Vista del barrio de la Villa con la iglesia del Salvador dominando el paisaje
Vista del barrio de la Villa con la iglesia del Salvador dominando el paisaje - ABC

Un paseo por el arte en Ayamonte

La localidad fronteriza conmemora como es debido los cien años desde que Sorolla la inmortalizó

AyamonteActualizado:

Villa de señorío y pueblo de pintores. El caso de Ayamonte puede ser único por la cantidad y la calidad de artistas que ha dado la localidad fronteriza a lo largo del último siglo. ¿Por qué en ese periodo de tiempo? Como todas las divisiones temporales, puede tratarse de una convención, pero en esta ocasión refrendada por una historia singular.

Hace cien años, Joaquín Sorolla pasó por Ayamonte para inmortalizar la pesca del atún en un lienzo colosal de la serie de catorce pinturas con que el filántropo Archer Milton Huntington quería resumir una «Visión de España» para la Hispanic Society de Nueva York. El artista valenciano estuvo de este lado de la Raya entre el 14 de mayo de 1919 y el 29 de junio de ese mismo año tomando inspiración al natural de la lonja pesquera y pintando: el marinero Francisco Hernández posó para él toda una semana por 13 pesetas y otro zagalón de 17 años ayamontino le sirvió de ayudante todo ese tiempo. Se llamaba Rafael Aguilera.

El cuadro «La pesca del atún» de Joaquín Sorolla
El cuadro «La pesca del atún» de Joaquín Sorolla

Sorolla se alojaba en casa de Manuel Feu, propietario de una fábrica de conservas, la ocupación tradicional de la localidad. Los tres vértices del triángulo pictórico ya están sobre el tapete: Sorolla, los Aguilera y los Feu, sagas familiares de pintores ayamontinos que crearon escuela y despertaron una sensibilidad especial en el pueblo para el óleo y los pinceles.

Tanto, que Ayamonte vive este verano su peculiar «año Sorolla». Exposiciones, placas homenajes y, cómo no, el Paseo por el Arte que este agosto cumple su octava edición va a estar dedicado a la memoria del cuadro centenario de Sorolla.

Será el fin de semana del 16 y 17 de agosto, cuando las calles del barrio histórico de Ayamonte –a espaldas de la Casa Grande de los marqueses, hoy reconvertida en centro cultural– se convierten en una galería de arte al aire libre con decenas de artistas locales profesionales o aficionados colgando sus creaciones en las paredes mientras un enorme gentío demabula en un ambiente festivo entre los bares abiertos hasta la madrugada.

Cualquiera estaría tentado de pensar que una veintena de pintores es una cifra impresionante para una localidad de 20.000 habitantes en el rincón suroeste del mapa español. Pero lo cierto es que la nómina de pintores de pasadas ediciones rondaba el medio centenar de artistas. Y la cifra sigue creciendo.

Gastronomía

Pero como no sólo de arte vive el hombre, bueno será llenar la andorga. Ayamonte ofrece también una buena colección de establecimientos de merecida fama, empezando por Casa Luciano, cuyo nivel culinario está muy por encima del arquitectónico, en el bajo de un bloque de pisos, donde se mantiene desde su inauguración en 1965. La raya en pimentón se lleva la fama como especialidad autóctona bien ponderada, pero el tortillón con que se puede matar la espera de mesa en la terraza es digno de premio.

El Choco también goza de fama entre los visitantes nacionales por su comida tradicional tal como indica su nombre y, últimamente, La Puerta Ancha, ha afianzado su prestigio entre los extranjeros. El restaurante de cocina internacional se ha mudado a la plaza de la Lota este mismo año, pero no ha variado lo más mínimo en cuanto a creatividad culinaria, calidad y trato exquisito. Eso sí, la reserva de mesa se impone como obligatoria.

En la Punta del Moral, la playa junto a la desembocadura del Carreras que separa Ayamonte de Isla Cristina, el mejor arroz marinero, bien surtido de gambas y cigalitas de pesca propia, lo sirve La Bocana, con magníficas vistas a la ría y el pueblo vecino. Para comer pescado fresco sin más tonterías, la taberna El Pescaó, en la orilla de la ría del Carreras.

El puente internacional sobre el Guadiana, visto desde el parador
El puente internacional sobre el Guadiana, visto desde el parador - ABC

Marismas

Ya que hemos mencionado el río Carreras, bueno será echar una mirada a sus marismas porque encierran algunos puntos de interés dignos de mención. Hay un sendero peatonal de unos seis kilómetros de recorrido que serpentea entre los caños para conocer la ubicación de las antiguas Salinas del Duque y, al otro lado de los brazos del río, puede visitarse el ecomuseo del molino de mareas El Pintado, que alberga algunas instalaciones de interés etnográfico enfocadas, sobre todo, a mostrar a un público infantil cómo se molía el grano.

En cuanto al pueblo en sí, Ayamonte permite agradables paseos con una oferta comercial que los vecinos portugueses de Villarreal de San Antonio saben aprovechar de sobra. Obligada es la visita a la parroquia de las Angustias, donde se da culto a la patronal de la población, aunque el retablo merecería una labor importante de limpieza y restauración para lucir en todo su esplendor. El templo de San Francisco, en la zona baja, es interesante por las inscripciones bíblicas que recorren sus paredes y techos.

Y si no es suficiente para el viajero, siempre nos quedará Portugal. A tiro de piedra gracias al puente internacional de 1991, el país vecino abre sus brazos acogedores.