Una ruta en bicicleta por las marismas de Huelva
Una ruta en bicicleta por las marismas de Huelva - ABC

Una ruta en bicicleta por las marismas de Huelva

Pinares, rías, puentes y barcos en un itinerario idóneo para el cicloturismo que recorremos desde Punta Umbría hasta la capital onubense (y vuelta)

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Montañas de sal, marismas de espartillo. Huelva mira al Odiel y en las charcas se refleja con todos su defectos y encantos. Hay fábricas que castigan el paisaje a lo lejos y pinos que tratan de taparlas en su ansia por acercarse a las ciénagas que se superponen en el horizonte. Parece que quieran beber. Estamos en el paraje natural que conecta la zona de Punta Umbría y El Portil con la capital onubense, donde un carril atraviesa con atrevimiento la ría y une a la ciudad con las playas, y viceversa. Un trayecto de ida y vuelta que cruza puentes y dunas, riachuelos de agua salada y aves que pintan rosa sobre verde hasta dibujar en sus cuerpos un lienzo impresionista. Algo más de 15 kilómetros idóneos para practicar el cicloturismo.

En la rotonda de la carretera A-5051, frente al camping de La Bota, arranca nuestro itinerario si partimos desde Punta Umbría. Hasta allí, es sencillo llegar en bicicleta, aunque hay un pequeño tramo que se recorre a través de un arcén bastante amplio antes de entrar en este emplazamiento. Pero la belleza, sin duda, comienza ahí. En una puerta de pinares que nos reciben con las mismas sombras que enamoraron a los ingleses en el siglo XIX tras la compra de las minas de Río Tinto.

Lo que antes veíamos desde fuera, ahora nos abraza con toda su fuerza: árboles que se arañan unos a otros con sus copas y crean un cielo verde de ramas, piñas y acículas punzantes, cuestas que asfixian pero que se reservan el premio de la bajada en su punto más alto, pequeños pájaros que amenizan el esfuerzo y un sinfín de recovecos que caracterizan esta primera etapa del carril bici hacia Huelva.

De pronto, el paisaje cambia. La ría que se entrecortaba a la derecha detrás de los troncos hace tan solo unos minutos se descubre al completo. El bosque cesa y el carril se eleva sobre las marismas como una serpiente que quiere recrearse en tan espectacular entorno. La ciudad está al fondo y los miradores surgen a los bordes del camino. También hay pequeñas veredas que nos desvían hacia rincones inusitados de la ría del Odiel. Si la tarde cae en este rodar constante de los pedales, es el momento perfecto para hacer una parada. El sol no aprieta con fuerza, sino que tiñe todo de un tono entre amarillento y rosado. Casi cetrino. Toma al agua como cómplice y ofrece mil pinceladas y destellos. Todo está vivo en esta pintura hiperrealista que se desnuda ante los ciclistas.

La última etapa de este carril, después de los pinos y las marismas, es la del Puente de Santa Eulalia. Cuando nos aproximamos, los primeros pescadores aparecen en pequeños grupos. Algunos están solos. Y todos permanecen impasibles junto a sus cañas, con la mirada puesta en algún punto inconcluso de esta ría de barcas, caños y esqueletos de madera que hace décadas navegaron sobre este mismo mar. Una vez en el puente, la altura permite observar la grandeza del lugar y todo el trayecto superado. Al otro lado, ya en Huelva, nos esperan varias superficies comerciales en las que reponer fuerzas.

Si queremos regresar al punto de partida, existen dos opciones. La más común es dar media vuelta y hacer el mismo recorrido a la inversa. Sin embargo, existe la posibilidad de embarcarse en la canoa que nos llevará de nuevo hasta Punta Umbría, ya que esta admite el acceso de las bicicletas. Si queremos esquivar los más de 15 kilómetros que nos esperan de vuelta y disfrutar de un paseo por la ría del Odiel en el que acercarse a los flamencos, garzas y reflejos que antes describimos, esta es una alternativa a tener en cuenta. El precio es de 3.5 euros por persona y la duración de la travesía de unos 40 minutos. Cuidado, a las 9 de la noche parte el último barco. ¿Y el lugar? El Muelle de Levante.

Canoa de regreso a Punta Umbría
Canoa de regreso a Punta Umbría - Julián Pérez

Los islotes de plantas, la imponente flota pesquera y el Monumento a la Fe Descubridora que se levanta con la figura de Cristóbal Colón, que partió hacia América desde una localización cercana, se pierden tras la estela que deja el paso de la canoa en la superficie del agua. Y solo «el motor rompe el silencio», como dicta la letra de la sevillana de Isidro Muñoz. Punta Umbría se convierte así en la parada final de esta ruta que podría realizarse al contrario: con destino a Huelva.

Las zonas de inicio y de llegada varían en función del espacio en el que nos encontremos. ¿El Portil, Huelva, Punta Umbría? ¿Quizá El Rompido? Pero desde la rotonda más cercana al camping de la playa de La Bota hasta la ciudad, laseñalización es adecuada y el carril bici, seguro. Este era el secreto que se guardaban los onubenses y algunos de los veraneantes. El bostezo de la marisma soñada y el pedaleo descubridor con el que conocerla.