Veraneantes disfrutando de la Playa de la Antilla (Lepe)
Veraneantes disfrutando de la Playa de la Antilla (Lepe) - Alberto Díaz
Verano

La Antilla e Isla Cristina, «el lugar de las horas felices»... sin pisar la arena

Dos de las playas más occidentales de la costa onubense son paradas obligatorias en el veraneo sevillano. Su oferta de ocio va mucho más allá de aquello de tumbarse al sol a ver pasar el tiempo

Sevilla Actualizado: Guardar
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Piense en la escena. Está disfrutando de uno de sus días de vacaciones y decide coger el coche para acercarse a la costa onubense con toda la familia. Todo preparado: bañador, sombrilla y butacas, nevera y bronceador para evitar sustos. Su coche le lleva por la A-49 hasta el kilómetro 117, muy cerca ya de la frontera con Portugal. Un cartel en la carretera le revela el secreto: «acceso a playas». Y allá que sigue la pista para, una vez que haya cruzado hasta siete interminables rotondas, encontrarse con la costa lepera, la que llaman «la playa de las horas felices», La Antilla.

Más allá de sus kilómetros de costa, que finalizan en el puerto del Terrón, justo en la desembocadura del río Piedras, La Antilla se ha ido configurando como un lugar de recreo y ocio que cada año es elegido por más familias para disfrutar de sus días de asueto. Y claro, como todavía hay quien escoge la playa para veranear aunque eso de llenarse los pies de arena nunca fuera lo suyo, hay mil opciones para relajarse y disfrutar viendo el mar desde la barrera.

La vida en La Antilla pasa por la Avenida de Castilla, eje central del comercio y la gastronomía de este núcleo urbano. Un buen paseo sobre sus baldosas de colores puede ser un buen comienzo a la hora de descubrir sus encantos. En ella se encuentra el Centro Municipal Los Álamos, donde además de tener sede algunos de los servicios del Ayuntamiento también se sitúa una sala expositiva en la que se celebran muestras durante todo el verano.

Tras esta primera parada, y con la irrenunciable tentación de detenerse a refrescarse en uno de los innumerables bares de esta calle peatonal, el paseo les llevará hasta el mercadillo que se monta a diario en la explanada de la avenida. Ahí encontrarán todo tipo de productos y complementos hechos a mano que pueden convertirse en un buen recuerdo, o regalo, de su estancia antillera.

Remonte desde ahí por la Avenida de Huelva y llegará al paseo marítimo. Varios kilómetros con una vista privilegiada al mar y la brisa marinera alentando sus pasos. Tras iniciar el camino llegará al recién nombrado Paseo de Madrid, dedicado recientemente por el Ayuntamiento de Lepe a la capital madrileña con motivo de la donación de una escultura de una Menina de Velázquez. A su lado, el Paseo de San Sebastián, donde se ha colocado una barandilla procedente de la mítica Playa de la Concha.

La siguiente parada será el barrio del Carmen, conocido también como la barriada de los Pescadores. Ahí nació La Antilla y en sus casas viven la mayor parte de sus vecinos, los que están allí todo el año y, por ejemplo, estudian en el Colegio Las Gaviotas. El barrio se ha ido adaptando al turismo, con la apertura de restaurantes de pescado fresco -si lo prefiere puede comprarlo en su plaza de abastos, abierta casi todo el año- y la colocación de 15 casetillas de madera, pintadas con colores llamativos, en las que los trabajadores guardan sus aperos de pesca.

Casi sin darse cuenta llegará a la loseta que marca el final. Sí, a la loseta. En el paseo marítimo, una placa le indicará que uno de sus pies está en Lepe y el otro en Isla Cristina. Estará entrando en Islantilla sin que cambie el paisaje, pero la gestión ya es cosa de otro Ayuntamiento. O mejor, de una mancomunidad: la que forman los consistorios de Lepe e Isla Cristina para gestionar esta zona de grandes urbanizaciones y marcado carácter turístico.

Pero antes de marcharnos de La Antilla sepan que, como en todo municipio costero, no falta el cine de verano durante los meses estivales. Tampoco el tren turístico que le llevará por los lugares con más encanto ni por supuesto la diversión. No esperen encontrar un lugar monumental, no es el sitio, pero sí un paraíso vital que hará que merezca la pena aguantar las retenciones de la autovía de vuelta a casa.

El camino a Isla Cristina

Volvamos a la loseta. Si damos un solo paso al frente habremos pasado de La Antilla (Lepe) a Islantilla. O lo que es lo mismo, a la puerta de Isla Cristina, el penúltimo municipio -luego viene Ayamonte- antes de cruzar la frontera portuguesa. A la mancomunidad que forman ambas localidades pertenece Islantilla y, a esta zona, el campo de golf donde es posible disfrutar de esta práctica deportiva entre interminables urbanizaciones de casitas idílicas, centros comerciales, hoteles y sobre todo cuestas. Es lo que tiene estar ubicado sobre una colina desde la que es posible observar el mar.

En ese mismo entorno se encuentra el Parque El Camaleón, un lugar para toda la familia cuya principal atracción es disfrutar de la la tirolina urbana más larga de Europa, con un recorrido de 325 metros y un desnivel de 24 metros de altura. Además cuenta con un auditorio, talleres que apuestan por el estudio y la observación de los insectos, y hasta un mirador, bautizado como el Balcón de las Estrellas, con unas vistas envidiables.

Pero por encima de todo, Islantilla es la casa del cine. De eso puede presumir gracias al Festival Internacional de Cine Bajo la Luna, que permite disfrutar de las más vanguardistas propuestas audiovisuales con proyecciones al cobijo de las estrellas durante los meses de verano. A ello se suma las estrellas de su Paseo de la Fama, en el que se homenaje a todos los cineastas que han recibido a lo largo de estos años el mayor reconocimiento que otorga este festival.

Más allá de estos referentes turísticos, Isla Cristina es un municipio marinero. Si decide contiuar la ruta no puede, por tanto, dejar de visitar su mercado de abastos, con auténticos altares gastronómicos al pescado fresco de su costa. Ahí encontrará la fuerza necesaria para recorrer el municipio y visitar, por ejemplo, su Museo del Carnaval, una de las fiestas grandes isleñas.