Estado de una de las oficinaas del parque empresarial Santana - ABC
ECONOMÍA

Linares, en punto muerto tras la extinción de Santana

La ciudad pierde habitantes y empleo tras el fracaso del plan B impulsado por la Junta de Andalucía para atraer empresas

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Linares, marzo de 1994: en las instalaciones del hotel Aníbal el ajedrecista ruso Anatoli Karpov vence en 20 jugadas al gran maestro ucraniano Beliavsky y se proclama campeón del torneo internacional más prestigioso del mundo. A escasa distancia, en la factoría de automóviles de Santana Motor, la multinacional Suzuki anuncia al comité de empresa el despido de 1.500 empleados. La ciudad declara oficiosamente personas non gratas a los directivos japoneses. Para evitar daños a terceros, el dueño de un restaurante asiático del municipio cuelga un cartel en su establecimiento: «Somos chinos».

Linares, septiembre de 2018: el torneo internacional de ajedrez es historia del gambito y el parque empresarial de Santana un cementerio industrial. La ciudad no responsabiliza ya de la situación a Japón, sino a la Junta de Andalucía, que esta semana ha declarado oficialmente extinta a una factoría de automóviles que, en los buenos tiempos, los 60, proporcionó empleo a más 5.000 personas. Y en los regulares, los 90, a 2.400 trabajadores. Muchos de ellos se acogieron a los planes de prejubilación financiados con el dinero público que entró a borbotones por si los disturbios.

Puede que las nubes no huelan a nada, pero el miedo, sí. Tras el conato de revolución de la ciudad, Asturias del sur, el Gobierno andaluz se asustó hasta el punto de gastar una cantidad ingente de euros para reflotar la compañía. Al menos 700 millones fueron inyectados por la administración autonómica durante la crisis de la empresa. Con nulo resultado: la administración no consiguió situar de nuevo en el mercado a la factoría que durante décadas fabricó con éxito el modelo Land Rover. Las partidas económicas sustituyeron a las ideas.

El goteo comenzó con tromba, ya que los gobiernos regional y central libraron en 1994 en torno a 147 millones de euros para levantar la suspensión de pagos de la factoría. En 1999 la Junta aportó otros 33,4 millones en concepto de ayuda regional. Y en 2001 libró 240 millones para prejubilar a 600 trabajadores. Ese mismo año la Comisión Europea autorizó una partida de 32,1 millones, a la que siguió otra de 42 para impulsar a la factoría. Entre 2004 y 2005 Santana fue financiada con otros 45 millones. Y 118 en 2011 para pagar prejubilaciones a 792 trabajadores.

Agotadas las dádivas, la Junta, con la colaboración necesaria de los sindicatos de clase, presentó ese año un dudoso plan B, Linares Futuro, para contrarrestar el malestar derivado del punto y final de la factoría. Los intervinientes en la puesta de largo del proyecto anunciaron que el cierre de la empresa beneficiaría a la ciudad porque su sustituto propiciaría la llegada de empresas en aluvión. Entre quienes aplaudieron no se encontraba Antonio Martínez, portavoz por entonces del grupo municipal del PP, que se negó a validar la pantomima.

Sí se encontraba, por el contrario, el alcalde de la ciudad, Juan Fernández, quien acaba de ser expulsado del PSOE por, según expone, no transigir con la farsa. El regidor está convencido de que la causa central del expediente es su crítica al Gobierno andaluz por el incumplimiento de las medidas previstas en el plan Linares Futuro. Admite que la Junta ha cumplido las propuestas incluidas en el apartado social, pero denuncia que se ha desentendido de los proyectos que generan empleo. Lo demuestra, dice, el hecho de que sólo permanezcan un par de empresas relevantes en el parque empresarial. «Y una de ellas quiere irse».

El éxodo no es sólo industrial. Linares, la ciudad con más paro de España, contaba con 61.642 habitantes en 1994, en tanto que su censo en 2017 era de 58.499. La emigración, parsimoniosa, pero constante, evidencia el fracaso del modelo de gestión pública común en el conjunto de Andalucía, región que se ha situado de nuevo a la cola de la Unión Europea en parámetros de desarrollo, a pesar de que las arcas comunitarias la han subvencionado con más de 100.000 millones de euros. De los cuales, 1,9 millones, a modo de canto del cisne, se gastaron en 2014 para un programa de reinserción laboral de 285 trabajadores de Santana despedidos.