Erik el belga
Erik el belga - francis silva
entrevista

Erik, el belga: «Cuantos más robos me atribuyan mejor»

El considerado mayor ladrón de obras de arte vuelve a reegancharse a una vida apasionante sobre la que guarda muchos secretos

pablo d.almoguera
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Se llama René Alphonse van den Berghe, pero para todo el mundo, y en especial para las fuerzas de seguridad, es Erik «El Belga». A sus más de 70 años, el considerado mayor ladrón de obras de arte del mundo, que desde hace tres décadas vive en Málaga, se reengancha a la vida tras superar una ceguera que le hizo pensar en el suicidio. Con un caminar más pausado, pero el brillo pícaro de siempre, nos pide que le acompañemos a su casa. Cuando vamos caminando señala a una cafetería y relata que en una de sus paredes ha hecho una reproducción del Cautivo, el «Señor de Málaga», porque el dueño del local «es buena persona» y le cuida la dieta para evitar complicaciones por su diabetes. Tiene los ojos achinados y el pelo canoso algo alborotado. Por momentos el fuerte viento le asemeja al doctor Emmett Brown de «Regreso al futuro». «Me acabo de levantar», confiesa.

En una entrevista confisea que ha vivido toda su vida por amor al arte, que «lo ha mamado desde pequeño» y que todo lo que dice es verdad. Dice que le gustaría que hicieran una película sobre su vida «al estilo americano» y con Antonio Banderas de protagonista.

«Dicen que soy el mayor ladrón de obras de arte del mundo, que he actuado en 11 países, pero nunca he sido condenado por robo. Aseguraron que cometí 600 robos en seis años, una media de cien cada uno. Es algo imposible», confiesa. Admite que es una leyenda para los demás aunque, según dice, nunca le ha gustado la fama. «No me sirve para nada», dice.

En cuanto a las obras de arte, afirma que «había muchas piezas que se estaban pudriendo y destruyendo, pero eran las reservas de las iglesias y se dio orden a los curas de venderlas. Ahora están en museos, en casas de coleccionistas, en lugares bien cuidadas».

Las obras que más le impresionan son las góticas y románicas. Y confiesa: «No he robado una talla de una iglesia en mi vida, porque sé que es el alma de un pueblo y si la cambias de sitio pierde su significado para siempre». En cuanto a los robos que le achacan también es claro: «Cuanto más me atribuyan, mejor; más crece la leyenda. Es fácil de responder a esta pregunta. Me atribuyeron 600 robos en seis años. ¿Cómo se puede hacer? No dormiría, no comería».

—¿Ha colaborado con las fuerzas de seguridad para atrapar a algún ladrón de obras de arte?

—He asesorado en alguna investigación.

—¿Por ejemplo?

—En la del robo de los cuadros de Esther Koplovitz.

—¿Circulan muchas falsificaciones?

—Es un escándalo. Me he topado tres o cuatro veces con una falsificación de Picasso que querían vender por 15 millones. Este tipo de conductas judicialmente no están debidamente perseguidas porque el vendedor siempre puede decir que creía que la obra era auténtica y no quería estafar a nadie.

—Siente una especial fascinación por Goya…

—¡Es mi pesadilla! Ceo que me he topado con 30 cuadros falsos en los últimos 25 años.

—¿España es un lugar conflictivo en este ámbito?

—Tiene muy mala fama. Si tratas de vender una obra y dices que proviene de España, los marchantes y compradores desconfían mucho.

—Sale de prisión y empieza una nueva vida…

—Me vine a Málaga y aquí sigo. Soy un tío feliz. Pinto y vendo cuadros.