Bomberos subiendo a Benjamín por las escaleras - ABC
SOLIDARIDAD

Los ángeles que ayudan a Benjamín a salir a la calle en Marbella

Los bomberos y los chicos de un gimnasio cercano cargan con el niño de siete años para bajar al colegio o salir al parque por las tardes

MarbellaActualizado:

Benjamín está en silla de ruedas. Difícilmente puede caminar por sí mismo. «Si lo agarro camina un poco arrastrando las piernas», asegura Natalia Barrionuevo, madre del niño. Era un chico sano hasta el pasado octubre, cuando enfermó. El diagnóstico fue un duro mazazo, puesto que el menor de 7 años tenía un tumor cerebral. Luchó durante meses por su vida ingresado en el hospital Materno Infantil de Málaga. Hasta que en enero de este año ganó la batalla. El cáncer se estancó y Benjamín pudo volver a casa. Sin embargo, el precio pagado era una parálisis debido a un inoportuno sangrado, que le postró en una silla de ruedas.

El niño vive con su madre y su hermana en un cuarto piso en Marbella, por lo que salir a la calle era imposible. Su madre, desesperada, llamó a todas las puertas posibles. Hasta que, hace dos semanas, encontró a un grupo de «ángeles» que le ayudan a llevar una vida, más o menos, normal. Benjamín quería volver al colegio. En el logopeda y en la rehabilitación le decían que debía normalizar su vida y Natalia buscó soluciones. Es cuando encontró a AVOI, una entidad de Marbella que trata a personas con cáncer, y que no paró hasta que vio a Benjamín bajar las escaleras y salir del portal para ir al colegio.

AVOI no podía hacer nada para lograr que el niño saliera a la calle, pero se movió hasta dar con un grupo de bomberos de Marbella que son las piernas del menor para subir y bajar a casa. Cada mañana, una pareja de bomberos agarra la silla de Benjamín y la baja por las escaleras hasta la calle, para que el niño pueda ir a clase con normalidad. Cuando acaba el colegio, vuelven a recogerlo y lo suben a su domicilio.

Natalia: «Dejan sus trabajos para bajar a mi hijo y que sea feliz»

Pero la aportación no queda ahí, porque uno de estos bomberos contó la situación en un gimnasio donde entrenaba y que está a pocos metros de la casa del niño. Los dueños del local, Miguel y Daniel, se ofrecieron a subir y bajar a Benjamín cuando hiciera falta. «Dejan sus trabajos para bajar a mi hijo y que sea feliz», remarca Natalia, que dice que, por las tardes, son los chicos del gimnasio los que agarran la silla y sacan al menor a la calle para que vaya al parque o a pasear a su perrita.

El tumor está estabilizado y Benjamín se recupera lentamente, pero por lo menos ya se vuelve a sentir un niño feliz. «Cuando viene del colegio me cuenta lo que ha hecho con los amigos, lo que ha pasado en el patio o cómo le ha ido», explica la madre, que asegura que, gracias a estas personas que le ayudan salvar los cuatro pisos, Benjamín ha recuperado la sonrisa.

Ahora ya solo falta que pueda cobrar las cuatro ayudas sociales que le tramitó el Ayuntamiento de Marbella cuando supo de su situación para que deje de vivir de la caridad de sus familiares, pero esto aún no han llegado.