Los bomberos de Marbella pagan los gastos fúnebres de un niño enfermo de cáncer
Los bomberos de Marbella pagan los gastos fúnebres de un niño enfermo de cáncer - ABC
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Los bomberos de Marbella pagan los gastos fúnebres de un niño enfermo de cáncer

Durante meses le ayudaron a ir al colegio cargando con su silla de ruedas para bajarlo por la mañana y subirlo al regresar

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Benjamín falleció el pasado viernes. «Mami», fue la última palabra de este niño de siete años de Marbella, que se ha convertido en un símbolo de unidad para los suyos en la lucha contra el cáncer y que estará para siempre en el corazón de los bomberos de Marbella. Un cuerpo que se ha desvivido por este chico hasta el último momento. Hasta que agarrado a la mano de su madre se marchó para siempre, después de luchar contra un tumor cerebral que le dejó en una silla de ruedas. «Se lo ha llevado una parada cardiorrespiratoria», asegura Carolina Barrionuevo, tía del pequeño.

Cuando murió, Benjamín no tenía seguro para su funeral. No había póliza para cubrir los gastos, pero tampoco liquidez en casa para hacerlo. El pequeño iba a ser entregado a su madre, sin que esta pudiera pagar la factura que suponía enterrarlo. Entonces, volvieron a aparecer sus ángeles. Los bomberos de Marbella tenían un dinero recaudado para propiciar un cambio de domicilio del niño, que le permitiera hacer una vida con mayor calidad. Esos 6.000 euros han sido los que han pagado todos los gastos fúnebres del pequeño, que este lunes será entregado a su madre para que lo despida.

Es la última deferencia de sus altruistas protectores. Esos mismos que, cuando Benjamín estaba encerrado en casa sin poder salir, fueron sus piernas para poder ir al colegio. «Tenía muy buenas notas, hasta había sido seleccionado para competir en un campeonato de matemáticas», recuerda su tía. Durante meses, fueron los bomberos los que iban por la mañana a su casa para bajarlo desde el cuarto piso sin ascensor donde vivía. Así podía asistir a las clases. Luego le recogían y le ayudaban a subir los cuatro pisos para volver a su domicilio con su madre y su hermana.

Esos momentos están llenos de vivencias, chascarrillos, risas y colaboración con la familia. «Era un niño especial. Tenemos muy buenos momentos juntos, porque era muy bromista», le recuerda Bellido, uno de los bomberos que le ha acompañado en estos meses. Fueron los propios bomberos los que le acondicionaron parte del piso, para que pudiera vivir con más comodidad o los que estaban afanados en una campaña para buscar una vivienda en la que Benjamín no necesitara de su ayuda.

Un símbolo

El tumor cerebral se había estabilizado. Estancado, Benjamín recibió el alta médica y trataba de recuperase, aunque lentamente, con sesiones de logopeda y de rehabilitación. Quería volver a disfrutar de su gran pasión, que era el fútbol. Con las ayudas sociales tramitadas esperando al visto bueno de la burocracia, los bomberos y los chicos de un gimnasio cercano se convirtieron en el único apoyo de esta familia. Eran sus brazos y sus piernas, aportaban cuanto podían para que Benjamín pudiera salir adelante.

Sin embargo, el cáncer regresó, siguió avanzando y se lo llevó. Ahora se ha convertido para todos en un símbolo de superación y alegría de vivir. Hasta el punto que sus amigos se reunirán en Fuengirola el próximo sábado para recordarlo en un acto benéfico contra el cáncer.