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Tribunales

Las víctimas invisibles de Salhi

Arranca el juicio contra un presunto asesino en serie que acabó con la vida de tres prostitutas en la Costa del Sol

Las víctimas invisibles de Salhi Francis Silva

Pablo D. Almoguera

La sala casi vacía. Tan sólo tres personas. Ninguna reconocible como familiar. Ni una sola lágrima. Ninguna activista contra la violencia de género entre el público a pesar de que en el banquillo de los acusados de la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Málaga se sentaba ayer Salhi Abdelkader , un presunto asesino múltiple de mujeres detenido el 23 de septiembre de 2011 por supuestamente acabar con la vida de tres prostitutas en la Costa del Sol . Víctimas invisibles que ayer volvían a pasar desapercibidas entre un juicio con jurado y la enésima declaración por el «caso Edu». Con un hilo de voz casi inaudible, que contrastaba con su cuerpo «machacado» en el gimnasio, Salhi negó haber matado a Susana M.F. , de origen argentino y 45 años de edad; Brigitte S.R. , alemana de 49; y Maryuri Alice P.G. , ecuatoriana, 47 años. A penas recordaba nada —ante el hastío disimulado del fiscal y la acusación particular— de aquel mes que transcurrió entre el 11 de agosto y el 10 de septiembre de 2011 en el que se produjeron los tres crímenes en Mijas y Marbella . Aunque la exposición de una sucesión de pruebas en su contra , como el hallazgo del móvil de una de las víctimas en poder de su suegra, así como las extracciones de dinero que hizo junto a su novia —Sara Er Rezyni, también acusada— con las tarjetas de al menos dos de las fallecidas, los registros telefónicos y el descubrimiento de una toalla con sangre de la primera asesinada, fueron minando su defensa, que se centraba en repetir que fue «amenazado» y «golpeado» por los agentes que le detuvieron para que firmara la confesión.

La que fue su compañera sentimental ofreció algunas claves del carácter de Salhi Abdelkader, que ya había sido condenado a 18 años de prisión en Alemania por homicidio y robo y que se trasladó a la Costa del Sol con otra identidad cuando recuperó la libertad en 2006. Sara Er Rezyni relató que su novio era celoso de su intimidad y que «tenía miedo de contrariarlo».

La joven, que reconoció que el día de uno de los crímenes observó heridas en el cuerpo del acusado , profundizó en la raíz psicológica que podía impulsar a Salhi a matar a unas mujeres con un perfil muy concreto: meretriz de mediana edad, que ejercían en casas privadas, que anunciaban sus servicios y con las que apuñalaba con saña. «Me contó que su padre solía ir con prostitutas y que eso provocó que se divorciara de su madre. Las odiaba» , señaló la acusada.

No obstante, fuentes consultadas por este periódico señalaron que la versión correcta es que era la madre de Salhi Abdelkader la que ejercía la prostitución y que eso le marcó siendo niño.

El acusado, que durante la sesión de ayer se mostró tranquilo, hablando indistintamente en español y alemán, se enfrenta a 63 años de cárcel por los tres crímenes en un juicio que hoy quedará visto para sentencia.

Las víctimas invisibles de Salhi

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