca, mucha gente voluntaria y un afortunado cambio del viento», porque durante muchas horas los efectivos estuvieron al albur de los elementos, hasta el punto de que dos retenes del Infoca se vieron obligados a realizar sendas maniobras arriesgadas, guiados por el instinto y el compromiso hacia su labor, que consiguieron salvar Matalascañas y el corazón del Parque de lo que todo hacía presagiar que se convertiría en «una gran tragedia».

Coincide la alcaldesa de Almonte, Rocío Espinosa, quien ha aprovechado este aniversario para expresar su «más profundo agradecimiento, admiración y respeto» a «la profesionalidad del dispositivo», y a los ciudadanos que en aquellos días arrimaron el hombro pese al riesgo, como por ejemplo los agricultores, que colaboraron realizando labores como cortafuegos.

Unas tareas que, como señalan Juan Romero o José Luis García-Palacios Álvarez, presidente de la Federación Onubense de Empresarios, «hubieran minorado el impacto». «Decir ahora que se podría haber evitado puede ser jugar a elucubraciones», advierte el representante de los empresarios, que apunta al sector turístico y al forestal como especialmente afectados, pero «haber cumplido con la limpieza del monte público arrasado, haber licitado los aprovechamientos forestales de esa zona o simplemente con una adecuada realización de cortafuegos, el resultado hubiera sido diferente».

Enrique Alés, presidente de la Asociación de Agentes de Medio Ambiente de Andalucía, considera, sin embargo, que, aunque «los cortafuegos no estaban hechos, de nada hubiesen valido». «Es lo que conocemos como un incendio fuera de capacidad técnica de extinción», a cuya propagación contribuyó «el modelo de vegetación y la ausencia de actuaciones selvícolas», que según señalan los agentes, en la zona del Parque Natural quemado no se llevaban a cabo desde 1995. Fue, para Alés, «como un dragón de seis cabezas» alimentado por el poniente, que «nos bailó, como siempre».

Un año después de aquellas horas interminables y de la desolación que dejó el fuego en más de 10.000 hectáreas de gran valor medioambiental, toca mirar hacia delante y valorar el trabajo realizado. Se han acometido obras de emergencia –vinculadas a la seguridad de las personas como retirada de árboles con riesgo de caída, retirada de la pasarela de Cuesta Maneli y reposición de biondas-, actuaciones para frenar la erosión eólica en el Médano del Asperillo, la restauración ambiental del Arrollo del Loro o la mejora de hábitats del lince o en lagunas temporales, entre otras.

El resultado de las medidas es «desigual», aunque las lluvias de primavera han contribuido positivamente a la regeneración natural del enclave, para la alcaldesa de Almonte o el alcalde de Moguer, Gustavo Cuéllar, la evaluación es positiva. También es desigual la valoración de los distintos representantes acerca del aprendizaje que ha conllevado el incendio.

Mientras Cuéllar aprecia el mantenimiento de la masa forestal para «evitar situaciones similares» y Espinosa considera que «extremar las precauciones es tarea de todos», para Ecologistas en Acción no se ha aprendido la lección. Los agentes medioambientales apuntan incluso a que no se ha hecho nada para cambiar las condiciones de la parte que no se quemó, por lo que «las posibilidades de un nuevo desastre son muy altas». «Pronto el miedo se olvidó», señala Alés, con el que coincide García-Palacios, para el que exigir el cumplimiento de las medidas preventivas es responsabilidad de todos y advierte que «se es cómplice por acción o por omisión».

La Asociación de Agentes de Medio Ambiente de Andalucía, que incluso tuvieron que dedicarse en varios momentos a tareas de desalojo y evacuación «dada la premura de la situación», no considera lógico que no se haya empezado con el «desembosque de la madera afectada, que alcanza volúmenes brutales» y que podría afectar a la regeneración natural que ha experimentado el entorno gracias a las lluvias de primavera.

Al mismo tiempo, la asociación reivindica el papel del cuerpo de agentes, que sin embargo han padecido «un 30% de recortes en personal», merma que también se traslada a los recursos técnicos, formativos y funcionales de los que disponen los agentes para la coordinación de las emergencias», denuncian.

El presidente de los empresarios valora, no obstante, la actitud de las administraciones, «que desde el primer momento pusieron de manifiesto su clara voluntad de colaborar conjuntamente, resaltando especialmente el papel de todos los efectivos que lograron el control y extinción del incendio y el trabajo de recuperación que hasta ahora han venido realizando en la zona». «Ahora es el momento de seguir promocionando turísticamente la zona y ayudar a recuperar el tiempo perdido por el impacto negativo que pudo tener el incendio dentro y fuera de España», considera García-Palacios, al tiempo que asegura que «las empresas están en perfecto estado para atender la demanda nacional e internacional de turistas que nos visiten».

Juan Romero también valora positivamente los trabajos de recuperación, que llevan «un ritmo bastante aceptable», y las directrices del futuro plan de restauración, que «según ha asegurado el consejero de Medio Ambiente, no apostará por el monocultivo sino que se mezclarán especies autóctonas en los diferentes ecosistemas de Doñana», al tiempo que apuesta por la recuperación de los bosques de Doñana incluyendo el manejo de los pastos mediante el pastoreo extensivo de herbívoros. «Es momento de recuperar la vida delos pueblos y el trabajo de la zona, recuperando sus bosques», apostilla.