Jose Rosello, padre de Julen, en el tanatorio de la barrida de El Palo este sábado - AFP

Autopsia JulenJulen murió de un golpe en la cabeza el día que cayó al pozo de Totalán

La Guardia Civil trata de averiguar si fue un desprendimiento durante la caída «libre» de 71 metros lo que enterró al niño

J. J. Madueño
TotalánActualizado:

Julen no sufrió una lenta agonía enterrado en la roca de Totalán. El niño murió el mismo día que se cayó por ese angosto agujero de 25 centímetros de ancho por 71 metros de profundidad. Lo hizo de un golpe en la cabeza, como se desprende de los datos preliminares de la autopsia realizada este sábado en el Instituto Médico Legal de Málaga al cuerpo sin vida del menor de solo dos años. Los estudios se han realizado después de 12 días y 11 horas intensas de rescate el Dolmen del Cerro de la Corona de esta localidad malagueña.

La autopsia realizada en la mañana de este sábado por cinco médicos forense constataría la muerte por un fuerte golpe. A falta de las pruebas complementarias, el cuerpo del niño presenta «múltiples traumatismos», que podrían haberse causado en la caída libre en el pozo de Totalán. El informe preliminar de la autopsia también desvelaría que, a consecuencia de los continuos golpes contra las paredes del túnel, a medida que iba cayendo y de los restos que podría haber ido arrastrando al descender, el niño habría sufrido un «traumatismo craneoencefálico severo».

Velas en homenaje al pequeño Julen
Velas en homenaje al pequeño Julen - Reuters

Las mismas fuentes confirman que el cuerpo del niño apareció con los brazos hacia arriba, «como acto reflejo al caer». El estudio del cuerpo, antes de ser entregado a sus padres para que puedan llorarlo en familia, explica que el niño tiene «erosiones», que podrían ser compatibles con los roces de la caída por el pozo.

La versión de los padres, ofrecida ante la Guardia Civil en la apertura de las diligencias, explica que Julen estaba jugando con su prima de tres años cerca del pozo. En un momento dado, el niño se quedó encajado en estrecha boca del agujero. El padre del menor, al ver que el niño se caía por el pozo, se lanzó para intentar agarrarlo. La familia siempre ha explicado que, en un acto reflejo, Julen habría levantado los brazos para tratar de agarrarse a su padre. Al elevarlos, el niño fue succionado por el pozo.

Fue en caída libre y golpeándose con las paredes irregulares del estrecho conducto, ya que no estaba entubado, puesto que no se había encontrado agua y estaba abandonado. Solo había sido sellado con una piedra. Ayer los bomberos pusieron una plancha de 600 kilos para tapar la boca del pozo por orden de la juez titular que lleva el caso. Paró a los 71 metros de profundidad, pero sobre su cabeza cayó casi un metro de sedimentos. La investigación abierta en el Juzgado de Instrucción 9 de Málaga, a raíz de la desaparición del menor, también trata de saber qué procedencia tiene ese bloque compacto que Julen tenía encima y que durante doce días impidió saber con certeza que estaba ahí.

Los mineros de la Brigada Minera de Asturias, tras el rescate
Los mineros de la Brigada Minera de Asturias, tras el rescate - AFP

Sujeto a pesquisas está también la razón por la que el pozo no tiene la profundidad que declaró su constructor, Antonio Sánchez, que dijo que el sondeo tenía unos 110 metros de profundidad, pero tras efectuarse el rescate se ha podido observar que el pozo tiene 40 metros menos de fondo. Julen estaba de pie y con los brazos en alto cuando fue hallado por los dos miembros de la Brigada de Salvamento Minero de Asturias y el agente de la Unidad de Montaña de la Guardia Civil, que entraron en el último turno de excavación. A las 1.25 horas de la madrugada del sábado el niño fue encontrado tras un intenso operativo.

Ha sido un rescate complicado, donde la montaña se resistía a liberar el pequeño cuerpo sin vida de Julen. Hasta el momento de llegar al punto donde estaba el niño no se tuvo constancia visual de que estaba allí. Sí se sabía por varias pruebas que atestiguaban que Julen estaba allí dentro, en medio de la oscuridad más absoluta, sin agua, ni comida y con la esperanza de que, por un milagro, estuviera con vida.

Dibujo de un minero rescatando a Julen
Dibujo de un minero rescatando a Julen - AFP

Primero apareció en el pozo una bolsa de gusanitos que el niño tenía antes de precipitarse por el sondeo, luego un vaso con el que había estado jugando con la tierra y, por último, restos genéticos aparecidos en una de las primeras succiones de arena que se hicieron en el pozo para tratar de llegar a Julen. La muestra se recogió el domingo 13 de enero, pero la certeza de que era del niño al compararla con ADN familiar y con el de un biberón del menor, llegó 48 horas después.

Mientras tanto, el operativo trataba de llegar hasta Julen. Primero succionando el tapón de tierra y piedras, que no dio sus frutos por los lentos avances de los trabajos para eliminar la capa que cubría al niño. Luego se planteó hacer un túnel desde el otro lado de la montaña, pero los desprendimientos lo hicieron imposible. El equipo técnico, encabezado por el ingeniero Ángel García Vidal, ideó una solución imposible para un rescate sin precedente. Iban a hacer un pozo de rescate paralelo al sondeo de Julen, para que la Brigada de Salvamento Minero pudiera llegar hasta el pequeño con una galería de cuatro metros. Se llegaron a mover 85.000 toneladas de tierra para adecuar el terreno.

Se demoró el túnel más 55 horas por culpa de la «dureza extrema» del suelo, hasta que el jueves de madrugada se acabó. El viernes los mineros comenzaron a cavar por la tarde, necesitaron cuatro microvoladuras en la roca de pizarra y cuarcita para poder quebrar la voluntad de la piedra. Cavaron sin descanso durante 32 horas, en ocasiones en turnos de dos horas a más de 70 metros bajo tierra. Lo hicieron hasta que, cuando el sábado comenzaba a descontar las horas, hallaron al niño enterrado en el corazón de una montaña que siempre se resistió a soltarlo.