Jesús Gil, junto a Julián Muñoz, en un congreso de su partido en 2002
Jesús Gil, junto a Julián Muñoz, en un congreso de su partido en 2002 - ABC

El catastrófico legado de Jesús Gil en Marbella cumple 25 años

La ciudad de la Costa del Sol sigue pagando muchos de los desmanes de quien fuera su alcalde durante once años

MARBELLAActualizado:

La llegada de Jesús Gil a Marbella fue triunfal hace 25 años. «El gobierno municipal se encontraba en decadencia, débil y convulso. El PSOE gobernaba en minoría y todo estaba estancado». Así resume el propicio escenario Silvestre Puerta, concejal del PSOE en la localidad de la Costa del Sol desde 1983 a 1995 y de 2003 a 2006. En la debacle apareció un salvador. Un empresario que promulgaba que «ya era rico», razón por la que no necesitaba robar. «Si tengo 300 millones los reparto entre la gente», explicaba Jesús Gil en un video electoral grabado en un jacuzzi y rodeado de bellezas.

Llegó y compró el Cristo del Amor, uno de los más seguidos en la ciudad. Luego aprovechó las televisiones nacionales y ser dueño del Atlético de Madrid para sacar lustro a su imagen. «Mientras nosotros íbamos a las televisiones locales a denunciar su gestión, él salía con Jesús Hermida dándose gloria», recuerda Félix Romero, ligado a la política municipal desde 1999, primero como asesor del PP y luego como concejal. Gil y Gil asestó el golpe definitivo el 26 de mayo de 1991. Tras el recuento electoral se proclamó alcalde con más del 65 por ciento de los votos —19 concejales de 25 posibles—.

El exalcalde marbellí Jesús Gil
El exalcalde marbellí Jesús Gil- ABC

El «gilismo» parecía imparable. El Consistorio era un lugar donde apenas celebrar los plenos y todas las decisiones se trasladaron al Club Financiero, junto a Villa Ángeles, la casa del alcalde y desde donde José Luis Sierra y José Antonio Roca ejecutaban la tropelía del día ideada por Jesús Gil. El regidor sumaba apoyos sin parar. La masa social fija era de 20.000 votantes —sobre el 25 por ciento del censo— y tarareaban «The Final Countdown» como himno. Promulgaba que quería «vender sus pisos».

Nada importaba. En 1999 llegó a la cima. El Grupo Independiente y Liberal (GIL) obtuvo casi 88.000 votos. Fue la formación más votada en Marbella y La Línea de la Concepción. También se hizo con las alcaldías de Barbate, San Roque, Chipiona, Ronda, Casares y Manilva. Jesús Gil Marín, se alzó como alcalde de Estepona. Incluso ganó en Ceuta y Melilla. «Jesús Gil era muy popular. En Navidad repartía miles de jamones en el palacio de ferias y congresos», recuerda Puerta. «Era terrible. Nada de lo que dijeras llegaba. Nos echaron de una asociación de vecinos a paraguazos», afirma Félix Romero, quien añade que todo era «un teatro de sombras asentado en la habilidad para comprar a la gente o destruirlos».

Amenazas y menosprecios

«En una de las escuchas de la policía hablaban de quitarme de enmedio», asegura Ángeles Muñoz, que fue concejal del PP en la oposición al GIL y la primera alcaldesa electa tras Malaya. «Siempre nos menospreciaba por haber conseguido el acta de edil y a los plenos iba con guardaespaldas», asegura Puerta. La Justicia iba demasiado lenta para el ritmo de saqueo que estaba viviendo Marbella. «Era desesperante. La ciudad era criminalizada. En Madrid se pensaban que Jesús Gil había inventado el sol», recuerda Romero, quien asegura que todo era evidente. Si el Atlético fichaba a Simeone al año siguiente la publicidad de Marbella lucía en las camisetas del Sevilla. «La gente lo creyó por desesperación, después le interesó creer y luego vio que era una barbaridad», sentencia Romero.

El dinero fluía por Marbella. Jesús Gil prometía una isla artificial o traer un portaviones de Argentina para hacer un centro de ocio. «La ciudad paga aún proyectos como el tren lanzadera o el desdoble de la carretera de Ronda, que nunca se llevaron a cabo», asevera Ángeles Muñoz, alcaldesa de Marbella desde 2007 a 2015. Era el tiempo de los macro proyectos del «gilismo». Desde el Club Financiero se ideó el paseo marítimo, por el que todavía siguen los pleitos con costas. «Cada vez que el temporal destruye algo no se puede actuar porque la legislación de costas lo impide», recuerda José Bernal, alcalde de Marbella desde 2015.

«Nunca hubo mantenimiento de nada», remarca Ángeles Muñoz, cuyo gobierno tuvo que apuntalar y restaurar el Arco que instaló Jesús Gil a la entrada de Marbella porque se estaba cayendo. Cada proyecto es ahora un problema. La sequía de los 90 alumbró la planta desaladora de la Costa del Sol. «Marbella sigue pagando la obra, la regulación y las comisiones que se llevaron. Es la causa de que la ciudad tenga una de las tasas de agua más caras del Mediterráneo», lamenta José Bernal.

Planeamiento urbano

La mayor ambición de Gil y Gil fue el desarrollo urbanístico. Se inventó un planeamiento que nada tenía que ver con el vigente. Construyó y recalificó convocando plenos de madrugada. Generó un modelo de ciudad en la que el ladrillo era el amo y señor. Los juzgados tumbaban decisiones del Consistorio y la ilegalidad se adueñó del suelo de Marbella. En 2010 se intentó arreglar todo, pero en 2016 el Supremo tumbó aquel PGOU y Marbella ha vuelto a 1986. Hay 16.500 viviendas ilegales y sus ocupantes, que nada tienen que ver con Jesús Gil, se encuentran desamparados. «Marbella sufre, por culpa de la política urbanística de Jesús Gil, un problema de falta de infraestructuras sanitarias y educativas. Construyó pisos donde iban instalaciones sociales, colegios, centros médicos o deportivos», remarca Bernal.

El Ayuntamiento ha destinado este año ocho millones de euros a renovar saneamientos. «Las tuberías están preparadas para la ciudad de 1986 y no para la actual, cada vez que hay lluvias saltan las arquetas y hay inundaciones», asegura Bernal, cuyo gobierno terminará de pagar el plan de ajuste este año. «Nunca pagó la Seguridad Social. Nos encontramos 270 millones de deuda», asegura Ángeles Muñoz, que como José Bernal, lamentan que Marbella esté endeudada con el Gobierno Central para los próximos cuarenta años y con la Junta para los próximos diez con posibilidad de otros diez. «Ahora nadie recuerda haberle votado», concluye Félix Romero 25 años después.