CULTURA
Emilio Lara: «Una buena novela histórica habla del presente a través del pasado»
El escritor y colaborador de ABC presenta este miércoles en Madrid su último libro, 'Venus en el espejo'
Ambientada en el Siglo XVII, narra la historia de Olimpia Maidalchini, asesora del papa Inocencio X y verdadero poder en la sombra del Vaticano

La quinta novela de Emilio Lara está ambientada en la Italia del siglo XVII. «Soy un culillo de mal asiento histórico», explica a ABC en la previa de su presentación en Madrid, que contará con otro jiennense universal, Juan Eslava Galán, como maestro de ceremonias. Después de detenerse en Londres de la II Guerra Mundial y en la Baja Edad Media, un nuevo salto temporal nos traslada hasta el puro Barroco italiano.
Lara (Jaén, 1968) asegura que «las historias me buscan a mí». En este caso, la chispa se detonó en 2019, cuando se redescubre el retrato que Velázquez hizo a Olimpia Maidalchini, la 'papisa' (y que finalmente fue subastado por dos millones y medio de libras). «Los periódicos dieron por terminada la noticia, pero fue cuando la historia comenzó para mí. Yo tenía que contarla. Ese cuadro perdido me abrió las puertas de una vida novelesca, la de una mujer con una enorme ambición política, de poder y de riquezas», detalla.
«Olimpia utilizó todo su poder, su inteligencia y su dinero para conseguir que su cuñado fuese nombrado papa. Ella embelleció Roma y dedicó gran parte de su fortuna a construir residencias y hospitales para antiguas prostitutas, huérfanas y viudas, para que las mujeres pobres no tuvieran que meterse a putas o a monjas», reseña Lara con la misma convicción con la que sigue dando sus clases en un instituto de Jaén.
«La de Maidalchini fue una vida fascinante, hasta el punto de que fue tan avanzada que protegió jurídica y policialmente a las prostitutas romanas a cambio de un impuesto. Si encima ligas eso con el segundo viaje a Italia de Velázquez, del amor de madurez que surge en él con la que fue la modelo de la Venus del Espejo, aparece un auténtico 'historión' de un andaluz universal que entronca con la de una mujer que favoreció a otras mujeres hace 400 años. Y esa historia tenía que contarla yo«, concluye.
Narrador del pasado
La carrera de Emilio Lara ha sido realmente fulgurante dentro del mundo de la novela histórica. Gracias a 'La confradía de la Armada Invencible' (2016) se dio a conocer como un fabuloso narrador que transporta a otras épocas, en concreto, al fallido intento de invasión de Inglaterra por parte de Felipe II y del papel que el Rey Prudente otorgó a la religión en tal empresa.
En 'El relojero de la Puerta del Sol' (2017) saltamos hasta el Madrid del tumultuoso Siglo XIX español. De ahí al año de la Batalla de Las Navas de Tolosa, el 1212, pero sin tenerla como referente en la premiada 'Tiempos de esperanza' (2019). La previa de la Batalla de Inglaterra, en 1939, es el escenario para 'Centinela de los sueños' (2021). Hasta ahora, su última novela.
Emilio Lara, historiador devenido en novelista, reconoce que parte con cierta ventaja a la hora de afrontar la documentación de sus novelas. «El contexto lo pongo yo, así puedo centrarme en documentación más concreta: tesis doctorales, ensayos académicos o museos». Con todo, el proceso de preparación de su última novela le ha llevado ocho meses.
Pero Lara huye del puro historicismo. «Una novela histórica es una novela ambientada en el pasado, no hay más», asegura. Por eso sostiene que para que sea una buena novela histórica «tiene que hablarnos del presente a través de los tiempos pretéritos. Las que lo hace al revés, hablan del pasado a través del presente, son malas novelas históricas».
«Yo coincido con Hemingway cuando decía que una buena novela es como un iceberg, en la que solo muestras el 10 %, el lector tiene que intuir el otro 90», sostiene. Y remarca «una novela histórica es eso, novela, literatura, ficción. Uno de los peores peores pecados que puede cometer un novelista histórico es aburrir al lector».
Lara tampoco se ha aburrido llevando al papel esta apasionante historia y describe el proceso creativo como «muy gustoso». «Aquí he mezclado mis recuerdos y sensaciones con los ajenos». Entre esos recuerdos, aparecen las historias de su tío (Emilio, precisamente), sacerdote que se formó y estuvo en el Vaticano en época de Pío XII y cómo narraba la cercanía de Sor Pascalina con el pontífice romano, en una clara conexión con la historia de la 'papisa' Maidalchini.
«Ella podía entrar en el despacho de Pío XII sin llamar a la puerta. Hablaba de tú a tú a los miembros de la curia y al parecer tuvo un fuerte encontronazo con uno de ellos. A la postre, este fue elegido camarlengo a la muerte del papa y su primera decisión fue expulsarla del Vaticano». Así también se tejieron las envidias contra la cuñada de Inocencio X, en un tiempo en el que, como señala la sinopsis de su novela «unas faldas mandarán más las sotanas».
Jaenerismo
Emilio Lara continúa afincado en Jaén «por convicción» y no deja pasar ocasión para mostrar amor por la tierra que le vio nacer. Ya se ha convertido casi en un juego para sus seguidores buscar pequeñas referencias a la geografía, personajes o gastronomía jiennense entre sus obras, lugares físico o sentimentales traslocados por medio de su pluma que, en esta ocasión, llevan, por ejemplo, un celebre manantial jaenero a las afueras de una ciudad italiana.
Pero no es el único lugar de Andalucía que retrata en esta novela, donde tiene especial protagonismo uno de los sevillanos más universales, al que el novelista jiennense ve como «un andaluz serio con retranca». Diego Velázquez es, para Lara «un transterrado de Sevilla en Madrid, que en Roma redescubre su ciudad en otro país. Al encontrar también el amor, llega a un conflicto enorme, porque se da cuenta de que no quiere volver».
Para el escritor, «Italia es lo más cercano a España que podamos imaginar«, dos países unidos por el espíritu mediterráneo que hace que unos y otros se sientan en casa en ambos lados. Pero la casa de Emilio Lara está en Jaén, en Andalucía, una tierra que, asegura «cada vez despierta más envidias», por eso anticipa que «tendremos que estar preparados para recibir burlas y cueldades, porque muchos no nos perdonan ni lo que ya somos, ni lo que estamos dispuestos a ser».
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