Los pollos de flamenco esperando a ser anillados
Los pollos de flamenco esperando a ser anillados - Francis Silva
NATURALEZA

Andalucía registra a sus nuevos flamencos

Más de 500 voluntarios realizaron el tradicional censo de polluelos de estas aves en un año con más de 7.400 nuevos nacimientos

J.J. Madueño
MálagaActualizado:

Aún no despuntaba el sol en la laguna de Fuente de Piedra en Málaga cuando los más de 500 voluntarios, apoyados en sus cañas, se adentraban en las aguas para empujar a los polluelos de flamenco hacia un corral desde el que evaluarlo. El cerco de personas los iba acorralando cuando comenzó a despuntar el alba, entre el barro, la salina y el piar de las aves. Finalmente, consiguieron encerrarlos, como cada año, para ser anillados. Este año, la captura se saldó con más de 7.400 pequeños flamencos. «El triple del año pasado», recordó Carmen Crespo, consejera de Medio Ambiente, quien aseguró que esto es gracias a la protección y calidad de los recursos hídricos de la zona.

Una vez cerrados, los voluntarios, llegados desde toda Andalucía, comenzaron a coger polluelos para su evaluación. Les ponen las anillas de identificación. Una de PVC y la otra de acero con los códigos necesarios para seguirlos durante su vida. El censo se hace con el 10 por ciento de las aves capturadas esa mañana. Este año, han sido unos 600 pequeños flamencos. Se guardan en esas dos anillas desde su lugar de procedencia hasta la fecha en la que nació. Este año hay detectadas 9.000 parejas adultas en este espacio protegido de 140.000 hectáreas.

Los ornitólogos registran la envergadura, la longitud del pico, los pesaban y les comprueban el volumen del buche. «Esto último se hace para saber si están bien nutridos», explica Joaquín Domingo, ahora voluntario, pero en otro tiempo técnico del centro de conservación de Fuente de Piedra.

Uno de los voluntarios sostiene a uno de los polluelos
Uno de los voluntarios sostiene a uno de los polluelos - F.S.

«Hay que tener en cuenta que los padres de estos flamencos vuelan a Doñana y están un día allí alimentándose, de esa comida es de la que luego dan a sus polluelos, por lo que hay que vigilar que estén comiendo bien», recuerda Domingo, que ha vivido la llegada de avances al anillamiento como los drones. Ahora los polluelos se cuentan con drones y luego manualmente. En otro tiempo se hacía con una avioneta que sobrevolaba la laguna.

El proceso concluye con una extracción de sangre, antes de que el voluntario lo lleve hasta el barro para liberarlo y el animal regrese con sus padres al agua. Allí el flamenco suele levantarse y remontar hasta el agua. Los que no lo hacen se les lleva a un hospital de campaña, donde se les suele dar descanso para que recuperen fuerzas y se les evalúa por si tienen malformaciones o alguna lesión. A los que se libera el proceso es delicado. Los más veteranos explican que hay que coger las patas y poner las manos por debajo para que no las suelte de golpe. «Ten cuidado que se las puede romper», le dicen a una chica, que se agacha despacito para soltar al polluelo.

La bandada vuelve a la laguna
La bandada vuelve a la laguna - F. SIlva

Cuando se acaba el censo, llega uno de los momentos más esperados: la liberación de la bandada que queda en el corral. Con sumo cuidado y pidiendo silencio para que no se espanten, los ornitólogos abren el cerco donde están los pollos y estos salen a la vez en una vistosa evasión de las aves hasta la laguna.

Sólo cuando el último pollo se ha retirado por completo del grupo de personas, es cuando empiezan los aplausos. «En este anillamiento no sólo estás en contacto con las aves, sino también con un grupo de amigos que compartimos la misma afición», afirma Setefilla Buenavista, que es bióloga de Lora de Río y que se toma este día como una oportunidad para estar con compañeros haciendo algo que les gusta en la naturaleza.

Jornada de anillamiento que comenzó sobre las 4.30 horas de la madrugada con un desayuno en grupo antes de ir a la laguna. Sobre las 11.00 horas un largo desfile portando las cañas con las que entraron en el agua vuelve al primer punto de encuentro para acabar una de las actividades naturales más bellas de Andalucía.