Visitante frente a la segunda versión del tríptico de Francis Bacon de 1988
Visitante frente a la segunda versión del tríptico de Francis Bacon de 1988 - F. SILVA
ARTE

El individualismo artístico toma el Museo Picasso

Diez autores de la Escuela de Londres, tras la II Guerra Mundial, muestran su visión particular del mundo y el ser humano en el centro malagueño

MÁLAGAActualizado:

No se acogieron a ninguna corriente, sólo las relaciones personales que surgían entre ellos y entre lo que inspiraba su obra. Tras la II Guerra Mundial, un grupo de autores decidieron plasmar su propia visión del mundo a través de la pintura, y sólo a través de sus cuadros y cada uno con su forma particular. Desgranaron la figura del ser humano y abrieron su alma narrando su propio paisaje cotidiano. La condición humana es el eje central de la nueva exposición inaugurada en la mañana de este martes en el Museo Picasso de Málaga. «Bacon, Freud y la Escuela de Londres» en una disección de la sociedad a través de la mirada de estos artistas, que bebieron de los grandes maestros, pero que se resistieron a ser parte de una sociedad artística que los defenestró y empobreció, hasta que la calidad de sus obras los hizo emerger sobre el resto. «Eran populares y pobres», ha reseñado Elena Crippa, comisaria de la exposición.

Unidos por la ciudad de Londres y por 80 años de historia entorno a los lienzos. La docencia y la amistad fueron la médula de una escuela, donde las líneas guías de pensamiento no eran otras que crear sin asociarse a una corriente que no fuesen las creencias y visiones de uno mismo. «Hay un afán de centrarse en la figura humana», ha concretado Crippa, como punto común de este grupo de autores, que encabezados por la soledad de Francis Bacon y los turbadores desnudos de Lucien Freud, cuenta con el existencialismo de Michel Andrews, la pintura tridimensional de Frank Auerbach, las emociones de David Bomberg, la rigurosidad de William Coldstream, la multiplicidad de Ronald B. Kitaj, la visceralidad de Leon Kossoff, la subversión de Paula Rego y la proporción de Euan Uglow.

«Un grupo de artista que se asientan en Londres y que son una muestra de la deuda que tiene la sociedad británica con los inmigrantes», ha sentenciado Judith Nesbitt, directora de Programas Nacionales e Internacionales de la Tate Modern de Londres, que estuvo en la presentación de esta primera exposición entre el Museo Picasso y la institución británica. Y que anunció que seguirá fomentando la colaboración con otras entidades europeas, a pesar del Brexit. Algunos llegaron a Inglaterra huyendo de las miserias humanas y otros nacieron en el seno de familias exiliadas por el conflicto. Una experiencia que se muestra en las obras expuestas en cinco secciones diferenciadas.

La visita comienza con una mirada al realismo. El dibujo toma fuerza en las pinturas de William Coldstream. «Desnudo sentado» de 1952 en el mejor ejemplo de un dibujo natural. También David Bomberg que con una escena de guerra se acerca a la realidad, pero alejándose en sus cuadros de las figuras geométricas y de cualquier corriente donde se le pueda encuadrar. Lo mismo que Francis Bacon, que toma la inspiración de Picasso para dedicar su vida a la expresión artística, pero que no sigue el camino cubista del genio malagueño, como se muestra en «Figura de un paisaje» de 1945.

En la segunda parte aparecen los retratos, donde las cabezas de Frank Auerbach (1959-1960) y León Kossoff (1926) son un repaso minucioso y detallado a la creación de una figura humana desconocida. «No pintaban por encargo. Retrataban a gente de su vida cotidiana», ha señalado Crippa, quien ha reflexionado sobre el trabajo minucioso para componer la figura del retrato. Una sala donde los cuadros de Frank Auerbach toman volumen y experimentan la tridimensionalidad, como en E.O.W. desnuda de 1951. Es el lugar del museo donde el existencialismo de Lucien Freud se hace patente en el retrato de su mujer agarrando un gatito por el cuello.

El lienzo se hace carne en la tercera sección de la exposición. Los desnudos de Euan Uglow y Coldstream muestran la vitalidad, que toma máxima expresión en Leigh Bowery de Lucien Freud de 1991. Del realismo de Freud, donde desnuda al ser humano, a la angustia y la violencia del tríptico de Francis Bacon. En Málaga está la segunda versión de 1988, donde se contempla la influencia de Picasso sobre el autor en la deformación de la figura humana, que ya se contemplaba en el primer tríptico del británico en 1944.

El cuerpo cuenta sentimientos y las escenas cotidianas hacen narraciones, como en el cuarto capítulo de la exposición, donde resalta a la boda de Ronald B. Kitaj. Es el ejemplo de las relaciones entre autores de esta escuela. En el cuadro se pueden ver a algunos de sus contemporáneos como Freud, Auerbach o Kossoff. Escenas de la vida cotidiana, que también retrata Paula Rego en 1999. «Mezcla la influencia de los grandes maestros de la historia del arte, como Velázquez, con sus relaciones familiares», ha reseñado la comisaria de la exposición, que quiso destacar el tríptico de Bacon de 1972 donde retrata la muerte con su amante, los recuerdos de aquel amor y la angustia por la pérdida. En esta sección el amor y el miedo se mezclan en «Melenie y yo nadando» de Michel Andrews.

Por último, la muestra presenta la visión de los autores de un Londres cotidiano, alejado de los grandes iconos arquitectónicos y centrado en aquellos sitios que forman parte de su vida. Kossoff dibuja «Una mañana de octubre» a través de la venta de su estudio en 1971 o los «Puestos de flores y frutas junto al embarcadero» en 1995. Lugares que emergen siendo sólo símbolo de la experiencia de los autores, como «Edificio en construcción en Oxford Street» de 1959-1960. También sirven para reflejar el paso del tiempo y los cambios. Es lo que hace Lucien Freud con «Dos plantas» en 1980, donde refleja la mudanza a su nuevo estudio a través de la vida de la vegetación. Tardó tres años en pintarlo, parándose en cada detalle. «La acumulación de detalles es lo que hace que la obra sea personal», ha apuntado Elena Crippa.

«Diez individuos difíciles de encuadrar en cualquier momento. Todos con Londres como destino de los que huyen de las masacres y reaccionando al academicismo», ha explicado José Lebrero, director artístico del Museo Picasso, que ve en la relación con la Tate Modern una forma de internacionalizar el museo, sobre todo a través de la figura de Bernard Ruiz-Picasso. El nieto del pintor cubista ha sido el principal apoyo sobre el que se está construyendo una exposición en Inglaterra sobre el Picasso de 1932. «Dentro de la colaboración entre ambas instituciones habrá obras que vayan a Londres y obras que vengan a Málaga», ha concluido Lebrero.